Al cumplirse un mes de los sucesos que alteraron el curso político de la región, el panorama en Venezuela presenta transformaciones profundas bajo una supervisión internacional constante. La madrugada del 3 de enero de 2026, el centro de Caracas fue el escenario de la Operación Determinación Absoluta, una maniobra militar coordinada por Estados Unidos que concluyó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. El operativo, ejecutado por fuerzas especiales, dejó un saldo de 47 militares venezolanos y 32 agentes cubanos fallecidos, y culminó con el traslado de Maduro a un centro federal de máxima seguridad en Nueva York, donde enfrenta procesos por narcoterrorismo y conspiración.
El ascenso de un poder supervisado
Tras la caída del régimen, el mando interino fue asumido por Delcy Rodríguez, quien ha mantenido gran parte de la armazón institucional del chavismo, aunque bajo la mirada vigilante de Washington. Esta nueva administración debe responder a las directrices de la Casa Blanca, liderada por Donald Trump, y del Secretario de Estado, Marco Rubio, quienes exigen reformas democráticas y la reestructuración de sectores estratégicos a cambio de estabilidad política.

La transición no ha significado una ruptura total con las instituciones previas, sino una adaptación forzada a las nuevas reglas del juego. Rodríguez se ha visto obligada a implementar concesiones que desafían el legado de Hugo Chávez, marcando una contradicción evidente con el discurso oficial sostenido durante el último cuarto de siglo.
Situación de los presos políticos y derechos humanos
Uno de los puntos más críticos ha sido la gestión de las detenciones por motivos políticos. Desde el pasado 8 de enero, la organización Foro Penal ha verificado la excarcelación de 344 personas. No obstante, este proceso ha sido calificado como lento y falto de transparencia, ya que ninguno de los beneficiados goza de libertad plena; por el contrario, se les han impuesto restricciones de movilidad y medidas sustitutivas.

La metodología de estas liberaciones ha generado angustia en las familias, debido a que se realizan frecuentemente de noche y en lugares remotos. Figuras como el periodista Biagio Pilieri y el exalcalde Enrique Márquez fueron liberados bajo estas condiciones, siendo abandonados en la vía pública por funcionarios estatales. La ausencia de listados oficiales por parte del Ministerio Público y el Ministerio de Servicio Penitenciario obliga a los allegados a realizar vigilias en las afueras de prisiones como Tocuyito o El Rodeo.
Propuesta de amnistía y cambios legales
En el ámbito legislativo, el gobierno de Delcy Rodríguez impulsa la Propuesta de Ley de Amnistía General. Este proyecto busca cubrir incidentes de violencia política ocurridos desde 1999, aunque establece exclusiones estrictas para crímenes de homicidio, narcotráfico y violaciones a los derechos humanos. Si bien Estados Unidos ha presionado por esta medida, Foro Penal advierte sobre posibles brechas de impunidad para los responsables de la represión. Como gesto simbólico, se ha anunciado la clausura de centros de detención como La Tumba y El Helicoide, aunque el sistema judicial permanece bajo la influencia de jueces designados por la gestión anterior.

Reconfiguración de la industria petrolera
El sector económico ha dado un giro radical con la aprobación de la nueva Ley de Hidrocarburos el 30 de enero. Esta normativa revierte las políticas de monopolio estatal de PDVSA implementadas por Chávez, permitiendo que corporaciones privadas, incluidas firmas estadounidenses, operen y comercialicen crudo directamente. El Departamento de Energía de Estados Unidos ejerce la supervisión de estos recursos, garantizando que los beneficios financien programas sociales controlados por protocolos de Washington. En este contexto, el presidente Trump dispuso el traslado de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo hacia suelo norteamericano, destinando los fondos bloqueados a asistencia humanitaria.
Pese a estos cambios, la realidad económica sigue siendo alarmante. El Fondo Monetario Internacional estima que la inflación podría alcanzar el 682% durante el año 2026. Además, la seguridad interna se ve amenazada por grupos criminales como el Tren de Aragua y diversos colectivos que aún controlan zonas periféricas. La crisis social persiste, reflejada en un salario mínimo insuficiente y servicios de salud y educación estancados.
Venezuela en el tablero internacional
La política exterior del país ha pasado del aislamiento a una normalización tutelada. Washington encabeza este proceso, auditando cada movimiento de la transición. Por su parte, la Unión Europea, con España y Francia al frente, supedita cualquier ayuda financiera a la liberación total de los prisioneros políticos y al éxito de la ley de amnistía.

En el entorno regional, se observan las siguientes dinámicas:
- Argentina condiciona su reconocimiento pleno a la liberación del gendarme Nahuel Gallo, detenido en 2024.
- Brasil y Colombia mantienen diálogos para la gestión de fronteras y el retorno migratorio.
- La disputa con Guyana por el Esequibo se mantiene en pausa ante la presencia de petroleras internacionales.
- China ha priorizado asegurar el pago de su deuda energética, mientras Rusia se mantiene al margen tras perder a su socio principal.

Escepticismo y realidad social
En las calles venezolanas, el sentimiento general es una mezcla de esperanza y desconfianza. Aunque la caída de Maduro se percibe como un hito, la población teme que los problemas estructurales y la corrupción no desaparezcan con el cambio de nombres. La demanda ciudadana se centra en mejoras reales en economía y seguridad, más allá de los anuncios gubernamentales.
Transcurrido un mes desde la intervención, Venezuela navega en una transición compleja donde la soberanía nacional convive con el control de potencias externas y la herencia de un sistema institucional que se resiste a desaparecer por completo.
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