Superar un diagnóstico de cáncer es un desafío monumental; sin embargo, mantener una alimentación basada en productos altamente procesados podría comprometer la longevidad de quienes han vencido la enfermedad. De acuerdo con una investigación publicada el 4 de febrero de 2026 en la revista científica Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention, la dieta posterior al tratamiento juega un papel determinante en la supervivencia.
El estudio arrojó cifras preocupantes: los supervivientes de cáncer cuyas dietas son ricas en alimentos ultraprocesados presentan una tasa de mortalidad por cáncer un 59% mayor. Asimismo, el análisis determinó que estos pacientes tienen un 48% más de probabilidades de morir por cualquier causa durante un periodo de seguimiento de 15 años, si se comparan con aquellos individuos que registran el menor consumo de este tipo de comestibles.
El peligro oculto en el procesamiento
La doctora Marialaura Bonaccio, investigadora en epidemiología y prevención del IRCCS Neuromed en Possilli, Italia, y líder del estudio, señaló que la calidad de lo que se consume tras el diagnóstico es vital. Según la experta, la mayoría de los estudios previos se enfocaban en nutrientes aislados, sin considerar el impacto del grado de procesamiento industrial.
«Las sustancias implicadas en el procesamiento industrial de los alimentos pueden interferir con los procesos metabólicos, alterar la microbiota intestinal y promover la inflamación», explicó Bonaccio.
La especialista añadió que incluso si un producto ultraprocesado muestra un perfil calórico o nutricional aceptable en su etiquetado, sus efectos pueden ser mucho más nocivos para el organismo que los de un alimento natural o con procesamiento mínimo.
¿Qué define a un alimento ultraprocesado?
Estos productos se fabrican principalmente a partir de derivados de alimentos integrales, tales como almidones, grasas saturadas y azúcares añadidos. Su formulación suele incluir múltiples aditivos químicos destinados a mejorar su sabor, apariencia y estabilidad en las estanterías de los supermercados. Entre los ejemplos más comunes se encuentran:
- Productos de panadería envasados y bollería industrial.
- Cereales azucarados para el desayuno.
- Comidas listas para consumir o que solo requieren calentarse.
- Embutidos y productos de charcutería procesada.
Resultados y mecanismos biológicos
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores realizaron un seguimiento a más de 800 supervivientes italianos de cáncer entre marzo de 2005 y diciembre de 2022. La mediana de seguimiento fue de 14,6 años, periodo en el cual los participantes reportaron detalladamente sus hábitos alimenticios diarios.
Los datos permitieron identificar que la relación entre los ultraprocesados y el aumento de la mortalidad se explica, en un 37%, por el incremento de la inflamación sistémica y una frecuencia cardíaca elevada en reposo. Bonaccio subrayó que estos hallazgos ayudan a esclarecer cómo el proceso industrial en sí mismo deteriora la salud de quienes han superado un proceso oncológico.
Recomendaciones para una vida saludable
Los científicos insisten en que sustituir estos productos por alimentos integrales y naturales es una estrategia clave para proteger la salud. La doctora Bonaccio enfatizó que el enfoque debe ser global.
«El mensaje principal para el público es que el consumo global de alimentos ultraprocesados importa mucho más que cualquier producto individual», afirmó. «Centrarse en la dieta en su conjunto, reducir los alimentos ultraprocesados en general, y orientar el consumo hacia alimentos frescos, poco procesados y caseros es el enfoque más significativo y beneficioso para la salud».
Como consejo práctico para los consumidores, la investigadora sugirió una regla simple: revisar cuidadosamente las etiquetas. Aquellos alimentos que contengan más de cinco ingredientes o presenten al menos un aditivo alimentario tienen una alta probabilidad de ser considerados ultraprocesados.
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