En el complejo mundo de la política china, una simple imagen puede ser el primer indicio de un cambio tectónico. Esta premisa, planteada en 1971 por el académico Roderick MacFarquhar, está recuperando una vigencia inesperada en la actualidad. Durante la Guerra Fría, la denominada pekinología se centraba en el análisis minucioso de discursos y fotografías para entender lo que sucedía en el gigante asiático. Hoy, bajo el mandato de Xi Jinping, el hermetismo gubernamental ha obligado a los especialistas a rescatar estas herramientas tradicionales para intentar descifrar las dinámicas internas del poder.
Un ejemplo reciente de este fenómeno es la purga de los generales Zhang Youxia y Liu Zhenli, ocurrida el mes pasado. El primer signo de alerta surgió cuando ambos militares estuvieron ausentes en un reportaje televisivo sobre una reunión reciente del Partido Comunista. Solo cuatro días después de esa omisión visual, el Ministerio de Defensa confirmó oficialmente que estaban bajo investigación. Algunos expertos incluso sugieren que existió una señal previa hace casi un año, cuando el general Zhang supuestamente le dio la espalda a Xi Jinping tras un discurso, lo que fue interpretado como un posible quiebre en su relación.
Acusaciones de socavamiento al mando supremo
Las razones detrás de estas destituciones han sido analizadas con lupa a través de los medios oficiales de las fuerzas armadas. El diario del Ejército Popular de Liberación (EPL) detalló cinco infracciones específicas, de las cuales una llamó poderosamente la atención de los observadores. Se afirmó que
“los dos generales habían ‘pisoteado gravemente’ el sistema de presidencia que otorga al Sr. Xi la máxima autoridad sobre el Ejército Popular de Liberación (EPL)”
. Para muchos, este lenguaje técnico es una confirmación de que los altos mandos intentaron debilitar la posición de liderazgo absoluto de Xi Jinping.
Este retorno a la interpretación de señales mínimas se debe a que el Partido Comunista se ha vuelto mucho más hermético que en décadas pasadas. Desde finales de los años 70, la apertura permitió a diplomáticos y analistas interactuar con diversos sectores de poder, especialmente cuando el Comité Permanente del Politburó —integrado por entre cinco y nueve miembros— funcionaba bajo un esquema de liderazgo colectivo. Sin embargo, con la consolidación del poder unipersonal de Xi Jinping, las fuentes de información se han secado, dejando a la pekinología como el único recurso disponible ante la falta de transparencia del líder actual.
A pesar de su utilidad, este método analítico conlleva riesgos de interpretación errónea. K. Tristan Tang, investigador de la Fundación Jamestown, planteó que el general Zhang fue purgado por no cumplir con la supuesta meta de Xi de estar listos para una intervención en Taiwán el próximo año. No obstante, otros expertos cuestionan esta teoría, señalando el caso del general He Weidong, quien fue destituido el año pasado a pesar de haber gestionado con éxito maniobras militares de alta intensidad cerca de la isla. Estas contradicciones subrayan lo difícil que es establecer conexiones causales sólidas en un entorno tan cerrado.
La dificultad para verificar la información es otro obstáculo mayor. En la era digital, la proliferación de redes sociales y comunidades de expatriados chinos ha generado un sinfín de teorías, muchas de ellas cargadas de especulaciones sobre posibles golpes de Estado. Dado que es probable que los archivos estatales del gobierno de Xi Jinping permanezcan cerrados por décadas, resulta casi imposible determinar quiénes han acertado en sus diagnósticos políticos actuales.
Las señales visuales son particularmente engañosas. Un caso emblemático fue la salida forzada de Hu Jintao, exlíder del país, durante una sesión televisada del partido en 2022. Mientras que muchos vieron en su retiro del escenario una prueba de purga política en vivo, la versión oficial que atribuía el incidente a problemas de salud parecía ser, en retrospectiva, más coherente con el estado de confusión mostrado por Hu en ese momento.
La sutil diferencia entre falta y delito
El profesor de Stanford y exfuncionario estatal, Wu Guoguang, advierte sobre el peligro de la “sobreinterpretación” basándose en su propia experiencia previa. Sin embargo, destaca que los matices en el lenguaje oficial siguen siendo cruciales. En el caso de Zhang y Liu, se utilizaron términos referidos a violaciones de la ley y no solo a faltas disciplinarias, lo que sugiere que Xi Jinping considera sus acciones como ofensas de extrema gravedad.
Finalmente, Neil Thomas, de la Sociedad de Asia, coincide en que el análisis lingüístico debe manejarse con una gran humildad intelectual. Aunque permite vislumbrar las prioridades políticas del régimen, no ofrece una visión clara de cómo se toman las decisiones finales. Como bien resumió MacFarquhar en su ensayo original, el estudio de imágenes y textos es una herramienta tosca pero necesaria. No entrega respuestas definitivas, pero es fundamental para que el mundo pueda formular las preguntas correctas sobre el futuro de la potencia asiática.
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