Trump redefine el orden mundial con aranceles y despliegue militar

La captura militar del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, se ha consolidado como un hito determinante en la reconfiguración de la estrategia exterior de los Estados Unidos durante el segundo periodo presidencial de Donald Trump. Esta maniobra de gran escala, precedida por meses de tensiones en el campo diplomático y una movilización constante de tropas en el Caribe, puso de manifiesto la intención de Washington de ejercer su fuerza militar fuera de sus límites territoriales. Este movimiento no solo generó diversas reacciones en América Latina, sino que también endureció la relación con naciones como Cuba, México y Canadá. Bajo esta premisa, el gobierno actual ha trazado un nuevo rumbo global apoyado en dos pilares: la expansión de su capacidad bélica y la implementación de aranceles económicos, incluso contra aliados, reviviendo una doctrina Monroe renovada que busca frenar el avance de potencias como China y Rusia.

Guerra comercial y nuevos aranceles

Tras retomar el mando en el año 2024, una de las determinaciones más inmediatas fue la intensificación de las barreras comerciales. Estas medidas de presión económica no se limitaron a los rivales de siempre, sino que alcanzaron a socios estratégicos como la Unión Europea, México y Canadá. El Departamento de Comercio enfocó estos gravámenes en áreas críticas, incluyendo:

  • Acero y aluminio.
  • Productos agrícolas.
  • Industria de vehículos y semiconductores.
  • Sectores energéticos y farmacéuticos.

Por su parte, las naciones europeas intentaron negociar para reducir el impacto, logrando finalmente aceptar un arancel del 15 % sobre las importaciones, lo que evitó la aplicación de tasas de hasta el 27,5 % que inicialmente se proyectaban para la industria automotriz. En cuanto a la relación con China, se vivió un periodo de alta fricción que derivó en un pacto para retirar los impuestos mutuos tras una fase de negociaciones tensas.

El retorno del Poder Duro

Desde el inicio de su gestión, Donald Trump ha priorizado el uso del denominado «poder duro», vinculando la coacción económica con la proyección militar. Este lineamiento quedó plasmado en la nueva hoja de ruta de Seguridad Nacional diseñada por el Departamento de Estado, la cual exige la preeminencia estadounidense en el hemisferio norte y demanda que sus aliados se alineen incondicionalmente en temas de estabilidad y defensa. Un ejemplo de esta política fue la operación militar en Yemen ejecutada en marzo contra los rebeldes hutíes, quienes cuentan con el soporte de Irán; dicha acción tuvo como objetivo principal salvaguardar el tránsito en las rutas del mar Rojo tras una serie de ataques.

«Éxito espectacular»

La ofensiva contra Irán se volvió más severa después de que la administración de Washington denunciara la continuidad del desarrollo nuclear en ese país. En el marco del conflicto directo entre Irán e Israel, el presidente Trump dio luz verde a incursiones aéreas que resultaron en la destrucción de tres centros nucleares, resaltando la planta de Fordo, donde se empleó armamento de alta penetración. El líder estadounidense no dudó en calificar esta misión como un “éxito espectacular”, asegurando que se había neutralizado la capacidad atómica iraní. De forma simultánea, el Pentágono intensificó sus ataques contra el Estado Islámico en territorios de Siria e Irak, sumando un total de aproximadamente 80 operaciones durante el primer año de gobierno.

Influencia en América y el Ártico

El operativo en Venezuela tuvo un doble propósito: desmantelar el presunto respaldo estatal a redes de narcotráfico y enviar un mensaje de dominio en América Latina. Tras la aprehensión de Maduro, Estados Unidos incrementó sus advertencias hacia Cuba y elevó la fricción con sus vecinos del norte, México y Canadá. En este contexto, surgieron informes sobre declaraciones de Trump sugiriendo que Canadá podría ser considerado un objetivo para una eventual anexión.

Asimismo, la mirada de la Casa Blanca se ha posado sobre Groenlandia, territorio vinculado a Dinamarca. Washington busca expandir su control en esta zona argumentando la necesidad de competir con Rusia y China en la región del Ártico. Ante esto, las potencias europeas han intentado reaccionar mediante maniobras militares y gestiones diplomáticas que, hasta el momento, no han logrado frenar las pretensiones estadounidenses.

Cambio de rumbo en Ucrania y la OTAN

En lo que respecta al conflicto en el este de Europa, la administración actual dio un giro drástico. A diferencia de la gestión previa que apoyó masivamente a Kiev, el gobierno de Trump ha optado por reducir la asistencia militar y buscar canales de comunicación con Moscú para finalizar la invasión iniciada en febrero de 2022. Este cambio de postura quedó en evidencia durante el primer encuentro oficial entre Trump y Volodimir Zelenski, marcado por un fuerte desencuentro público; el equipo estadounidense acusó a Kiev de propiciar que la guerra se extienda y de elevar el riesgo de una confrontación global.

Esta redistribución de recursos bélicos ha generado un clima de tensión con los socios de la OTAN. Durante una cumbre celebrada en La Haya, el gobierno de Trump consiguió que los países miembros se comprometieran a elevar su gasto en defensa al 5 % de su Producto Interno Bruto en un periodo de diez años. Esta exigencia fue acompañada por la amenaza de que Estados Unidos podría disminuir o retirar el respaldo militar que tradicionalmente ha otorgado al continente europeo.

Mediación y conflicto en Oriente Próximo

La presencia estadounidense en Oriente Próximo también ha sido activa en otros frentes. Se brindó un apoyo explícito a Israel en sus acciones contra Hezbolá en el Líbano y Hamás en la Franja de Gaza. Al mismo tiempo, la Casa Blanca impulsó una propuesta de cese al fuego para Gaza que fue aceptada por diversos actores de la región, posicionando a Washington como una figura central en la toma de decisiones, a pesar de que los términos del acuerdo han sido señalados por favorecer ampliamente a los intereses de Israel.

Balance económico interno

Como parte de un resumen de este primer año, la Casa Blanca defiende que su política de intervencionismo y rigor económico ha propiciado un estado de “máxima prosperidad” para la nación. Según declaraciones oficiales del mandatario, el país goza de bajos niveles de inflación y un mercado de valores con cifras récord. No obstante, este enfoque agresivo ha forzado a los aliados en Europa y Asia a replantear sus estrategias ante la incertidumbre y la profunda reconfiguración de las alianzas globales impulsada desde Washington.

Fuente: Infobae

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