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Monstruos literarios: espejos de la crisis social en Hispanoamérica

La figura de los vampiros, zombis y otros seres terroríficos en la narrativa hispanoamericana actual va mucho más allá del simple susto. Un reciente análisis desarrollado por la investigadora Carmen Rodríguez Campo, perteneciente a la Universidad de León en España, profundiza en el vínculo simbólico que estos entes mantienen con la compleja realidad sociopolítica del presente.

Según la investigación difundida a través de la revista Letral, estas criaturas no deben ser vistas únicamente como protagonistas de relatos de horror. Por el contrario, la autora las interpreta como potentes herramientas políticas y sociales que sirven para ilustrar diversos procesos contemporáneos de control, exclusión y movimientos de resistencia.

La tesis central del estudio parte de que las colectividades humanas fabrican sus propios «monstruos» con el fin de establecer límites claros entre aquello que se acepta como normal y lo que es relegado a la marginalidad. Al respecto, Rodríguez Campo sostiene la siguiente visión:

“La monstruosidad no es solo una rareza física o una deformidad, sino una categoría cultural que señala al diferente, al desplazado y al que desafía el orden establecido”

Bela Lugosi como Drácula en el clásico de 1931 de Tod Browning

En su análisis, la experta establece una distinción fundamental entre dos frentes: los grupos dominantes, que ostentan la autoridad y dictan las normas de convivencia, y los grupos periféricos, vinculados a la vulnerabilidad y la exclusión. En el centro de esta dinámica se encuentra el fenómeno de la otrificación, definido como el proceso de construcción del “otro” bajo una mirada que lo percibe como una amenaza, un ser inferior o un elemento extraño al sistema.

Bajo esta perspectiva, la utilidad de los monstruos radica en su capacidad para visibilizar tensiones profundas, tales como las desigualdades económicas o las exclusiones basadas en etnia, género y clase social. Su papel simbólico permite poner en tela de juicio la supuesta uniformidad de las sociedades, exponiendo los mecanismos que mantienen las estructuras de jerarquía y los sistemas de control.

Entre la explotación y la insurgencia: Vampiros y zombis

El trabajo de Rodríguez Campo pone el foco en dos obras breves del ámbito hispano que reinterpretan a los seres más icónicos de lo que denomina como monstruología capitalista. En primera instancia, analiza el relato Las memorias de Drácula, escrito por el peruano Rodolfo Hinostroza. En esta historia, los vampiros abandonan su rol de cazadores letales para ser representados como esclavos dentro del engranaje capitalista.

Estas criaturas son parte de un montaje circense titulado Nosferatu All Stars, el cual es administrado por una autoridad que utiliza su naturaleza y habilidades meramente como un activo financiero. El peruano Rodolfo Hinostroza, autor de “Las memorias de Drácula” (Foto: Planeta) Para la investigadora, esta obra refleja la monstruosidad hegemónica, aquella que es orquestada desde las cúpulas del poder o el Estado para mercantilizar la diferencia y obtener un beneficio económico de ella.

De esta manera, el vampiro, tradicionalmente asociado al consumo voraz, se convierte aquí en una metáfora del trabajador moderno alienado. Por otro lado, el estudio aborda La otra noche de Tlatelolco, del autor mexicano Bernardo Esquinca. En esta narración, los zombis no aparecen como una horda sin voluntad, sino como figuras activas de lucha social.

Las personas que perdieron la vida en la matanza de Tlatelolco de 1968 retornan como muertos vivientes para confrontar al Gobierno y al ejército de México. Para la experta, esta es una muestra de monstruosidad contrahegemónica: una sublevación de aquellos cuerpos que fueron marginados y que, aun después de la muerte, persisten en su reclamo.

El mexicano Bernardo Esquinca, autor de

El zombi, aunque carece de humanidad o recuerdos individuales en el sentido tradicional, se transmuta en una fuerza de carácter colectivo que tiene como fin denunciar la violencia estatal y preservar la memoria histórica.

La vigencia de las tecnologías de la monstruosidad

El artículo incide en la idea de que las sociedades desarrollan lo que se denomina tecnologías de la monstruosidad. Estos son dispositivos culturales usados para separar el concepto del «yo» frente al «otro», pudiendo manifestarse tanto a través de la represión de las instituciones como mediante la insurrección de los ciudadanos.

Los monstruos, enfatiza la académica,

“ponen en evidencia las contradicciones del mundo moderno”

y actúan como puentes para replantear la estructura del poder, las identidades de grupo y los límites de la sociedad. Su presencia constante en la cultura es un recordatorio de que tanto la alternativa como la amenaza a lo establecido están siempre presentes.

Finalmente, Rodríguez Campo concluye que los vampiros y zombis mantienen su relevancia debido a que conectan directamente con los temores actuales: la explotación en el trabajo, el consumo excesivo, las crisis de identidad y la violencia de las instituciones. Más que simples fantasías, estos seres funcionan como un espejo de las tensiones sociales que atraviesa la humanidad.

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