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Diego Céspedes estrena ‘La misteriosa mirada del flamenco’

La historia del séptimo arte ha explorado el western desde múltiples ángulos: desde el blanco y negro hasta el color, y desde los parajes nevados hasta la aridez del desierto. Sin embargo, pocas propuestas resultan tan singulares como el reciente estreno de Diego Céspedes. Con su ópera prima titulada La misteriosa mirada del flamenco, el cineasta propone una reinterpretación queer de este género clásico que inmortalizaron figuras de la talla de John Ford o Sergio Leone.

El recorrido internacional de la cinta ha sido notable. Tuvo su debut en el prestigioso Festival de Cannes, logrando alzarse con el galardón a la Mejor película en la categoría Un Certain Regard (Una cierta mirada). Esta sección es reconocida por haber impulsado obras de renombre como Captain Fantastic, Largo viaje hacia la noche o Liberté del realizador Albert Serra. Posteriormente, la producción aterrizó en el Festival de San Sebastián, donde obtuvo el Premio de la Juventud, y actualmente consolida su éxito con una nominación a los Premios Goya en la categoría de Mejor película iberoamericana.

A pesar de beber de la estética del western, el relato de Diego Céspedes no se sitúa en el siglo XIX, sino en la década de los años 80 en su Chile natal. La trama se desarrolla en el polvoriento desierto andino, donde Lidia, una niña de once años, crece rodeada de una familia queer que vive en la marginalidad absoluta en los límites de un tosco pueblo minero. El entorno señala a los protagonistas como responsables de una extraña patología que comienza a extenderse. Según las creencias locales, este mal se propaga a través de una simple mirada cuando un hombre se enamora de otro, convirtiendo el afecto en una amenaza latente frente a la cual el hogar es el único refugio.

Una amalgama de géneros y emociones

Sobre la naturaleza de su obra, el director Diego Céspedes ha explicado que la película no se encasilla rígidamente en un solo estilo, sino que fluye según la perspectiva de su protagonista infantil. En palabras del realizador:

«Creo que, en el fondo, es una película muy respetuosa con los géneros que transita, sin preguntarse tanto a dónde van como lo que suponen para el estado de ánimo de las protagonistas. Por momentos vemos el western, hay venganza y violencia. Y de repente va hacia el terreno ‘telenovelesco’. Y también está ese aspecto fantástico que emerge de la tierra. Así que es una película que navega por una montaña rusa no solo de emociones, sino también de géneros, y que se va adaptando a cómo una niña ve el mundo“.

Aunque la tensión y la violencia remiten a las dinámicas clásicas de «indios y vaqueros», la película utiliza estas convenciones para visibilizar a las minorías que se ven reflejadas en la familia de Lidia. La supuesta maldición que persigue a los personajes funciona como una potente metáfora del estigma histórico vinculado al SIDA. Céspedes enfatiza la necesidad de reflexionar sobre estos temas en la actualidad, especialmente ante el resurgimiento de posturas intolerantes en la sociedad contemporánea.

El director sostiene que rescatar estos relatos de exclusión es fundamental para entender los desafíos del presente. Al respecto, el cineasta advirtió sobre el clima social actual:

«El mundo de hoy está viviendo una ola de un discurso de odio tan grande que da miedo. Entonces creo que hay que revisitar historias violentas del pasado para hablar sobre el presente».

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