Este 19 de enero, la realeza del continente se ha unido para acompañar a la reina Sofía en uno de los momentos más dolorosos de su trayectoria personal. El pasado jueves 15 se produjo el deceso de su hermana, la princesa Irene de Grecia, quien por décadas fue su confidente más cercana y su principal pilar emocional. Tras una ceremonia de carácter íntimo en Madrid, los actos fúnebres se trasladaron a la capilla de Agios Eleftherios en Atenas, donde el mundo aristocrático rindió honores a la mujer recordada como la «princesa de los pobres».
La reina Sofía contó con el respaldo incondicional de los reyes Felipe y Letizia, además de la princesa Leonor y la infanta Sofía, quienes quisieron estar presentes en este trance. La representación de la familia Borbón fue numerosa: asistieron la infanta Elena con su hija Victoria Federica, y la infanta Cristina, quien acudió acompañada por varios de sus hijos.

La ausencia más comentada en este sepelio fue la del rey Juan Carlos, quien no pudo viajar para despedir a su cuñada. Reportes médicos sugirieron al monarca emérito evitar los desplazamientos consecutivos entre Madrid y Atenas, debido a que el esfuerzo físico exigido por ambos viajes resultaría demasiado extenuante para su salud en un lapso tan corto.
En contraste, diversos miembros de la realeza europea se hicieron presentes para mostrar su solidaridad con la familia en este delicado momento. El funeral estuvo definido por la sobriedad y el respeto, funcionando como un homenaje a una figura que siempre prefirió la discreción y el compromiso con la paz, manteniéndose voluntariamente fuera del foco mediático internacional.

Tras concluir la capilla ardiente, el féretro de la princesa Irene fue conducido en un solemne cortejo hacia la Catedral Metropolitana de Atenas. La comitiva estuvo encabezada por los hijos de la reina Ana María: los príncipes Pavlos, Nikolaos —quien se mostró visiblemente conmovido al despedir a su tía y madrina— y Philippos. En el exterior del templo, el jefe de la Casa Real helena se encargó de recibir a los asistentes, entre los que se encontraba el príncipe Christian de Hannover.
En el interior del recinto sagrado se congregaron múltiples integrantes de la Familia Real griega, liderados por la reina Ana María. Junto a ella estuvieron la princesa Alexia y su esposo Carlos Morales, así como los príncipes Constantino, Achileas y Arístides. No faltaron la princesa Teodora con su marido, Matthew Kumar, ni Nina Flohr y Chrysi Vardinogiannis, esposas de los príncipes Philippos y Nikolaos, respectivamente.

El último adiós también reunió a delegaciones de otras casas soberanas. Destacaron el príncipe Alejandro de Yugoslavia y su esposa Katherina Batis, el mencionado Christian de Hannover, y Simeón Hassan, hijo de la princesa Kalina de Bulgaria, todos unidos para acompañar a los deudos en esta emotiva despedida.
El legado y la herencia de la princesa Irene de Grecia
La existencia de Irene de Grecia estuvo ligada por un vínculo indisoluble a dos naciones: su patria griega por nacimiento y España por convivencia. Su permanencia en el Palacio de la Zarzuela durante más de cuarenta años consolidó una relación profunda con la Familia Real Española, dejando un recuerdo imborrable en el entorno de la monarquía.

Esta estrecha conexión ha generado interrogantes sobre el destino de su patrimonio histórico. Se maneja la hipótesis de que su legado joyero podría ser transferido a los Borbón, con la posibilidad de que piezas específicas se reserven para la princesa Leonor y la infanta Sofía en el futuro.

Entre las alhajas más valiosas resalta una tiara de brillantes con un centro circular y siete semicírculos laterales, la cual Irene utilizó en su presentación oficial en el Palacio Real de Atenas. Otra pieza de gran valor es una joya polivalente de brillantes y perlas que perteneció a su madre, la reina Federica. Este diseño puede utilizarse como tiara o broche, y se cree que fue cedido por la reina Sofía a Irene como símbolo de unidad.
El inventario se completa con diversos collares de perlas, pendientes de brillantes y un collar de diamantes que sigue el estilo de su tiara principal. No obstante, una de las piezas más distintivas es un pendentif con una gema de gran tamaño en forma de pera, rodeada por diamantes, considerada una de las joyas más icónicas del patrimonio personal de la princesa.
Fuente: Infobae