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Silvia Severino explica por qué nos obsesiona el rechazo ajeno

En el contexto de una sociedad orientada hacia agradar al prójimo, obtener validación externa se ha transformado en un comportamiento obsesivo para un gran número de personas. Ya sea en las interacciones cotidianas cara a cara o en el entorno de las plataformas digitales, el reconocimiento de terceros no funciona solo como un alivio, sino que llega a condicionar y dirigir las decisiones emocionales de los individuos.

Existe una contradicción recurrente en la conducta humana: habitualmente, las personas tienden a ignorar a quienes les demuestran un interés genuino, mientras que aquellos sujetos distantes o que ejercen un rechazo directo provocan una intensa inquietud interna. No se trata simplemente de un golpe al orgullo, sino de una atracción extraña hacia lo que no se puede tener. Esta persistencia, que suele confundirse con el deseo, es en realidad un fenómeno psicológico mucho más profundo.

Este comportamiento es cada vez más frecuente en los vínculos afectivos contemporáneos, generando interrogantes sobre los motivos que nos llevan a insistir con alguien que no nos elige. ¿Qué se busca al intentar convencer a alguien de nuestro valor cuando ya ha marcado una distancia clara? Sobre este tema, la especialista en psicología Silvia Severino es categórica al señalar:

“¿Sabías que solo te obsesionas con aquellas personas que te rechazan?”

La psicóloga Silvia Severino explica el motivo por el que muchas personas se obsesionan con quienes los rechazan. (Freepik)

El control y la falta de validación propia

La experta Silvia Severino aclara que esta obsesión no es producto del azar, sino que responde directamente a un mecanismo de control. Según explica la profesional:

“Te obsesionas porque estás intentando controlar la situación para lograr conseguir el resultado que deseas, ya sea validación o aprobación”.

De acuerdo con el análisis de la psicóloga, el rechazo posee una carga emocional que trasciende la simple negativa, impactando en la autopercepción de los individuos. Severino sostiene que:

“El rechazo no es solo un ‘no’, es una señal que toca nuestro ego y despierta esa necesidad de ser aceptados y sentirnos queridos”.

Una vez que este engranaje se activa, la mente suele entrar en una espiral obsesiva difícil de gestionar.

Desde este punto de vista, este tipo de obsesiones suelen ser indicadores de una carencia interna. La búsqueda desesperada de reconocimiento fuera de uno mismo funciona como un parche momentáneo para vacíos emocionales. En palabras de la psicóloga:

“Es como si buscaras fuera aquello que hace falta dentro”.

Esto se refleja en conductas típicas como esperar respuestas a mensajes ignorados, reinterpretar gestos ambiguos o intentar dar significado a ausencias prolongadas con la esperanza de cambiar la realidad.

El rechazo como parte inevitable de la vida

Silvia Severino introduce una perspectiva necesaria para desmitificar el fracaso personal: ser rechazado es una faceta normal y frecuente de la vida humana. Ella enfatiza lo siguiente:

“Quiero decirte que habrá muchas más personas a quien no les gustes, pero eso no quiere decir que algo esté mal en ti”.

Este enfoque es fundamental en una cultura donde el valor de una persona suele medirse equivocadamente por la aceptación social que recibe.

En lugar de ver la negativa de otro como una derrota definitiva, la psicóloga recomienda considerarlo como una oportunidad de trabajo personal. Según la experta:

“Vivir este tipo de situaciones nos invita a trabajar nuestra seguridad y autoestima y a comprender que la validación debe provenir principalmente de nosotros mismos”.

Por lo tanto, el objetivo no debe ser modificar la opinión del otro, sino robustecer la relación con el propio ser.

Finalmente, esta reflexión pone en tela de juicio la dependencia actual de la mirada de terceros. Silvia Severino es enfática al concluir que

“No podemos dejar que nuestro valor dependa de lo que piensen los demás

. La recomendación final de la profesional es aprender a soltar lo incontrolable:

“Suelta la validación externa porque solo encontrando validación interna rompes el ciclo”.

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