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La fascinante vida de Larry Fine: entre el éxito y el despilfarro

La trayectoria vital de Larry Fine fue, en esencia, un reflejo de las disparatadas situaciones que protagonizaba frente a las cámaras. Este hombre complejo tuvo que lidiar con una realidad igualmente intrincada, moviéndose entre el humor absurdo que cautivó a generaciones y una vida personal marcada por altibajos dramáticos. A pesar de los años transcurridos, el estilo cómico que ayudó a cimentar parece mantener una vigencia sorprendente en la cultura actual.

Aunque el mundo lo conoció como Larry Fine, su nombre real era Louis Feinberg. Junto a los hermanos Moe y Curly Howard, formaron un trío de desatinados que intentaban resolver problemas cotidianos con una torpeza legendaria. Su dinámica era una amalgama perfecta que recordaba a figuras como Chaplin o El Gordo y el Flaco, pero con un matiz mucho más caótico y directo.

Los compañeros de Larry, Moe y Curly Howard, también usaban nombres artísticos; originalmente se llamaban Moses y Jerome Horwitz. Curiosamente, el apodo de Curly (Rulitos) resultaba irónico dado que era totalmente calvo. Moe, Curly y Larry armaron aquella maravilla que se dio en llamar Los Tres Chiflados, un grupo de actores de origen judío que inyectó una energía irreverente a la incipiente industria de Hollywood. Con el tiempo, se integraría otro hermano, Shemp (Samuel Horwitz), convirtiendo al grupo en una formación flexible de talentos cómicos.

Con Mabel, su esposa, vivieron casi una década en hoteles, almorzaban y cenaban en restaurantes de primer nivel, se hacían regalos caros, pagaba cenas para propios y ajenos

El ascenso a la gloria cinematográfica

La consolidación del trío ocurrió tras un paso exitoso por espectáculos en vivo y sus primeras experiencias en el cine. En el año 1934, decidieron tomar las riendas de su producción y firmaron un vínculo contractual con Columbia Pictures. Durante el periodo comprendido entre ese año y 1946, desarrollaron una vasta serie de cortometrajes —cerca de novecientos en total, con noventa protagonizados por el trío clásico— que les otorgaron fama mundial y cuantiosas ganancias. A pesar de que la productora consideró en 1957 que el fenómeno había concluido, el tiempo demostró que la risa es un recurso inagotable.

Dentro de la estructura del grupo, Moe ejercía como el líder autoritario que imponía orden mediante golpes y bofetadas. Curly representaba la inocencia desastrosa, el niño en cuerpo de adulto que lo arruinaba todo. Por su parte, Larry Fine, aquel hombre complejo metido en una vida compleja, era el equilibrio, el fiel de la balanza, el buscador de la armonía. Larry destacaba físicamente por su cabello desordenado a los costados, un estilo que facilitaba los constantes tirones de pelo que recibía de Moe como parte de sus rutinas.

El universo de Los Tres Chiflados se definía por el caos absoluto: caídas espectaculares, explosiones inofensivas, proyectiles que impactaban en cabezas sin causar daño y, por supuesto, los clásicos pastelazos en el rostro. Era un espectáculo de malabarismo físico y slapstick puro que no dejaba espacio para la calma.

Larry Fine era un mal administrador de su dinero, había caído en las manos del juego: lo podían los casinos y, en parte, las carreras de caballos

Fortuna, adicciones y generosidad

A pesar del inmenso éxito financiero, la estabilidad económica no fue una constante para Larry. Ganó sumas exorbitantes pero perdió gran parte de ellas; era adicto al juego y poseía una generosidad desmedida. Los dólares que no se quedaban en las mesas de apuestas terminaban a menudo como préstamos a personas que nunca se los devolvieron. Larry vivió con opulencia, pero la vida lo golpeó con la misma fuerza con la que él intentaba hacer reír a los demás.

El origen de su carrera artística es casi accidental. Nacido en Filadelfia el 5 de octubre de 1902, era hijo de los joyeros Joseph y Fanny Lieberman. Siendo apenas un niño pequeño, Larry ingirió accidentalmente un ácido utilizado por su padre para limpiar metales. Aunque sobrevivió, el químico causó daños graves en su brazo derecho. Como parte de un tratamiento de rehabilitación muscular, su madre lo inscribió en clases de violín, instrumento que terminaría dominando con gran habilidad.

