El mercado de las criptomonedas enfrenta una fuerte sacudida. Este domingo, alrededor de las 10 de la mañana, el precio del bitcoin se desplomó hasta los USD 78.350, una cifra que representa una caída del 37,2% en comparación con el pico de casi USD 125.000 registrado el 6 de octubre de 2025. La euforia por los activos digitales, que incluía tanto a las monedas principales como a los denominados memes digitales, había tomado fuerza en octubre de 2024. Este impulso coincidió con la creciente expectativa de un triunfo electoral de Donald Trump en los Estados Unidos.
Tras la asunción del nuevo gobierno el 20 de enero, el valor de estos activos escaló velozmente. La nueva administración mostró una postura abiertamente favorable al ecosistema cripto, designando a líderes afines al sector en los entes reguladores y promoviendo la ley GENIUS en el Congreso. Dicha legislación buscaba potenciar las stablecoins vinculadas al dólar para consolidar el predominio de la divisa estadounidense en la economía global.
Sin embargo, la realidad actual muestra una tendencia opuesta. La cotización actual del bitcoin es la más baja reportada desde el llamado “Liberation Day”, ocurrido el 2 de abril de 2025. En esa fecha, Donald Trump realizó su primer anuncio sobre las “Tarifas recíprocas”, dando inicio a un ciclo de tensiones comerciales y complejas negociaciones bilaterales que han afectado a los mercados.
El debilitamiento no ha sido exclusivo del bitcoin. Ethereum, la segunda criptomoneda con mayor relevancia por capitalización, se situaba este domingo a media mañana en USD 2.398. Esta cifra contrasta drásticamente con los USD 4.831 que alcanzó el 22 de agosto del año pasado, lo que implica una pérdida de valor superior al 50%.
A nivel general, el panorama es similar para el resto del sector. Según el portal especializado CoinGecko, la capitalización total de las casi 19.000 especies cripto monitoreadas era de USD 2,64 billones este domingo. Esto significa una contracción del 39% respecto a los USD 4.3 billones acumulados en octubre de 2025.

Pese a que el bitcoin ha sido frecuentemente comparado con el oro por su supuesta capacidad de servir como refugio ante la incertidumbre geopolítica y la volatilidad, el comportamiento de los últimos meses contradice esta tesis. Si bien es cierto que el oro sufrió un descenso notable el viernes pasado, cayendo a USD 4.800 la onza tras haber rozado los USD 5.600, los analistas sugieren que se trató de una toma de utilidades tras un ascenso vertiginoso. De hecho, el metal precioso mantenía un crecimiento del 23% durante lo que va de 2026.
La inclinación de los inversores hacia el oro y la plata parece estar motivada por el actual escenario de tensiones globales y las políticas arancelarias de Trump. A esto se suman factores de inestabilidad como las declaraciones sobre la posible anexión de Groenlandia, la extradición y captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por parte de EEUU, y la presión militar sostenida contra el régimen de Irán.
Discurso perdido
Este entorno de incertidumbre ha golpeado la narrativa del bitcoin como un activo sólido. Pramol Dhawan, director general de Pimco —uno de los fondos de inversión más influyentes en el país norteamericano—, declaró al Financial Times que
“el discurso del oro digital ha desaparecido”
y añadió que el declive de la criptomoneda evidencia que no representa una
“revolución monetaria”
.
Por su parte, Ilan Solot, estratega de Marex Solutions, señaló a la misma publicación que el bitcoin
“es un activo en busca de un modelo de valuación”
, ya que todavía no existe un consenso sobre qué factores específicos deben determinar su precio de mercado.

En contraste, un estudio de Deutsche Bank publicado en septiembre del año pasado, titulado “Bitcoin vs Oro: el futuro de las Reservas de los Bancos Centrales en 2030”, planteaba una correlación entre ambos activos. El informe sugería que, en un plazo de cinco años, los bancos centrales aumentarían el bitcoin en sus reservas internacionales debido a los procesos de desdolarización y al fortalecimiento de las normativas digitales.
Las economistas Marion Laboure y Camilla Siazon, autoras del reporte, argumentaron que el bitcoin y el oro son “complementarios” por su baja relación con otros activos tradicionales. Sostenían además que la volatilidad de la criptomoneda disminuiría con el tiempo, aunque el dinero fiduciario seguiría siendo el principal medio de pago. No obstante, la consultora Kaiko indicó al Financial Times que la inestabilidad arancelaria ha provocado una “crisis de identidad” en el bitcoin, al quedar estrechamente vinculado a la gestión republicana y sufrir el costo de dicha asociación política.

En el plano institucional, la visión de Kevin Warsh, nominado por Trump para liderar la Reserva Federal (Fed), aporta una perspectiva cautelosa. Durante un encuentro en la “Ronald Reagan Foundation” en 2025, Warsh rechazó tajantemente la implementación de un “dólar digital”, calificándolo como “antiamericano” por el riesgo de intromisión gubernamental en la privacidad de los ciudadanos. Respecto al bitcoin y otras criptomonedas, el economista se mostró más reservado, indicando que el tiempo y la experiencia determinarán su viabilidad futura.
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