La integridad de los arrecifes de coral situados en el Indo-Pacífico, y de forma crítica en la Gran Barrera de Coral, se encuentra bajo una amenaza creciente debido a la proliferación de la estrella de mar corona de espinas. Ante este escenario, especialistas de Australia y Japón han conseguido un hito científico: la síntesis de feromonas diseñadas específicamente para atraer a estos organismos invertebrados. Este avance promete transformar los mecanismos de control biológico marino implementados hasta la fecha.
El impacto devastador de la plaga en los ecosistemas
La estrella de mar corona de espinas, nativa de la región del Indo-Pacífico, destaca por su envergadura, sus tonalidades púrpuras y sus peligrosas espinas cargadas de veneno. La capacidad destructiva de esta especie es alarmante: un solo ejemplar adulto posee la capacidad de devorar en un año una superficie de coral equivalente a una habitación de dimensiones reducidas. Asimismo, el potencial reproductivo de este animal es inmenso, pues una sola hembra es capaz de liberar más de 200 millones de huevos cada año.
Desde la década de 1960, factores externos como la contaminación y la sobrepesca de sus depredadores naturales han provocado un aumento en la frecuencia de estos brotes. Actualmente, se ha detectado una nueva eclosión masiva en el sector norte de la Gran Barrera, lo que representa el quinto episodio de esta magnitud en las últimas seis décadas. El desafío no es nuevo; hace aproximadamente 40 años, equipos de buceadores tuvieron que extraer de manera manual más de 1,5 millones de estrellas en las costas de Okinawa, Japón, en un intento por frenar la aniquilación del coral.

Limitaciones de las estrategias de control tradicionales
Durante mucho tiempo, la erradicación manual ha sido el pilar del control biológico. Sin embargo, esta metodología ha demostrado ser sumamente laboriosa, costosa y poco eficiente cuando se trata de enfrentar poblaciones que se cuentan por millones. El esfuerzo logístico para retirar individuo por individuo sobrepasa la capacidad de los equipos de conservación.
Para optimizar la lucha contra este invertebrado, que posee una notable capacidad de regeneración y toxinas defensivas, se han empleado inyecciones de jugo de lima o vinagre. Estas sustancias eliminan al animal sin generar daños colaterales en el entorno marino circundante. En años recientes, la tecnología ha sumado vehículos submarinos autónomos programados para suministrar estos compuestos químicos, aunque el problema persiste: sigue siendo necesario localizar visualmente a cada estrella para proceder a su eliminación.
Estos procedimientos implican elevados costos financieros y logísticos. La resistencia natural de la especie y la complejidad química propia de los arrecifes dificultan considerablemente las labores de erradicación total bajo estos esquemas convencionales.

El avance científico de las feromonas sintéticas
Un equipo de investigación liderado por Scott Cummins, perteneciente a la Universidad de la Costa del Sol de Australia, ha propuesto un cambio de paradigma mediante el estudio de la comunicación química de estos seres. Los expertos lograron identificar péptidos —pequeñas estructuras proteicas— que las estrellas de mar emplean para emitir señales y coordinar comportamientos grupales.
Según explicó Cummins, este hallazgo permitió la síntesis artificial de los péptidos que provocan la agregación de los ejemplares. En entornos controlados de laboratorio, el uso de una combinación de feromonas sintéticas logró atraer a una gran cantidad de adultos hacia un punto específico, lo que simplificaría drásticamente su eliminación masiva en una sola intervención.
Esta metodología innovadora destaca por no ser tóxica y por su potencial para ser aplicada a gran escala. Las pruebas preliminares han ratificado una notable efectividad para agrupar a la corona de espinas, abriendo una ventana de esperanza para la conservación de la biodiversidad marina.

Retos para la implementación en el hábitat natural
La bióloga marina Maria Byrne, de la Universidad de Sídney, ha calificado este descubrimiento como un paso sumamente prometedor. No obstante, la experta advirtió sobre la complejidad de trasladar estos resultados al océano, donde la saturación de señales químicas de otras especies podría interferir con la respuesta de las estrellas de mar.
“La clave será comprobar si el método mantiene su eficacia en condiciones naturales, donde muchas otras señales están presentes”, manifestó Byrne.
Con el objetivo de validar la viabilidad del sistema en condiciones reales, los científicos ya planifican las primeras pruebas de campo en las aguas de la Gran Barrera de Coral.

Para Scott Cummins, el hecho de descifrar y manipular el lenguaje químico de estos organismos podría ser la pieza que faltaba para proteger los arrecifes australianos. La lucha contra esta plaga se ha extendido por cinco décadas, y existe un optimismo creciente de que esta tecnología sea la solución definitiva para mitigar el impacto ambiental.
La implementación de feromonas sintéticas marca un punto de inflexión en la gestión ecológica de los océanos. La comunidad académica sigue de cerca este desarrollo, confiando en que herramientas de vanguardia logren asegurar la estabilidad de estos ecosistemas vitales frente a las amenazas biológicas.
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