De acuerdo con los registros de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el cáncer se mantiene como una de las causas primordiales de fallecimiento en el continente americano. A pesar de este panorama, la evolución de la ciencia médica está transformando la realidad de los pacientes mediante la implementación de estrategias de detección precoz y el uso de la genómica, herramientas que facilitan el acceso a terapias más precisas y eficaces. Estos progresos no solo incrementan las probabilidades de recuperación, sino que aseguran una existencia más digna para quienes enfrentan la enfermedad y su entorno cercano.
Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) definen la genómica como una rama de la biología dedicada íntegramente al estudio del genoma, es decir, la totalidad del ADN de un ser vivo. Esta disciplina se encarga de localizar y describir los genes, analizando sus funciones y la manera en que estos interactúan entre sí.
En el marco de la próxima conmemoración del Día Mundial del Cáncer este 4 de febrero, la doctora Patricia Carrascosa, quien se desempeña como directora médica de Diagnóstico Maipú, señala la relevancia de actuar a tiempo:
“El cáncer, cuando se detecta a tiempo, amplía de manera significativa las posibilidades de curación y el control de la enfermedad. Apostar a la detección precoz, a través de controles periódicos, estudios de diagnóstico por imágenes adecuados y herramientas como la genómica, no solo mejora el pronóstico, sino que permite tratamientos más efectivos y menos invasivos. La identificación temprana sigue siendo una de las herramientas más poderosas para salvar vidas”.

Actualmente, el control oncológico moderno trasciende la simple localización de tumores asintomáticos; ahora integra la evaluación nutricional y el uso de tecnologías de alta fidelidad. De este modo, el uso de paneles genéticos y el trabajo de equipos multidisciplinarios se han vuelto pilares fundamentales para el bienestar integral del paciente.
Bajo la consigna “Unidos por lo único”, la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC) promueve cada año la concienciación sobre esta patología. Esta organización subraya que la prevención y el acceso igualitario a diagnósticos rápidos son las vías más eficientes para disminuir la mortalidad. Según las estimaciones de la UICC, hasta una tercera parte de los decesos por cáncer podrían evitarse con protocolos de detección temprana adecuados.
Por su parte, la OPS aporta estadísticas contundentes sobre la prevención: un 40% de los casos totales podrían prevenirse modificando hábitos como el sedentarismo, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y las dietas poco saludables. Asimismo, un 30% de los diagnósticos oncológicos podrían derivar en curación si se identifican en sus etapas iniciales con el tratamiento correspondiente.

La revolución de la genética en el tratamiento clínico
La incorporación de la genética ha marcado un antes y un después en la atención médica. El licenciado Ignacio Chiesa, responsable del Laboratorio de Genómica, sostiene que esta disciplina es hoy una aliada vital:
“La genómica se ha consolidado como una aliada clave de la medicina moderna y del abordaje integral del cáncer, ya que a partir del análisis del ADN obtenido mediante muestras simples, como sangre o saliva, permite identificar predisposiciones hereditarias asociadas a distintos tipos de tumores, incluso antes de que aparezcan síntomas clínicos”.
Gracias a los paneles genéticos, que analizan genes vinculados a síndromes hereditarios, es posible aplicar una medicina personalizada que se anticipa al desarrollo de la enfermedad. Estas tecnologías moleculares no solo detectan a personas con mayor riesgo, sino que guían a los médicos en la elección de las terapias más idóneas según el perfil biológico de cada individuo.
Foco en la salud femenina: El cáncer de mama
En el contexto de Argentina, el cáncer de mama es el que presenta mayor incidencia en la población femenina. Las estadísticas indican que una de cada ocho mujeres desarrollará esta enfermedad y más de 6.000 fallecen anualmente por esta causa. Sin embargo, si la detección ocurre en etapas tempranas, la tasa de curación supera el 90%.

