A inicios del presente mes, el mandatario de Argentina, Javier Milei, oficializó la calificación de la “Hermandad Musulmana” como una agrupación terrorista. Esta organización de carácter político-religioso, que acumula años de vinculación en episodios violentos a nivel global, ha sido integrada formalmente en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET). Dicha medida recae sobre las estructuras que mantienen operaciones en Egipto, Jordania y el Líbano, siguiendo una línea de acción similar a la adoptada recientemente por el gobierno de Estados Unidos. Es fundamental precisar que esta resolución no intenta vulnerar el derecho a la libertad religiosa ni la unión entre fieles musulmanes, sino que constituye una acción directa contra un movimiento político específico.
Historia y naturaleza de la Hermandad Musulmana
Este movimiento tuvo su origen en Egipto hace casi una centuria, surgiendo con una postura antisecular y anticolonial. Gracias a la implementación de programas de asistencia social ante la carencia de servicios estatales en diversas naciones árabes, la “Hermandad Musulmana” logró consolidar una base popular que la impulsó a transformarse en un partido político. No obstante, su categorización actual resulta compleja, puesto que simultáneamente gestiona labores de beneficencia, participa en la vida política y cuenta con una facción paramilitar que emplea la violencia y el terrorismo como herramientas de acción.
Si bien su consigna “El islam es la solución” puede resultar seductora para algunos creyentes, sus postulados ideológicos no concuerdan con la fe establecida en el Sagrado Corán ni con las enseñanzas del profeta Muhammad. Por el contrario, se argumenta que su meta es instrumentalizar el nombre de la religión para camuflar propósitos nocivos e intereses particulares, intentando imponer sus propias interpretaciones sociales bajo el pretexto de la “sharía”.
Clarificaciones teológicas: Sharía y Yihad
El islam, en su esencia, actúa como un defensor inquebrantable de la libertad de culto y sostiene la importancia de separar los asuntos del Estado de la esfera religiosa, principios que este grupo contraviene de forma abierta. Es vital entender las definiciones reales de estos términos:
“Sharía” significa en árabe literalmente senda y se refiere al camino religioso que una persona elige por su propia voluntad. Por otro lado, el vocablo “yihad” utilizado en el Sagrado Corán personifica el esfuerzo interno contra el propio mal y por la búsqueda del amor divino.
A diferencia de la interpretación violenta que busca justificar guerras y atentados, el islam condena categóricamente el terrorismo. La doctrina islámica es clara al señalar que el acto de asesinar a un solo ser humano inocente es comparable a terminar con la vida de toda la humanidad. Ignorar esto de manera deliberada solo sirve para alimentar ambiciones políticas extremistas.
El fracaso de la fuerza y la propuesta de la pluma
Es pertinente recordar que naciones como Egipto, Arabia Saudita, Jordania, los Emiratos Árabes Unidos e incluso Rusia ya habían declarado a este grupo como terrorista con anterioridad. Dado que estas prohibiciones no han erradicado sus operaciones, es probable que el movimiento intente mutar bajo nuevas denominaciones. El reciente fracaso de las intervenciones militares en el combate contra Hamas en Gaza, el ISIS en Siria e Irak o Al Qaeda en Afganistán, evidencia que las soluciones bélicas son insuficientes para proteger a la sociedad frente a ideologías extremas que crecen en entornos de corrupción, injusticia e inestabilidad social.
Como alternativa, la Comunidad Musulmana Ahmadía ha liderado una resistencia intelectual contra este extremismo desde su creación en 1889. Al ser perseguidos por estos mismos grupos radicales en diversas naciones, los Ahmadía presentan argumentos lógicos y teológicos para refutar el odio. Su fundador, Su Santidad Mirza Ghulam Ahmad, quien se proclamó el Mesías Prometido, introdujo el concepto de la “yihad con la pluma”.
Esta visión postula que la verdadera reforma del mundo musulmán no se logra con la fuerza, sino a través de la educación, la espiritualidad real y la conciencia ética. La solución reside en la “pluma” y no en la “espada”, un remedio que busca proteger la esencia pacífica del islam. En conclusión, erradicar el terrorismo debe consolidarse como una meta común y una responsabilidad que todos compartimos.
*Marwan Gill es Imam (teólogo islámico) y ejerce la presidencia de la Comunidad Musulmana Ahmadía en Argentina.
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