La interrogante sobre si amar es una condición exclusivamente humana cobra fuerza en la actualidad. Ante el incremento de vínculos entre personas y sistemas de inteligencia artificial, la editora de cultura de Times Opinion, Nadja Spiegelman, sostuvo un profundo diálogo con la renombrada psicoterapeuta Esther Perel. El objetivo fue explorar los límites de la conexión emocional y qué es lo que realmente buscamos los seres humanos al interactuar con la tecnología desde nuestros dispositivos móviles.
La especialista Esther Perel se muestra escéptica ante la posibilidad de que la humanidad deba enamorarse de sistemas algorítmicos. Durante su intervención, desglosó las razones por las cuales la intimidad con la IA, aunque pueda parecer un refugio seguro, carece de autenticidad. La conversación, basada en un episodio de The Opinions, fue ajustada para ofrecer una mayor claridad estructural sin perder su esencia.
Nadja Spiegelman inició el debate señalando la versatilidad actual de la tecnología:
“La gente está usando la IA para tantas cosas, desde pedirle que responda correos electrónicos, hasta contarle sus secretos más íntimos. Estuve pensando en lo que implica la creciente presencia de la IA para las relaciones humanas”
.

Un punto estadístico relevante mencionado en la charla proviene de un informe de Vantage Point Counseling Services, el cual revela que prácticamente un tercio de los ciudadanos en Estados Unidos ha mantenido algún tipo de vínculo con inteligencia artificial.
Con una trayectoria de casi cuarenta años como psicoterapeuta, Esther Perel ha sido testigo de cómo la interacción humana se transforma frente a hitos tecnológicos como el internet y las aplicaciones de citas. Spiegelman destacó que conversar con Perel es un anhelo para muchos, aclarando que la entrevista no se limitaría a consejos post-ruptura, sino a un análisis profundo sobre amor, tecnología e intimidad.
La IA como herramienta frente al riesgo del vínculo
Al abordar el tema, Perel subrayó que relacionarse con una máquina
“Significa mucho menos riesgo de una ruptura con la IA”
, a lo que Spiegelman coincidió, indicando que un sistema nunca terminaría la relación, aunque Perel matizó que esto solo genera un “sufrimiento leve”.
Sobre su uso personal de la tecnología, Esther Perel admitió utilizarla como un soporte cognitivo:
“Sí. Me ayuda a pensar. Principalmente, me ayuda a estructurar mis ideas. La uso cuando escribí muchas cosas y quiero ordenar el material”
. No obstante, advirtió sobre la rigidez de estos sistemas, notando que la IA tiende a organizar la información en patrones repetitivos de “3, 3, 3, 4”, lo que ella denomina una “coreografía de información” que eventualmente la impulsa a buscar la profundidad de un libro físico.

Nadja Spiegelman expresó su preocupación sobre este pensamiento estandarizado:
“Si todo el mundo empieza a pensar así, y cada idea se expresa así, entonces nos estamos privando de la riqueza que hay en el mundo”
. La editora cuestionó si es posible que las relaciones con estas entidades digitales sean realmente saludables.
La definición de amor frente al algoritmo
Para Esther Perel, la respuesta depende de cómo se conceptualice una relación. Explicó que el amor trasciende los meros sentimientos:
“El amor es un encuentro. Es un encuentro que implica exigencias éticas, responsabilidad, y que es encarnado. Esa corporeidad significa que hay contacto físico, gestos, ritmos, mirada, roce. Hay toda una gama de experiencias físicas que forman parte de esa relación”
.
Si bien reconoció que los humanos pueden desarrollar afecto por ideas, mascotas u objetos como osos de peluche, Perel enfatizó que eso no constituye una relación de amor plena. Según la experta, el amor requiere enfrentar la incertidumbre, la alteridad y el esfuerzo, elementos que el algoritmo intenta suprimir activamente para ofrecer un placer sin fricciones.

