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Alerta de la OMS: ¿Por qué los edulcorantes no ayudan a bajar de peso?

En el transcurso de los últimos años, el uso de sustitutos del azúcar ha experimentado un aumento considerable, posicionándose como una supuesta alternativa “saludable”. Estos componentes se encuentran frecuentemente en refrescos de dieta, productos etiquetados como “sin azúcar”, golosinas, postres e incluso alimentos formulados específicamente para quienes intentan reducir su masa corporal. No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido una advertencia que pone en entredicho estas prácticas: los edulcorantes no representan la solución definitiva que gran parte de la población imagina.

Durante el mes de mayo de 2023, la OMS presentó una directriz alimentaria actualizada en la cual desaconseja la utilización de edulcorantes no nutritivos para el manejo del peso corporal y la prevención de patologías crónicas, debido a la ausencia de beneficios contundentes en el largo plazo.

¿Qué implican los edulcorantes no nutritivos?

Estas sustancias se definen como aditivos que aportan un sabor dulce sin añadir calorías, o bien, con un aporte energético mínimo. Pueden tener un origen artificial o natural y se distinguen por poseer un potencial endulzante significativamente mayor al del azúcar común.

Dentro de las variedades más utilizadas en la industria se encuentran:

  • Aspartamo
  • Sucralosa
  • Sacarina
  • Acesulfame K
  • Glucósidos de esteviol (estevia)

Históricamente, estos productos han sido promovidos como herramientas fundamentales en la lucha contra la obesidad y la diabetes; sin embargo, las investigaciones científicas más recientes cuestionan seriamente dicha utilidad.

El veredicto de la OMS sobre los sustitutos

(Freepik)

Según las conclusiones del organismo internacional, el consumo habitual de edulcorantes no contribuye a sostener la pérdida de peso de forma prolongada, ni logra disminuir de manera determinante la probabilidad de sufrir enfermedades no transmisibles.

La evidencia científica actual no muestra una reducción sostenida de la grasa corporal. Por el contrario, la ingesta de largo aliento de estas sustancias podría estar vinculada con un incremento en el riesgo de padecer diabetes tipo 2, trastornos cardiovasculares y tasas de mortalidad.

Además de no aportar ningún valor nutricional indispensable, estos productos fomentan la persistencia del gusto por los sabores extremadamente dulces, lo que dificulta la adopción de hábitos alimenticios realmente saludables y transformadores.

¿Existe un riesgo mayor comparado con el azúcar?

Si bien la OMS no declara de forma taxativa que los edulcorantes sean “peores” que el azúcar, sí aclara que ninguno de los dos elementos es necesario ni saludable cuando su ingesta es excesiva.

Es importante recordar que el azúcar añadida mantiene una relación directa con:

  • Obesidad
  • Caries dentales
  • Diabetes
  • Enfermedades metabólicas

En contraparte, el análisis de los edulcorantes revela que:

  • No resuelven de fondo el problema del sobrepeso.
  • No educan al organismo para disminuir la dependencia al sabor dulce.
  • Podrían generar efectos adversos si se consumen de manera ininterrumpida.

Bajo esta perspectiva, reemplazar el azúcar por edulcorantes no garantiza automáticamente una dieta más equilibrada.

Las recomendaciones de la OMS están dirigidas a:

  • Tanto adultos como niños.
  • Personas que tienen como objetivo reducir su peso.
  • Consumidores habituales de artículos denominados “light” o libres de azúcar.

No obstante, esta directriz excluye a las personas que ya tienen un diagnóstico de diabetes. Para este grupo específico, los edulcorantes pueden mantenerse como una herramienta útil siempre que formen parte de un manejo clínico bajo supervisión profesional.

¿Cuál es la alternativa recomendada?

Lo ideal es reducir o eliminar el consumo de azúcar y edulcorantes (Foto: Calidra)

La OMS propone una estrategia más clara y efectiva: reducir el nivel de dulzor en la alimentación diaria, en lugar de simplemente sustituir un tipo de endulzante por otro.

Las pautas generales para mejorar la salud incluyen:

  • Priorizar el consumo de alimentos naturales y mínimamente procesados.
  • Limitar la ingesta de bebidas azucaradas y sus versiones dietéticas.
  • Preferir el consumo de frutas enteras sobre productos procesados con endulzantes.
  • Entrenar nuevamente al paladar para tolerar y disfrutar sabores menos dulces.

En conclusión, ni el azúcar ni los sustitutos artificiales son aliados del bienestar cuando se abusa de ellos. La evidencia respalda una premisa fundamental: el cambio real reside en disminuir la dependencia sensorial al sabor dulce, no en buscar un reemplazo para el mismo.

Esta advertencia de la OMS representa un giro crucial en el debate sobre nutrición, obligando a reevaluar productos que durante décadas se vendieron como opciones “más sanas”, pero que hoy se encuentran bajo un riguroso escrutinio científico.

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