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Impacto inesperado: Aire limpio acelera el daño en corales marinos

En el año 2020, la Organización Marítima Internacional (OMI) puso en marcha una estricta normativa global para limitar el contenido de azufre en los combustibles utilizados por embarcaciones. El propósito fundamental era loable: disminuir la incidencia de la lluvia ácida y mitigar enfermedades respiratorias al reducir el tope permitido de este químico del 3,5% al 0,5%. No obstante, un grupo de investigadores ha detectado consecuencias imprevistas y alarmantes para los ecosistemas oceánicos.

De acuerdo con una investigación difundida por la revista Communications Earth & Environment, la eliminación de la “niebla” contaminante, que anteriormente funcionaba como un escudo solar protector, ha derivado en un incremento del estrés térmico sobre los arrecifes. Este fenómeno ha intensificado el blanqueamiento masivo de corales en la emblemática Gran Barrera de Coral, situada al noreste de Australia, justo en un periodo donde el calentamiento global de los océanos ya tiene a estas estructuras biológicas al borde del colapso.

El análisis fue liderado por expertos de la Universidad de Melbourne, el National Marine Science Centre y el Finnish Meteorological Institute. Los hallazgos detallan de qué manera las modificaciones químicas en las emisiones del transporte marítimo alteraron el frágil balance entre la radiación solar y la temperatura del agua en las costas australianas.

La vulnerabilidad coralina tras la limpieza atmosférica

El proceso de blanqueamiento constituye la respuesta de emergencia de los corales ante un estrés extremo. Se trata de una ruptura en la relación simbiótica con las algas microscópicas que habitan en sus tejidos, las cuales les otorgan nutrición y sus llamativos colores. Cuando el agua se calienta en exceso, el coral expulsa a estas algas, quedando en un estado de debilidad extrema, totalmente blanco y desprovisto de su fuente primaria de energía.

Los aerosoles de sulfato generados por barcos actuaban como un escudo solar, protegiendo a los corales de la radiación más intensa (DAVID GRAY / AFP)

Aunque el cambio climático es el motor principal del calentamiento oceánico, los científicos advierten que la situación se torna letal cuando existe una radiación solar excesiva. En este contexto, los aerosoles de sulfato jugaban un rol determinante antes de la nueva normativa de 2020. Las partículas de azufre emitidas por los buques creaban una capa brillante en la atmósfera que actuaba como un espejo, rebotando la luz solar hacia el espacio y refrescando la superficie marina. Al implementarse combustibles más ecológicos, esta barrera artificial se desvaneció.

Las cifras presentadas en el estudio son reveladoras: durante febrero de 2022, previo a un severo evento de blanqueamiento, la ausencia de estos aerosoles permitió la entrada de 11 vatios adicionales de energía solar por metro cuadrado (W/m²) directamente sobre el arrecife, en comparación con los periodos previos a la regulación internacional.

Dicha magnitud refleja la intensidad energética que golpea la superficie oceánica. Esa carga térmica extra, que antes era interceptada por la contaminación y devuelta a la atmósfera, es ahora absorbida por el mar. Al mantenerse esta condición durante el día, el agua se calienta de forma persistente, elevando la temperatura superficial en momentos donde los corales son más vulnerables.

Los especialistas estimaron que este excedente de radiación genera un incremento en la temperatura del agua de entre 0,05 y 0,15 °C. A pesar de parecer un margen estrecho, en ecosistemas que operan en su límite de tolerancia, esto equivale a un aumento del 5% al 10% en el estrés térmico actual. El modelo indica que el antiguo efecto de “enmascaramiento” brindaba una protección sustancial, especialmente en jornadas de cielo despejado.

Vientos suaves y cielos despejados permiten que la radiación solar extra impacte de lleno sobre el arrecife y aumente el daño en los corales, mientras que las nubes los protegen (Imagen Ilustrativa Infobae)

Es importante destacar que este impacto fluctúa según las condiciones meteorológicas locales. En días de calma total y cielos limpios, la energía solar impacta con toda su fuerza sobre el arrecife, disparando el blanqueamiento. Por el contrario, la presencia de vientos fuertes o nubosidad abundante ayuda a mitigar este efecto nocivo.

Esta paradoja ambiental pone de manifiesto la complejidad de las soluciones climáticas. Volver a combustibles altos en azufre no es una alternativa viable debido a sus efectos perjudiciales en la salud humana y el medio ambiente. Por ello, la comunidad científica sugiere la necesidad de crear un reemplazo “limpio” para el efecto escudo que se ha perdido tras la descarbonización del transporte marítimo.

La propuesta se centra en diseñar intervenciones que logren disminuir la radiación solar incidente, emulando la capacidad de enfriamiento de los aerosoles antiguos pero de forma segura, mientras se continúa con la tarea prioritaria de reducir los gases de efecto invernadero que calientan el planeta de forma global.

Tecnología para mapear la química del aire marino

Para sustentar estas afirmaciones, el equipo de investigación empleó el sistema WRF-Chem, una herramienta avanzada que permite simular la química de la atmósfera y el clima. Además, se utilizó el modelo STEAM, capaz de rastrear con precisión las emisiones individuales de cada barco en las rutas comerciales.

El delicado equilibrio entre salud pública y protección ambiental exige nuevas estrategias para evitar daños irreversibles en los arrecifes (REUTERS/Lucas Jackson)

Las pruebas digitales se enfocaron en tres etapas con climas diferenciados: del 18 al 28 de febrero de 2022 (previo al blanqueamiento masivo) y dos periodos en febrero de 2023 donde no hubo blanqueamiento. El estudio confirmó que en 2022 hubo una mayor concentración de aerosoles debido a vientos suaves del norte, mientras que en años posteriores, los vientos del sureste actuaron como un limpiador natural, impidiendo la acumulación de partículas sobre el área protegida.

Al contrastar la realidad actual con un escenario hipotético bajo las reglas anteriores a 2020, se confirmó que la reducción de dióxido de azufre (SO₂) y sulfatos superó el 75%. Otros elementos, como los óxidos de nitrógeno, no mostraron cambios significativos, lo que apunta al azufre como el único responsable del cambio en la radiación recibida por el mar.

El reto de conservar arrecifes con cielos más limpios

La investigación plantea una encrucijada ética y técnica: una política de salud pública exitosa ha generado un daño colateral en un ecosistema esencial. Los expertos advierten que, durante los días más calurosos, la regulación pudo haber incrementado en un 10% las probabilidades de que se dieran las condiciones idóneas para el blanqueamiento coralino.

Seis eventos de blanqueamiento masivo ocurrieron en la Gran Barrera de Coral en los últimos ocho años, una cifra alarmante para la biodiversidad (UNIVERSIDAD DE WOLLONGONG)

Bajo este panorama, se analiza si la tecnología podría replicar este “efecto espejo” de forma ecológica. Una de las alternativas propuestas es el Marine Cloud Brightening (abrillantamiento de nubes marinas), que consiste en la aspersión de nano-cristales de sal marina para aumentar la reflectividad de las nubes sin contaminar. Sin embargo, se aclara que esta técnica depende de condiciones atmosféricas específicas y requiere mucha más experimentación previa.

Con la Gran Barrera de Coral enfrentando seis crisis de blanqueamiento masivo en menos de una década, este estudio deja una lección crítica: las políticas ambientales están intrínsecamente ligadas. La transición hacia un aire más limpio es fundamental, pero debe ir de la mano con estrategias integrales que contemplen y prevengan los efectos rebote en la naturaleza.

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