Spiegelman reflexionó sobre cómo este fenómeno nos obliga a cuestionar qué es lo fundamentalmente humano. Perel amplió esta visión mencionando el uso de la IA como mediadora espiritual:
“Le hacemos preguntas existenciales a la IA… Pero ellas no tienen responsabilidad moral. No asumen responsabilidad por sus respuestas”
. A diferencia de un profesor o un sanador, la máquina no está implicada éticamente en las consecuencias de sus consejos.
El trasfondo comercial de la intimidad digital
Ante la observación de Spiegelman de que los programadores intentan incluir límites éticos para evitar daños, Perel fue tajante al recordar que la IA es, ante todo, un producto comercial.
Advirtió que el modelo de negocio busca la retención del usuario, no su crecimiento personal o su conexión con otros humanos.
Nadja Spiegelman señaló que, paradójicamente, estos productos están generando conexiones humanas muy profundas, algo que quizás no era su fin original.
Perel, por su parte, mencionó que aunque aún no ha tratado a una pareja formada por un humano y un bot, está abierta a la posibilidad de hacerlo en su podcast, considerando que es “cuestión de tiempo”.
El bálsamo de la validación incondicional
La experta analizó por qué estas herramientas resultan tan atractivas: ofrecen una intimidad idealizada y reparadora.
“Es un bálsamo para la piel. Somos muy vulnerables a este tipo de respuestas. Es increíble recibir respuestas positivas”
, afirmó Perel respecto a la validación constante que ofrece la IA. 
Sin embargo, advirtió que esta falta de fricción desprotege al individuo frente a la realidad de las relaciones humanas, donde el otro tiene necesidades y objeciones propias. Spiegelman sugirió que la IA satisface un deseo de amor incondicional, a lo que Perel respondió que tal concepto solo es real en etapas muy tempranas de la vida, como en el útero o la infancia temprana, donde el cuidado es una extensión de uno mismo.
El misterio y la otredad
Durante la charla, incluso consultaron a ChatGPT sobre las raíces del amor incondicional, obteniendo respuestas que vinculaban el concepto con la religión y la seguridad ante la inestabilidad moderna.
Perel argumentó que hemos trasladado expectativas divinas a las relaciones románticas, buscando “almas gemelas” que nos acepten sin condiciones.
Nadja Spiegelman defendió que aún existe misterio en la IA, ya que sus respuestas no son totalmente predecibles. No obstante, Perel recalcó que la comunicación humana es mayoritariamente no verbal y física.
“La relación íntima entre nosotros y la máquina, por ahora, es principalmente verbal, pero más de la mitad de nuestra comunicación es no verbal”
, recordó, subrayando el valor de un abrazo real frente a uno virtual.
Simulación versus realidad
Al comparar la relación con la IA con el consumo de pornografía, Perel señaló que ambos resuelven vulnerabilidades como el miedo al rechazo o la competencia, eliminando el misterio de la respuesta del otro. 
En cuanto al uso de la IA como herramienta de comunicación entre parejas, Perel reconoció su utilidad pero advirtió sobre la “simulación del cuidado”. Spiegelman relató una experiencia personal donde los mensajes de una persona parecían escritos por una máquina, lo que generaba una sensación de conexión pulida pero artificial. 
Finalmente, Perel concluyó que las heridas y cicatrices de las relaciones pasadas son esenciales para aprender a amar y confiar.
“No hay amor sin el temor a la pérdida. Cuando empiezas a amar, convives con la posibilidad de perderlo”
, sentenció. La imperfección humana y la capacidad de gestionar paradojas complejas son, según la experta, elementos que la tecnología no puede replicar. 
Esther Perel es una reconocida psicoterapeuta y autora de éxitos como “Mating in Captivity” y “The State of Affairs”. Su trabajo se ha difundido globalmente a través de sus influyentes podcasts sobre inteligencia relacional.
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