El violín le dio a Larry la oportunidad de pisar un escenario por primera vez. Aunque también probó suerte en el boxeo amateur como peso liviano, su padre lo obligó a abandonar el ring. Posteriormente, tras un breve e infructuoso intento de trabajar en la joyería familiar —donde terminó despedido por contar chistes a los empleados—, su hijo había descubierto que podía, y sabía, hacer reír, tarea difícil si las hay, y decidió probar suerte en el teatro.

El trío de comediantes, famosos por sus caídas, bofetadas y pastelazos, popularizó un humor físico y absurdo que sigue vigente en la cultura pop mundial (Columbia)

El camino hacia Los Tres Chiflados

Adoptando definitivamente el nombre de Larry Fine, fue descubierto por el productor Gus Edwards, quien vio en él un talento versátil capaz de bailar, tocar el violín y hacer comedia. Tras años recorriendo los circuitos de vodevil en Boston y Nueva York, Larry conoció a Mabel Haney. A pesar de las diferencias religiosas iniciales, se casaron en junio de 1926, momento en el cual ella se convirtió al judaísmo, manteniendo una unión que duraría décadas.

Los Tres Chiflados, integrados por Moe, Curly y Larry, revolucionaron el humor en Hollywood con más de novecientos cortometrajes producidos entre 1934 y 1946

Su entrada al trío definitivo fue producto de la casualidad. Mientras trabajaba en un club nocturno de Chicago, fue reclutado por Ted Healy para unirse a los hermanos Moe y Shemp. La oportunidad se concretó tras el cierre del club por violar la Ley Seca y el trágico suicidio del dueño del lugar, Fred Mann, lo que dejó a Larry sin compromisos previos. Mann se suicidó y Larry quedó de pronto libre de ataduras: se unió a Los Tres Chiflados.

En el set de filmación, Larry solía incluir toques personales. Por ejemplo, exigía que cada vez que los chiflados soñaban con alguna mujer y decían sus nombres, Larry pronunciaba el de Mabel, su mujer. También recordaba con humor las trampas de los directores para lograr reacciones genuinas, como cuando Jules White coordinó un pastelazo sorpresa:

«A veces nos quedábamos sin pasteles y el utilero los rehacía con gran habilidad, con lo que recogía del suelo: polvo, clavos, astillas, tachuelas… Y otro drama era el de simular que vos no sabías cuándo te iban a dar el pastelazo. Una vez, el director Jules White me dijo: ‘Ahora, Moe te va a dar con el pastel en la cara a la cuenta de tres’. Pero a Moe le dijo: ‘Dale con el pastel a la cuenta de dos’. Yo nunca llegué a contar hasta tres: Moe me dio el pastelazo a la cuenta de dos. Y fue toda una sorpresa»

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Un final marcado por la pérdida

La vida personal de los Fine fue un constante derroche. Durante una década vivieron en hoteles de lujo como el Knickerbocker en Hollywood, evitando las responsabilidades domésticas y gastando fortunas en viajes y cenas caras. La vida del matrimonio Fine era un despilfarro absoluto. No fue sino hasta 1940 que adquirieron una casa en California, motivados por la crianza de sus hijos, Phyllis y John.

Larry Fine murió el 24 de enero de 1975, a los setenta y dos años y por una hemorragia cerebral (Ulvis Alberts)

Sin embargo, la tragedia no tardó en llegar. Con la cancelación de sus cortos en 1957, la situación económica empeoró debido a que la pasión de Fine por el juego hizo desastres en el presupuesto familiar. A esto se sumó la muerte de su hijo John en un accidente de auto en 1961 y el fallecimiento de Mabel en 1967 tras un ataque cardíaco.

Hacia el final de sus días, una hemiplejía lo obligó a retirarse, pasando sus últimos años en una clínica para celebridades. Allí escribió sus memorias, tituladas Stoke of Luck (Golpe de suerte). En ellas, juzgó que su vida había sido un regalo del azar, desde el día que casi bebe ácido, hasta el encuentro que dio origen a Los Tres Chiflados.

Larry Fine falleció el 24 de enero de 1975 a los 72 años. Solo tres meses después, su leal amigo Moe también moriría, cerrando definitivamente uno de los capítulos más importantes de la historia de la comedia mundial.

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