En las profundidades gélidas del Ártico habita el tiburón de Groenlandia, un depredador que se ha convertido en el centro de atención de la biología moderna debido a su inigualable longevidad. Según diversos estudios científicos, estos ejemplares poseen una esperanza de vida que oscila entre los 250 y los 500 años, estableciendo un récord absoluto de supervivencia entre todos los vertebrados que se conocen actualmente en el planeta.
Un corazón que desafía la medicina convencional
Las dimensiones de este animal son tan imponentes como su edad. Un equipo de investigadores liderado por Alessandro Cellerino, perteneciente a la Scuola Normale Superiore de Pisa, analizó individuos que superaban los tres metros de longitud. Se estimó que estos ejemplares tenían entre 100 y 150 años, lo que curiosamente representa apenas una etapa temprana en su extenso ciclo vital. No obstante, lo que más ha sorprendido a la comunidad científica no es solo su edad, sino cómo sus órganos resisten el paso de los siglos.
La investigación encabezada por Cellerino determinó que el sistema cardiovascular del tiburón de Groenlandia presenta una acumulación masiva de indicadores de envejecimiento. Específicamente, se detectó una fibrosis severa y la presencia de moléculas vinculadas al estrés de las células. En la fisiología humana, un nivel de fibrosis similar sería diagnóstico de una enfermedad cardíaca terminal o insuficiencia grave, reduciendo drásticamente la funcionalidad del corazón. Sin embargo, en el caso de estos tiburones, este deterioro estructural no parece mermar su salud ni comprometer su capacidad de supervivencia.

Análisis molecular: ¿Un error del microscopio?
Para profundizar en este fenómeno, se realizó un análisis detallado de los corazones de seis tiburones de Groenlandia, conformados por cuatro hembras y dos machos. Durante el estudio, los expertos hallaron niveles extraordinarios de lipofuscina y nitrotirosina. La lipofuscina es un residuo metabólico derivado del daño en las mitocondrias que se agrava con los años, mientras que la nitrotirosina es un indicador directo de procesos inflamatorios crónicos y estrés oxidativo.
“Realmente asombrosa”
La cantidad de estos marcadores era tan elevada que el propio Alessandro Cellerino confesó haber pensado inicialmente que se trataba de un fallo en los instrumentos de laboratorio. No obstante, tras aplicar técnicas avanzadas de microscopía electrónica y fluorescencia de alta resolución, se confirmó que la fibrosis y los depósitos moleculares eran reales. Aquí es donde surge la paradoja biológica: a pesar de tener un corazón visiblemente dañado bajo los estándares tradicionales, el tiburón de Groenlandia no presenta fallas en su función cardíaca. Según el investigador, el animal no evita el daño celular, sino que parece haber evolucionado para tolerarlo de manera eficiente.

Comparativa con otras especies marinas
Para poner en perspectiva estos hallazgos, el equipo científico comparó los resultados con otras dos especies de ciclos de vida opuestos: el tiburón linterna de vientre aterciopelado (Etmopterus spinax), que vive un máximo de 11 años, y el pez killi turquesa (Nothobranchius furzeri), cuya existencia se reduce a unos pocos meses en entornos africanos. Los contrastes fueron reveladores. Mientras el tiburón de Groenlandia exhibía un corazón altamente fibrótico, las otras dos especies carecían totalmente de esta condición.
Respecto a la nitrotirosina, el indicador de inflamación masiva fue exclusivo del gigante del Ártico. Elena Chiavacci, investigadora de la Escuela Normal Superior, puntualizó lo siguiente sobre la comparativa:
“En cuanto a la nitrotirosina, el tiburón de Groenlandia muestra una acumulación masiva, mientras que el tiburón linterna no muestra ninguna”

Nuevos horizontes en el estudio del envejecimiento
Estos descubrimientos sugieren que la clave para una vida ultra larga no reside necesariamente en la ausencia de daños, sino en mecanismos de reparación o tolerancia que aún no comprendemos del todo. Joao Pedro Magalhaes, especialista de la Universidad de Birmingham, destaca que estos datos obligan a replantear lo que sabemos sobre el envejecimiento a nivel celular. Los resultados indican que procesos como la fibrosis no son sinónimos de enfermedad en todas las especies vertebradas.
Históricamente, la ciencia ha utilizado modelos de vida corta como ratones o gusanos para estudiar la vejez. Sin embargo, Magalhaes sostiene que estudiar a seres excepcionales como el tiburón de Groenlandia o la ballena de Groenlandia es fundamental para descubrir estrategias biológicas inéditas que podrían, en un futuro, ayudar a fomentar un envejecimiento saludable en los seres humanos. La capacidad de estos animales para mantener su funcionalidad orgánica en condiciones de alto estrés oxidativo sigue siendo uno de los mayores enigmas de la biología contemporánea.
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