“Otro sueño cumplido. Visitar todos los países del mundo 196/196. Ahora, todos los continentes 7/7”, fue el emotivo mensaje que Nicolás Pasquali compartió en sus redes sociales el pasado 2 de enero tras desembarcar en la Antártida. Para este viajero de 34 años, haber alcanzado el séptimo continente representó mucho más que un simple sello en el pasaporte; fue la culminación de un proyecto de vida que inició hace más de diez años.
Pasquali, quien ya ostentaba el título de ser el primer argentino en recorrer la totalidad de las naciones reconocidas a nivel global, cerró con este viaje un ciclo que lo llevó desde las metrópolis más modernas de Europa hasta zonas de conflicto, archipiélagos remotos y pequeñas aldeas en los rincones más aislados del mapa. Según explicó, este era el último eslabón que le faltaba para completar su mapa personal.
“Lo último que me faltaba no era un país, era un continente”
El explorador detalló que la demora en llegar a este destino no se debió a impedimentos burocráticos, sino a factores externos. “A diferencia de otros destinos, la Antártida no depende de visas ni de fronteras políticas, sino de ventanas climáticas muy precisas. La temporada turística va de mediados de octubre a fines de marzo o principios de abril, cuando el verano del hemisferio sur suaviza las temperaturas y permite la navegación”, puntualizó Nicolás sobre la logística necesaria para acceder al territorio helado.
La expedición hacia el confín del mundo
La travesía inició con un vuelo desde Buenos Aires hacia Ushuaia, punto de partida de la expedición marítima. El joven optó por viajar con Antarpply Expeditions, destacando que es la única firma de capitales argentinos en el rubro. “Para mí era importante que el viaje también tuviera ese sello local. El capitán, la tripulación y yo éramos los únicos argentinos entre los 90 pasajeros a bordo. Había viajeros de 19 nacionalidades distintas, entre alemanes, suecos, japoneses, australianos, españoles, estadounidenses”, recordó.
Uno de los momentos más curiosos de la vida a bordo fue la realización de un asado en alta mar, un detalle que aportó un ambiente hogareño a la rigurosa expedición. Nicolás pasó las festividades de Año Nuevo navegando bajo la luz solar constante, compartiendo con turistas de todo el mundo. A pesar de ser un barco de exploración, el navío ofrecía comodidades similares a un crucero, incluyendo camarotes, servicios gastronómicos y diversas actividades sociales.

Fiel a su personalidad extrovertida, el viajero decidió festejar su logro de una manera particular: se disfrazó de pingüino. “No había fiesta de disfraces, se me ocurrió a mí”, confesó entre risas. La celebración incluyó brindis con champagne y sesiones de karaoke, fortaleciendo el vínculo entre los pocos pasajeros y los miembros de la tripulación.
Navegando por las aguas más peligrosas
Tras abandonar Tierra del Fuego y cruzar el canal Beagle, la embarcación se adentró en el temido pasaje de Drake (o Mar de Hoces). Este tramo de 1.000 kilómetros une los océanos Atlántico y Pacífico, y es conocido mundialmente por su extrema hostilidad. Aunque la ida fue inusualmente tranquila, el regreso mostró la verdadera fuerza de la naturaleza.
“El trayecto demora dos días y medio de navegación”, explicó Pasquali. Durante el retorno, se enfrentaron a olas de siete metros de altura, provocando que los objetos se desplazaran por las habitaciones y generando malestar físico en varios tripulantes, aunque sin consecuencias graves.

Superar el pasaje de Drake fue, en sus palabras, como ingresar a una dimensión distinta. “Fue como atravesar un portal. La noche desapareció y el sol nos acompañó durante las nueve jornadas que duró la travesía. Podían ser las tres de la mañana y estaba completamente de día. Era muy flashero, como entrar en otro mundo, tipo Narnia”, describió con asombro.
El histórico desembarco en la Península Antártica
El arribo no fue directo al continente. Primero visitaron islas periféricas como la Isla Media Luna. Sin embargo, para Nicolás el momento definitivo ocurrió el 2 de enero de 2026, cuando finalmente pisó suelo continental en la península. “No es lo mismo decir ‘pasé por la Antártida en barco’ que decir ‘la caminé’”, afirmó tras recibir su certificación oficial.
Debido a estrictas normativas ambientales, solo embarcaciones con menos de 100 pasajeros pueden realizar desembarcos constantes, condición que su barco cumplía satisfactoriamente. En la inmensidad del silencio blanco, Nicolás sintió finalmente que su periplo global había concluido: “Ahí sí sentí que se cerraba el círculo”.

Experiencias extremas en el continente blanco
Lejos de ser un sitio estático, la Antártida ofreció al argentino diversas actividades:
- Polar plunge: Nadó en aguas con temperaturas cercanas a los cero grados. “Me tiré tres veces”, relató, logrando finalmente registrar la hazaña en video.
- Avistamiento de fauna: Observó orcas que nadaban junto al barco durante horas y pingüinos en su hábitat natural sobre glaciares flotantes.
- Trekking sobre glaciares: Caminatas por nieve virgen en una soledad absoluta.
- Navegación en zodiac: Uso de botes inflables para llegar a rincones inaccesibles donde pudo ver ballenas jorobadas y lobos marinos.
Presupuesto y nuevos horizontes profesionales
Visitar este destino requiere una inversión significativa. Los costos oscilan entre los 5.700 dólares (en ofertas de último minuto) y pueden superar los 10.000 dólares. Este valor cubre estadía, alimentación y excursiones, pero no incluye pasajes aéreos ni indumentaria técnica.
“El problema en Argentina no es tanto el precio, es el desconocimiento”, sostuvo el viajero, comparando el costo con viajes tradicionales a Europa. Actualmente, tras haber completado su meta, Pasquali reside en el barrio de Belgrano y se enfoca en dictar conferencias y brindar asesoría financiera.

Su experiencia le permite enseñar a otros cómo invertir para financiar grandes expediciones. Recordó con nostalgia sus inicios, cuando viajaba de forma precaria: “Antes viajaba con carpa, muy guerrero. Dormía en lugares muy básicos. Cocinaba cuando podía, o comía lo más barato y simple disponible”.

Aunque su récord no le ha otorgado beneficios económicos directos, le ha brindado un prestigio internacional invaluable. Nicolás ya vislumbra un nuevo desafío: visitar todos los países del mundo por segunda vez. Actualmente ya tiene más de 110 naciones repetidas y, de completar las 83 restantes, se convertiría en el cuarto ser humano en la historia en lograr tal proeza.
Fuente: Infobae