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Alimentos que pierden calidad y seguridad al guardarlos en la nevera

Aunque existe la creencia generalizada de que la refrigeración es la solución universal para conservar comida, la evidencia científica sugiere lo contrario para varios productos cotidianos. De acuerdo con investigaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), HealthDay y la base de datos PubMed, el uso inadecuado de la heladera puede degradar la calidad e incluso comprometer la inocuidad de alimentos como el atún en conserva o el pan.

Impacto en conservas y panadería

El caso del atún en lata es emblemático. La FAO sostiene que, mientras la lata permanezca cerrada, no debe ingresarse al refrigerador. La humedad del electrodoméstico puede provocar la corrosión del metal, poniendo en riesgo el envase y su contenido. Además, las bajas temperaturas alteran el aceite de cobertura:

“En las conservas en aceite, el frío induce una cristalización de los triglicéridos que afecta la funcionalidad del producto”

, señala el organismo internacional.

Por otro lado, el pan experimenta un fenómeno contraproducente en ambientes fríos. La FAO explica que el almacenamiento a una temperatura de 7 °C acelera el endurecimiento de la miga hasta seis veces más rápido que si se mantuviera a 25 °C. Esto ocurre debido a la retrogradación del almidón, que transforma la textura suave en una consistencia seca, quebradiza o excesivamente gomosa.

La conservación del pan en heladera acelera su endurecimiento y lo vuelve menos apetecible debido a la retrogradación del almidón - (Canva)

Efectos en la miel y el aceite de oliva

La miel es otro producto que sufre bajo el frío intenso. Según los datos de la FAO, las bajas temperaturas disparan la cristalización de los azúcares, lo que resulta en una textura endurecida difícil de manipular. Además, si el frasco absorbe humedad dentro de la heladera, podrían activarse procesos de fermentación indeseados que arruinarían el producto.

El aceite de oliva tampoco encuentra beneficios en la refrigeración. La institución advierte que el frío genera enturbiamiento y la solidificación de sus componentes, lo que dificulta su uso inmediato en la cocina. El informe técnico detalla que:

“A temperaturas bajas, aparecen grumos blanquecinos y la textura se vuelve semisólida”

. Aunque este cambio es reversible al recuperar la temperatura ambiente, afecta la experiencia culinaria.

El aceite de oliva se enturbia y solidifica en la heladera, complicando su uso y alterando momentáneamente sus propiedades culinarias - (Europa Press)

Vegetales y hortalizas sensibles

Las hortalizas de origen tropical, entre las que se encuentran el tomate, la berenjena y la calabaza, son víctimas del denominado daño por frío. Tanto PubMed como la FAO destacan que la exposición a temperaturas excesivamente bajas provoca degradación celular, pardeamiento y una pérdida notable del perfil de sabor. En el caso específico de la calabaza, los daños metabólicos internos pueden ocurrir mucho antes de que sean perceptibles a la vista. El tomate, si se mantiene a menos de 12 °C, pierde su aroma característico y desarrolla una textura harinosa en su pulpa.

En cuanto al ajo y la cebolla, el ambiente de la heladera resulta perjudicial. La FAO indica que el frío estimula una germinación prematura y ablanda los bulbos. Asimismo, la alta humedad favorece la aparición de moho, mientras que sus compuestos azufrados pueden impregnar y contaminar el aroma de otros alimentos cercanos.

Papa, ajo y cebolla desarrollan problemas de textura y seguridad alimentaria cuando se exponen a temperaturas bajas y alta humedad en la heladera - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El riesgo de la acrilamida en las papas

Un peligro particular reside en la papa. La FAO alerta que las bajas temperaturas transforman el almidón del tubérculo en azúcares, proceso conocido como endulzamiento. Al someter estas papas a procesos de fritura o asado, se produce la reacción de Maillard, la cual genera acrilamida, un compuesto con potencial toxicidad que afecta tanto la seguridad del alimento como su color final.

Frutas tropicales y maduración

Frutos como la palta, la sandía y la banana muestran una clara incompatibilidad con el frío extremo. La FAO especifica que el refrigerador bloquea las enzimas que convierten el almidón en azúcar en la banana, impidiendo que madure correctamente. El resultado es un fruto duro, sin dulzor y con la piel oscurecida; al respecto, el organismo advierte que

“la banana sufre de ‘quemaduras por frío’”

. En la palta, el frío detiene la maduración y puede causar daños internos si se refrigera cuando aún está verde.

Hortalizas y frutas tropicales como berenjena, tomate, banana y palta sufren daños celulares, pérdida de sabor y maduración si se refrigeran - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Nutrientes en la sandía

Por su parte, la sandía ofrece un dato revelador compartido por HealthDay: mantener las sandías enteras a temperatura ambiente favorece el incremento de antioxidantes vitales como el beta-caroteno y el licopeno. Refrigerar la fruta entera detiene esta mejora nutricional, por lo cual solo se recomienda su ingreso a la heladera una vez que ha sido cortada, con el fin de evitar la contaminación bacteriana.

En conclusión, las recomendaciones de la FAO sugieren limitar el uso de la heladera para carnes, lácteos y frutas previamente troceadas. Para los demás alimentos mencionados, un almacenamiento en lugares frescos, ventilados y libres de humedad garantiza una mejor preservación de sus propiedades y seguridad para el consumidor.

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