En el marco de las recientes excarcelaciones de prisioneros de conciencia en Venezuela, ocurridas tras la caída del régimen de Nicolás Maduro, una sombra de tragedia ha empañado el reencuentro de varias familias. Las madres de Jorge Yéspica, Kevin Orozco y Ramón Centeno, quienes dedicaron años a la defensa incansable de sus hijos, fallecieron en un intervalo de menos de una semana. La salud de estas mujeres se vio gravemente comprometida por una espera agobiante que, lamentablemente, no concluyó en el alivio que tanto anhelaron.
Aunque el proceso de liberación fue publicitado por la estructura chavista como una acción de reconciliación y apertura, diversos organismos defensores de los derechos humanos denunciaron la falta de transparencia del mecanismo. Las organizaciones señalaron que no existieron cronogramas claros ni decisiones judiciales definitivas, operando bajo esquemas de revisión de medidas con severas restricciones legales. Para las familias de estos tres hombres, el beneficio llegó en un momento de agotamiento extremo.

El adiós de Carmen Dávila: Una despedida sin conciencia
El caso de Carmen Dávila es uno de los más desgarradores. La mujer, que tenía cerca de 90 años de edad, falleció sin tener conocimiento de que su hijo finalmente había abandonado la prisión. Mientras ella se encontraba hospitalizada en estado crítico, Jorge Yéspica Dávila fue liberado el pasado 20 de enero tras permanecer más de un año bajo custodia en el estado Aragua. El médico, quien enfrentó cargos por presunta incitación al odio tras difundir un video crítico contra la administración anterior, logró llegar al centro de salud donde estaba su madre, pero ella ya se encontraba inconsciente. Carmen murió el 22 de enero sin poder cruzar palabra con él.
A pesar de su avanzada edad, Carmen Dávila fue un pilar en las manifestaciones públicas, donde se la veía frecuentemente portando carteles exigiendo la libertad de su hijo y alertando sobre su propia salud deteriorada. Poco antes de que Yéspica fuera excarcelado, una crisis de presión arterial provocó su internamiento definitivo. Jorge Yéspica, ginecólogo de 66 años, había sido arrestado el 1 de noviembre de 2024 al salir de una intervención quirúrgica y permaneció en el Centro Penitenciario de Aragua (Tocorón) bajo condiciones de aislamiento.

La angustia de Yarelis Salas y la espera en Tocorón
Un día antes del deceso de Carmen, el 21 de enero, se confirmó la muerte de Yarelis Salas, de apenas 39 años, madre del joven Kevin Orozco. Salas sufrió un infarto fulminante poco después de participar en una vigilia a las afueras de la cárcel de Tocorón, donde su hijo estaba recluido desde julio de 2024 tras las protestas posteriores a las elecciones. La noticia fue denunciada por el dirigente sindical Emilio Negrín, quien en su momento solicitó una medida humanitaria urgente para que Orozco pudiera despedirse de su progenitora.
Sin embargo, la libertad para Kevin Orozco, de 25 años, no llegó a tiempo para el último adiós. El joven fue excarcelado cuatro días después del entierro de su madre y fue recibido por su abuela en San Pedro de los Altos, en el estado Miranda. Según la organización Justicia, Encuentro y Perdón, la muerte de Salas fue consecuencia de una
“vigilia marcada por la angustia, el cansancio y la esperanza de una buena noticia que nunca llegó”
.

Omaira Navas: Una lucha de cuatro años
El 27 de enero se sumó la pérdida de Omaira Navas, madre del periodista Ramón Centeno. Su hijo había sido liberado el 14 de enero tras cuatro años de injusto cautiverio. Navas murió debido a un accidente cerebrovascular (ACV). Durante todo el tiempo que Centeno estuvo preso, ella fue la voz principal en la denuncia de las irregularidades del caso y en la exigencia de atención médica para el comunicador.
Ramón Centeno había sido vinculado con una presunta red de narcotráfico, acusaciones que gremios periodísticos calificaron sistemáticamente como fabricadas. En prisión, el periodista sufrió un grave deterioro físico que lo obligó a usar una silla de ruedas. Tras la muerte de su madre, Centeno expresó su dolor a través de un mensaje público:
“Mi mamá luchó hasta verme libre. No descansó ni un solo día”
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Instituciones como el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y el Colegio Nacional de Periodistas lamentaron el fallecimiento de Navas, resaltando que la mujer no pudo disfrutar plenamente de la compañía de su hijo en libertad debido al daño irreversible causado por los años de espera y persecución.

Un proceso marcado por la opacidad
Estas tres muertes exponen la fragilidad del proceso de excarcelación en el país. El Foro Penal ha denunciado que el régimen ha utilizado a los presos políticos como fichas de negociación, ejecutando liberaciones arbitrarias sin listados oficiales ni notificaciones previas a los familiares. Muchos detenidos han salido de los centros de reclusión sin actas de libertad ni identificación formal.
Para estas familias, la justicia ha llegado de forma incompleta. Estas madres fallecieron sin observar la recuperación plena de sus hijos y sin que el Estado asumiera la responsabilidad por los daños físicos y psicológicos infligidos. En estos casos, la libertad fue una concesión tardía y discrecional que no pudo evitar el desenlace fatal provocado por años de incertidumbre.
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