Arleth Riofrío, quien vive en Guayaquil, paga $ 500 de alquiler por un departamento en el norte de la ciudad.
Aparte paga $ 100 cada mes en luz, agua e internet, $ 120 en comida y otros $ 300 en transporte y recreación, pues no tiene auto y se moviliza en taxis.
Está intentando ahorrar entre $ 120 y $ 150 cada mes, pero admite que se le dificulta. Para emergencias tiene sus tarjetas de crédito, que están reservadas solo para ese propósito.
Cada mes gana cerca de $ 1.500 por su trabajo en una empresa. Además tiene una fuente secundaria de ingresos, pues ofrece servicios de fotografía para bodas y eventos, lo cual le puede representar entre $ 500 y $ 1.000 dependiendo de la temporada.
“Yo creo que el costo de vida en Guayaquil en cuanto a alquiler es muy alto si quieres vivir en un sector decente. Es un problema grande, tuve inconvenientes al buscar sitios donde vivir porque hay departamentos en lugares como Urdesa que son muy caros, fue complicado encontrar un lugar como a mí me gustaría en menos de $ 400″ considerando que el sueldo básico unificado para 2026 es de $ 482, señala Arleth.
La canasta básica de diciembre de 2025 en Guayaquil, calculada a base de una familia de 4 miembros que percibe 1,6 salarios básicos unificados, estuvo situada en $ 839,32, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos.
Esto incluye rubros de alimentos y bebidas, vivienda, indumentaria y otros gastos, como salud, educación y transporte.
Así, Guayaquil es la tercera ciudad más cara del país detrás de Cuenca y Quito, cuyas canastas básicas para diciembre de 2025 fueron de $ 861,45 y $ 842,96 respectivamente.
No obstante, los precios varían según los distintos grupos y subgrupos de la canasta básica. Las carnes, por ejemplo, son más caras en Guayaquil ($ 55,59) que en Quito ($ 43,97), a pesar de que el costo general de alimentos en la capital es más elevado.
El alquiler en Guayaquil ($ 180,75) también es más costoso que en Quito ($ 164,23).
Sin embargo, estos precios representan un promedio, y no corresponden a la experiencia de muchos habitantes de estas ciudades.
A diferencia de Arleth, Silvia Paz, de 52 años, vive con su hijo, su padre y su tía, lo cual multiplica sus gastos. Gasta entre $ 150 y $ 200 en comida cada mes, $ 200 entre luz y agua y $ 120 en gasolina, $ 145 entre cable, internet y servicio de telefonía, $ 80 para mantenimiento de la casa y $ 200 para medicinas y visitas médicas para su padre, un adulto mayor.
Evelyn García, economista y directora de investigación del Tecnológico Universitario Argos, cree que la diferencia entre el alquiler en Guayaquil en contraste a Quito se debe en parte a la búsqueda de una percepción de mayor seguridad en el Puerto Principal.
“Necesitan una percepción de seguridad, donde mi familia esté más tranquila, entonces se hace una presión en los precios para que los alquileres suban”, indica García.
La inseguridad en Guayaquil tiene efectos todavía poco estudiados en el costo de vida, por ejemplo en los hábitos de compras de las familias.
En mercados tradicionales, donde los costos son menores que en supermercados, los vendedores están afectados por vacunas, añadiendo a la percepción de inseguridad, dice García, lo cual lleva a los consumidores a gastar más en lugares que creen más seguros o a pedir su comida por medio de aplicaciones móviles.
Otro aspecto es la adquisición de planes de seguros para vehículos y de vida.
“Incluso hay aseguradoras, y lo digo por un caso personal, que ya no cubren cuando hay pérdida completa del vehículo, o que cubren, pero solo si se paga también el valor del GPS (…). Eso quiere decir que la canasta básica también debe contemplar estos costos adicionales”, explica García.
La forma de calcular la canasta básica, añade, no refleja la realidad de la mayoría de los ecuatorianos, pues asume que el núcleo familiar de cuatro personas percibe 1,6 salarios básicos.
Sonia Zurita, directora del EMBA de Espae, escuela de negocios de la Espol, concuerda con García en que la inseguridad afecta al costo de vida, indicando que las empresas incurren en costos mayores en seguridad, lo cual podría ser trasladado a los consumidores.
“La logística de las empresas para trasladar sus productos es diferente ahora en comparación a hace cinco o diez años (…). En algún momento lo van a terminar pasando al consumidor final”, dice Zurita, agregando que el factor de inseguridad debería ser ponderado en la medición de la canasta básica.
Evitar el transporte público por la inseguridad también podría aumentar el costo promedio del transporte en la ciudad, añade. (I)