En la actualidad, la sociedad atraviesa una era definida por la hiperconectividad digital, un fenómeno que ha provocado que el contacto físico sea desplazado por la constante atención a los dispositivos electrónicos. Pese a este cambio en las dinámicas sociales, el organismo humano mantiene una estructura biológica ancestral que requiere de la presencia física, la cercanía y el contacto piel con piel para funcionar correctamente.
Desde los campos de la psicología y la psiquiatría, se ha sostenido durante años que los vínculos humanos no representan únicamente un apoyo emocional, sino que constituyen un pilar fundamental para la estabilidad mental. El hecho de sentirse respaldado y valorado genera reacciones fisiológicas medibles en el cuerpo, las cuales ocurren cuando el individuo experimenta una sensación de seguridad en compañía de otros seres humanos.
Dentro de las diversas manifestaciones de afecto, el abrazo se destaca como una acción cotidiana que, con frecuencia, es subestimada. A menudo se realiza de forma mecánica y breve, sin embargo, investigaciones científicas recientes sugieren que la calidad y el impacto de este gesto dependen directamente de su ejecución y temporalidad.
El especialista en psiquiatría Fernando Mora ha profundizado en esta temática a través de sus plataformas digitales, planteando la siguiente interrogante:
“¿Sabes cuánto tiene que durar un abrazo para que realmente tenga beneficios sobre tu salud mental? Pues hay un estudio que ha medido los efectos de los abrazos sobre la salud y el tiempo mínimo que tiene que durar”.

Los tres pilares biológicos de un abrazo
De acuerdo con las explicaciones del doctor Mora,
“un buen abrazo hace tres cosas”
principales en el organismo. La primera de ellas es la activación del sistema nervioso parasimpático. Este sistema es el responsable de inducir un estado de relajación y calma después de periodos de tensión, una función vital en un entorno actual marcado por altos índices de ansiedad y estados de alerta permanentes.
El segundo proceso es de carácter neuroquímico. Según el experto, este gesto
“Aumenta la liberación de oxitocina, la hormona de las relaciones sociales, del vínculo y del amor”
. Esta sustancia está directamente vinculada con la generación de confianza y la creación de apego seguro entre las personas, ya que el cerebro interpreta el contacto físico como un mensaje de protección y cuidado.
Finalmente, el tercer beneficio se relaciona con la gestión del estrés crónico. Los abrazos
“Reducen el exceso de cortisol”
. Aunque el cortisol es necesario para responder ante peligros inmediatos, su presencia elevada de forma constante resulta perjudicial para la salud física y psicológica. Un contacto físico sostenido actúa como un regulador que frena esta sobrecarga bioquímica.
La regla de los veinte segundos
Respecto a la duración necesaria para obtener estos resultados, el doctor Mora es categórico:
“Pues son veinte segundos”
. El especialista aclara que
“Un buen abrazo tiene que durar al menos veinte segundos para conseguir todos esos efectos”
, puesto que el sistema biológico requiere de ese lapso para procesar la señal de seguridad y ejecutar los mecanismos internos de autorregulación.
Esta afirmación se sustenta en una investigación de psicólogos estadounidenses publicada en 2023 en la revista científica International Journal of Environmental Research and Public Health. Dicho estudio indica que
“el contacto afectivo, como los abrazos, funciona como señal de seguridad social que puede modular los sistemas neuroendocrinos relacionados con el estrés”
. Asimismo, la investigación menciona marcos teóricos como la Generalized Unsafety Theory of Stress y la Social Baseline Theory, las cuales proponen que las señales de afecto físico permiten una menor activación del eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal), moderando las respuestas físicas ante situaciones estresantes.
Complementariamente, se cita otro trabajo del 2023 publicado en Behavioral Medicine, donde se realizó un experimento controlado.
“Antes del estrés, el grupo de contacto cálido se sometió a un período de 10 minutos de tomarse de las manos mientras veían un video romántico, seguido de un abrazo de 20 segundos con su pareja”
, describe el documento. Los hallazgos revelaron que quienes recibieron este contacto previo presentaron niveles de presión arterial sistólica, diastólica y frecuencia cardíaca significativamente menores en comparación con el grupo que no tuvo interacción física.
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