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Relojes circadianos: clave en el desarrollo y tratamiento del cáncer

Los ciclos biológicos que gestionan la fisiología humana en periodos de aproximadamente 24 horas, denominados ritmos circadianos, se han consolidado como factores determinantes en la evolución de las patologías oncológicas y en la forma en que los pacientes responden a las terapias.

De acuerdo con una reciente investigación científica difundida por el destacado cardiólogo Eric Topol y que ha visto la luz en The Journal Clinical Investigation, los expertos afirman lo siguiente:

“Los relojes circadianos rigen los ritmos diarios en los procesos celulares y fisiológicos, como el ciclo celular, la reparación del ADN, el metabolismo y la función inmunitaria, que influyen en el desarrollo del cáncer y la respuesta al tratamiento. La alteración de los reguladores circadianos promueve o suprime la malignidad según el tipo de tumor y el contexto biológico”.

A través de su perfil en la red social X, Topol calificó este trabajo como “nuestro reloj circadiano y la cronoterapia contra el cáncer: una excelente nueva revisión”.

La exposición a la luz solar matutina activa hormonas que despiertan el cuerpo más rápido que una taza de café, afirman expertos en cronobiología y neurociencia aplicada.  (Freepik)

Esta evidencia científica permite comprender las razones por las cuales estos mecanismos internos pueden funcionar como supresores de tumores o, en situaciones opuestas, como motores de la malignidad, dependiendo estrechamente del tipo de cáncer, el tejido involucrado y el marco biológico general.

Del funcionamiento vegetal a la complejidad celular humana

El estudio de estos fenómenos temporales tiene sus raíces en la observación de la naturaleza, específicamente en el movimiento de las hojas de las plantas. Con el tiempo, la ciencia ha demostrado que estos ritmos están presentes en bacterias, insectos y mamíferos, cumpliendo funciones vitales.

En el caso de los seres humanos, estos ciclos son los encargados de sincronizar procesos fundamentales para el bienestar, tales como:

  • La calidad y duración del sueño.
  • El metabolismo energético.
  • La eficiencia de la respuesta inmunitaria.
  • La regulación de la secreción de hormonas.

Para que esta sincronización sea efectiva, el cuerpo depende de estímulos externos, principalmente la exposición a la luz y los horarios de alimentación. En los mamíferos, el centro de control o marcapasos principal se localiza en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo. Esta región procesa la luz captada por la retina y emite señales al organismo mediante hormonas, cambios de temperatura y vías neuronales. Cada tejido del cuerpo cuenta además con relojes periféricos que coordinan su actividad local con este mando central.

El trabajo nocturno y la desalineación circadiana se asocian con mayor riesgo de cáncer lo que refuerza el vínculo entre tiempo biológico y salud
 (Imagen Ilustrativa Infobae)

A escala celular, el funcionamiento circadiano se basa en un sistema de retroalimentación molecular. Las proteínas BMAL1 y CLOCK actúan como el núcleo del sistema, activando la expresión de diversos genes. Posteriormente, las proteínas PER y CRY intervienen para frenar dicha activación, completando así el ciclo rítmico que gestiona miles de genes esenciales.

Riesgos por desajustes en el reloj interno

Cuando este delicado equilibrio se rompe, las consecuencias superan los trastornos del sueño. Investigaciones de carácter epidemiológico han vinculado la alteración de estos ritmos con un incremento en el riesgo de padecer cáncer. De hecho, el trabajo nocturno ha sido categorizado como un probable carcinógeno humano.

A pesar de la variedad de términos usados en la literatura médica, como jet lag crónico o desalineación circadiana, la evidencia experimental ha demostrado que la exposición a ciclos irregulares de luz y oscuridad acelera el crecimiento de tumores en animales. Se ha observado una mayor carga tumoral en casos de:

  • Cáncer de colon y de mama.
  • Cáncer de pulmón e hígado.
  • Melanoma y osteosarcoma.

El núcleo supraquiasmático del cerebro actúa como marcapasos central y sincroniza los relojes periféricos mediante luz hormonas y señales metabólicas
(Freepik)

No obstante, se ha identificado que este impacto no es universal, ya que ciertos linfomas no mostraron variaciones, lo que confirma que la influencia circadiana es dependiente del contexto específico de cada enfermedad.

Dualidad en la función molecular

La incidencia de las proteínas del reloj varía según la patología. Por ejemplo, en los tumores situados en el páncreas, pulmón y colon, la ausencia de BMAL1 se traduce en una mayor proliferación de células malignas y fallos metabólicos. En estos escenarios, la proteína actúa como un protector o supresor.

Por el contrario, en enfermedades como la leucemia mieloide aguda, el glioblastoma o el carcinoma renal, eliminar CLOCK o BMAL1 detuvo el ciclo celular y provocó la muerte de las células cancerosas, evidenciando una función facilitadora de la enfermedad.

Estas interacciones no ocurren de forma aislada, sino que se vinculan con sensores de oxígeno como HIF2α y diversas vías metabólicas. La genética del individuo y el estado del tejido son factores críticos que determinan si una proteína actuará a favor o en contra del tumor.

La cronoterapia busca mejorar la eficacia del tratamiento y reducir la toxicidad ajustando el momento de administración de los fármacos
(Imagen Ilustrativa Infobae)

Cronoterapia: la medicina del tiempo en la oncología

El entendimiento de estos procesos ha dado lugar a la cronoterapia, una rama de la oncología de precisión que busca maximizar el beneficio de los fármacos y reducir sus efectos secundarios al administrarlos siguiendo los ritmos biológicos del paciente.

Se ha comprobado que el horario de administración influye directamente en la absorción, metabolismo y eliminación de las sustancias químicas. Además, la sensibilidad de los tejidos sanos y las células tumorales varía durante el día, lo que permite que un tratamiento sea más eficaz en franjas horarias específicas.

La medicina circadiana emplea diversas estrategias:

  • Fomento de hábitos saludables (sueño regular y ejercicio).
  • Uso de fármacos que modulan el reloj molecular, como agonistas de REV-ERB.
  • Intervención sobre proteínas específicas para evitar que el tumor las utilice en su beneficio.

El horario de una droga puede modificar su absorción metabolismo y efecto sobre células tumorales y tejidos sanos de manera significativa
 (Imagen Ilustrativa Infobae)

A pesar del potencial, existen retos significativos. Dado que el reloj circadiano también es vital para los tejidos sanos, una inhibición general podría generar toxicidad. Por ello, la ciencia se enfoca en bloquear solo aquellas interacciones que los tumores “secuestran”, como el complejo BMAL1-HIF2α en el cáncer de riñón.

La implementación clínica requiere superar obstáculos biológicos, como el cronotipo individual de cada paciente. La identificación de biomarcadores, como la cronotipificación a través de la sangre, es ahora una prioridad para lograr una personalización real.

Nuevas terapias apuntan a bloquear componentes del reloj

El futuro del tratamiento oncológico dependerá de ensayos clínicos que incluyan estos parámetros de tiempo. Ajustar la quimioterapia, inmunoterapia y terapias dirigidas al perfil del paciente no solo mejorará la supervivencia, sino también la calidad de vida al mitigar efectos adversos.

En conclusión, la biología circadiana plantea que el cáncer es una patología que también responde a la dimensión temporal. La integración de estos conocimientos en el diagnóstico médico permitirá que saber cuándo intervenir sea tan crucial como saber qué tratamiento aplicar.

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