Las poblaciones que habitan las islas del Pacífico enfrentan una amenaza invisible pero creciente. Pese a estar geográficamente aisladas, un estudio reciente publicado en la revista PLOS One revela que un tercio de los peces analizados en esta región contienen microplásticos. La investigación, liderada por la Universidad del Pacífico Sur, pone el foco especialmente en Fiji, donde la situación es crítica: el 75% de los ejemplares examinados presentó estas partículas, una cifra que sobrepasa con creces el promedio global del 49%.
Este hallazgo genera una profunda preocupación en zonas donde el consumo de pescado es el pilar de la nutrición y la cultura. Los científicos sostienen que esta contaminación se debe principalmente a una gestión de residuos poco eficaz y a la presión constante de la urbanización. Para llegar a estas conclusiones, se realizó un exhaustivo análisis de 878 peces costeros, pertenecientes a 138 especies distintas, que fueron capturados por comunidades pesqueras locales.
Diferencias geográficas y especies más vulnerables
La labor investigativa forma parte de los esfuerzos internacionales por comprender el impacto de los microplásticos en los Países y Territorios Insulares del Pacífico (PICT). Aunque el promedio regional indica que uno de cada tres peces está afectado, existen variaciones drásticas entre las naciones analizadas: en Vanuatu solo el 5% de los ejemplares mostró rastros, mientras que en Tonga y Tuvalu los niveles fueron moderados, manteniéndose por debajo de los registros de Fiji.
La Universidad del Pacífico Sur empleó herramientas avanzadas y datos del Global Information Biodiversity Facility para garantizar la precisión de los resultados. Un dato relevante es que, si bien la prevalencia de peces con microplásticos es alta en ciertos puntos, el número total de partículas detectadas por cada individuo todavía se considera bajo en términos absolutos. No obstante, los investigadores advierten que factores como el hábitat y el comportamiento alimentario son determinantes para la exposición.
- Los peces que habitan en arrecifes y en el fondo marino mostraron una frecuencia de contaminación superior.
- Las especies que se alimentan de invertebrados tienen mayor riesgo.
- Los cazadores que utilizan la técnica de emboscada figuran entre los grupos con mayor propensión a la ingesta.
El estudio hizo un seguimiento particular a dos especies presentes en los cuatro países: el emperador de huella digital (Lethrinus harak) y el pez cabra de guiones y puntos (Parupeneus barberinus). En ambos casos, los ejemplares de Fiji registraron niveles de contaminación superiores a sus pares de Tonga, Vanuatu y Tuvalu. Esto se vincula directamente con la alta densidad demográfica y la insuficiencia de los sistemas locales de manejo de desechos.
Un desafío global que requiere tratados firmes
Jasha Dehm, autora principal de la investigación, enfatizó que el aislamiento geográfico ya no es una garantía de protección. Según la experta:
«el patrón constante de alta contaminación en especies asociadas a los arrecifes a través de las fronteras confirma que las características ecológicas son predictores clave de la exposición, mientras que las disparidades nacionales resaltan el fracaso de los sistemas actuales de gestión de residuos, o la falta de ellos, para proteger incluso los ecosistemas insulares más remotos»
La persistencia de estos materiales subraya la urgencia de implementar políticas internacionales más estrictas. La Universidad del Pacífico Sur recalca que las estrategias limitadas, como el reciclaje de última etapa, resultan insuficientes para revertir el problema. Por ello, se propone la adopción de un Tratado Global sobre Plásticos que establezca límites firmes a la producción y prohíba el uso de aditivos tóxicos.
Finalmente, los científicos advierten que, aunque la cantidad de microplástico por individuo sea baja por ahora, la exposición constante representa un riesgo de acumulación a largo plazo para la salud humana. La contaminación marina no solo pone en riesgo la biodiversidad, sino que cuestiona la sostenibilidad alimentaria de las comunidades que dependen críticamente del mar para su supervivencia.
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