El Programa Nacional de Control de Cáncer de Mama resalta que la mamografía es el método principal para descubrir lesiones que aún no son palpables. Este estudio se complementa habitualmente con la ecografía mamaria. En casos de alto riesgo genético o familiar, la resonancia magnética es fundamental.
La doctora Lucía Beccar Varela, al frente del Servicio de Diagnóstico e Intervencionismo Mamario, explica las ventajas de esta técnica:
“En este grupo de mujeres, la resonancia magnética triplica las posibilidades de detección temprana de lesiones menores a un centímetro, que habitualmente todavía no comprometen ganglios axilares. La resonancia es más sensible y más específica y puede aumentar hasta en un 60% el porcentaje de detección de una mamografía”.
Cuando se sospecha de un tumor, el paso final es la biopsia, donde se analiza tejido extraído mediante una aguja para confirmar el diagnóstico y definir el plan terapéutico.

Cáncer de próstata y el avance de la teragnosis
En el caso masculino, el cáncer de próstata representa la tercera causa de muerte oncológica en Argentina, tras el cáncer de pulmón y el colorrectal, con más de 11.000 nuevos casos y 3.600 muertes cada año. Es alarmante que uno de cada tres hombres reciba el diagnóstico en fases avanzadas y un 40% ya presente metástasis.
El doctor Juan Cruz Gallo, coordinador de Oncoimágenes, detalla que uno de cada nueve hombres padecerá esta neoplasia, con una edad media de diagnóstico de 66 años. Aunque en mayores de 80 años su presencia es muy común, no siempre es la causa del deceso, pero requiere vigilancia para determinar su agresividad.
Para la detección, la Sociedad Argentina de Urología (SAU) recomienda el examen de antígeno prostático específico (PSA) en hombres de entre 55 y 69 años, aunque puede adelantarse si existen antecedentes de mutaciones como el gen BRCA2.

En cuanto a imágenes, la resonancia magnética multiparamétrica y el PET/TC con PSMA han revolucionado el seguimiento, permitiendo una precisión muy superior a los métodos tradicionales. Precisamente, el uso de radiofármacos ha dado paso a la teragnosis, que une el diagnóstico y el tratamiento en un solo concepto.
El experto internacional Paolo Castellucci define esta innovación:
“La teragnosis es una herramienta que combina la precisión del diagnóstico con el poder del tratamiento dirigido. Esta estrategia utiliza radioligandos —como el galio-68 para diagnóstico y el lutecio-177 para tratamiento— capaces de unirse de manera específica a las células tumorales que expresan PSMA”.
El doctor Christian González, del Servicio de PET/CT de la Fundación Centro Diagnóstico Nuclear (FCDN), añade que el PSMA se sobreexpresa entre 100 y 1.000 veces en las lesiones tumorales, lo que permite que la radiación interna actúe directamente sobre el ADN de las células cancerígenas, minimizando el daño a tejidos sanos.

La nutrición como pilar de supervivencia
Un factor determinante, pero a veces ignorado, es el estado nutricional del paciente. Se ha comprobado que aquellos que inician su tratamiento con una nutrición adecuada poseen mayores probabilidades de supervivencia. No obstante, la mitad de los pacientes llega a consulta con deficiencias y entre el 40% y 80% sufre malnutrición durante su proceso oncológico.

La licenciada Agustina Senese, jefa de Cuidados Paliativos del Hospital Dr. Cosme Argerich, advierte que la malnutrición severa afecta a uno de cada cinco pacientes, reduciendo la tolerancia a la quimioterapia y acortando la vida global. Por su parte, el oncólogo Martín Ángel señala:
“Cuando el estado nutricional se deteriora, el impacto se refleja rápidamente en la respuesta clínica y en la capacidad del paciente para sostener el tratamiento”.

Efectos secundarios como náuseas, pérdida del gusto y saciedad precoz dificultan la alimentación, lo que puede derivar en un síndrome de fragilidad, pérdida de masa muscular y problemas psicológicos como ansiedad o depresión. Ante esto, los especialistas recomiendan el uso de suplementos nutricionales específicos cuando la dieta normal no es suficiente, con el fin de preservar la fuerza y la autonomía del paciente durante toda la lucha contra la enfermedad.
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