Un análisis exhaustivo titulado
“El estado de la educación en América Latina y el Caribe 2026: la perspectiva geoespacial”
, desarrollado por las especialistas Elena Arias Ortiz, Cecilia Giambruno y Sofía Karsaclian, ha revelado la compleja situación que atraviesa el sistema educativo regional. El informe, emitido en enero de 2026 por la división de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), resalta que la región posee un modelo que
“avanza, pero que tropieza con desigualdades profundas”
, lo cual condiciona el desarrollo actual y venidero.
Uno de los hallazgos más contundentes del documento señala que el 50% de los adultos con edades comprendidas entre los 25 y 64 años no ha logrado terminar la educación secundaria alta. Este nivel es considerado el estándar mínimo necesario para integrarse en las dinámicas de las economías modernas.
La brecha en la inversión pública
En el contexto de las crecientes demandas del mercado de trabajo, el reporte indica que la región destina, en promedio, un 4,3% del PIB a la educación. Esta cifra es ligeramente más baja que el promedio de la OCDE, que se ubica en un 4,8%. No obstante, existe una notable disparidad interna: países como Bolivia, Costa Rica y Jamaica cumplen o superan las metas internacionales, mientras que naciones como Haití, Surinam y Trinidad y Tobago presentan niveles de inversión muy inferiores a los requeridos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Diferencias geográficas determinantes
El estudio del BID subraya que el lugar de residencia es un factor crítico para el acceso a la formación. En las áreas rurales, el 26,9% de la población adulta no ha completado la educación primaria, una estadística que en las zonas urbanas se reduce a menos de la mitad, situándose en un 9,9%. En cuanto a la secundaria, solo uno de cada cuatro adultos de zonas rurales ha finalizado este ciclo, frente a más del 50% en las ciudades.
Estas desigualdades territoriales son particularmente visibles en países como Ecuador, Guatemala y Perú, donde los menores del sector rural enfrentan barreras significativas para acceder a la educación básica. En estos tres estados, el 10% de los alumnos rurales presenta sobreedad, en contraste con el 7,5% registrado en el ámbito urbano. Por su parte, Guatemala, Colombia y Brasil muestran diferencias superiores a los 8 puntos porcentuales entre ambas áreas. Guatemala destaca negativamente como el país con la mayor brecha de acceso a primaria, alcanzando un 11,4% de diferencia entre el campo y la ciudad.
Crisis en la educación secundaria
Al escalar a la enseñanza secundaria, la inequidad se acentúa. El reporte puntualiza que
“la asistencia neta de los adolescentes rurales es menor que la de sus pares urbanos, en algunos casos por más de 20 puntos porcentuales”
. Por citar ejemplos, en Honduras y Guatemala menos del 55% de la población joven asiste a este nivel formativo, mientras que en Paraguay y Bolivia los registros son del 61% y 69%, respectivamente.
Respecto a los resultados académicos generales basados en PISA 2022, más del 50% de los alumnos regionales no logra las competencias mínimas: un 55% falla en lectura, un 75% en matemáticas y un 57% en ciencias. En comparación con los países de la OCDE, estos porcentajes se duplican o triplican en la región.
La situación es todavía más alarmante en los sectores rurales, donde el 75% de los estudiantes no alcanza los niveles mínimos en ciencias y lectura, y prácticamente el 90% carece de competencias básicas en matemáticas. La distancia geoespacial regional se traduce en brechas de 23 puntos en lectura, 15 en matemáticas y 21 en ciencias, cifras muy alejadas de los 8 a 10 puntos de diferencia que se observan en las naciones desarrolladas.
Formación superior y futuro
Las proyecciones regionales del BID indican que el 25% de los jóvenes entre 18 y 24 años no ha terminado la secundaria y tampoco estudia actualmente. En el entorno rural, esta estadística sube a casi el 40%. En cuanto a la educación universitaria o técnica, el promedio regional apenas supera los 3 de cada 10 jóvenes. Se destaca el caso de Bolivia, con una brecha urbano-rural superior a los 30 puntos, y el de Honduras, Surinam y Guatemala, donde menos del 10% de la juventud completa estudios terciarios.
El territorio como factor condicionante
A través del empleo de Sistemas de Información Geográfica (SIG), el informe concluye que el territorio no es solo un contexto, sino un elemento que determina los resultados educativos. El documento final afirma que
“los mayores desafíos educativos de América Latina y el Caribe no se ubican solamente en alcanzar la cobertura, sino en garantizar trayectorias completas y equitativas de aprendizaje”
.
Se enfatiza que estas disparidades
“reflejan condiciones estructurales que limitan el derecho a aprender y que se acumulan a lo largo de toda la trayectoria educativa.”
Finalmente, se subraya la urgencia de integrar las políticas educativas con agendas de infraestructura, pobreza y superación de la brecha digital, reconociendo al territorio como un factor que condiciona el aprendizaje de manera integral.
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