La empresa Power Construction Corporation of China (PowerChina) ha obtenido la adjudicación para la construcción del ferrocarril que conectará el Megapuerto de Chancay con la sierra central del Perú. Este movimiento ha generado una ola de reacciones debido a la expansión de la influencia china en áreas estratégicas del país andino. El proyecto se percibe como un motor logístico, pero también despierta temores sobre la soberanía nacional y la posibilidad de una dependencia estructural a largo plazo.
Esta nueva infraestructura ferroviaria contempla una extensión de 120 kilómetros y requiere una inversión cercana a los USD 420 millones. Su función principal será agilizar el traslado de minerales fundamentales para la industria tecnológica y la transición energética, tales como el cobre y el litio. Gracias a esta vía directa hacia el Pacífico, se estima que las compañías mineras logren ahorrar más de USD 1.500 millones anuales en gastos de logística.
No obstante, diversos analistas señalan que los beneficios del proyecto parecen concentrarse en firmas bajo control o participación china. Empresas como Chinalco, encargada de la mina Morococha, y el consorcio que recientemente asumió el control de la mina Raura, son los principales actores beneficiados. Estas organizaciones destinan su producción casi íntegramente al mercado de Asia, lo que acentúa el perfil exportador del Perú hacia esa región.
Desde el sector técnico, Pedro Isique, del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP), destacó la pericia de las constructoras asiáticas en terrenos complejos. Isique manifestó lo siguiente:
“Para los ingenieros chinos, atravesar grandes alturas no representa un problema técnico insuperable, ya que poseen el ‘know-how’ de haber construido los pasos ferroviarios más elevados del planeta”
A pesar de esta capacidad técnica, existe una preocupación latente sobre cómo el dominio extranjero en estas obras podría frenar el desarrollo de tecnología propia y la autonomía operativa nacional.

Impacto laboral y desafíos de sostenibilidad
Se prevé que la fase de construcción genere empleo directo para más de 8.000 ciudadanos peruanos, dinamizando la economía en las áreas de influencia. Sin embargo, expertos sugieren que este impacto podría ser transitorio. El desafío reside en si habrá una verdadera transferencia de conocimientos hacia proveedores locales y si la cadena de valor integrará de forma efectiva a las empresas nacionales frente al predominio de los capitales de China.
La presencia de China en sectores clave como energía, minería e infraestructura ha modificado el equilibrio de poder en la región sudamericana. Esta expansión no solo busca fines comerciales, sino que responde a una visión geopolítica que ha puesto en alerta a Estados Unidos.
Tensiones geopolíticas con Estados Unidos
En este contexto de rivalidad, Andrés Gómez de la Torre, quien fuera director de la Escuela de Inteligencia Nacional, vincula estos avances con la reciente modernización de la Base Naval del Callao, la cual cuenta con el respaldo de Washington. Sobre la situación actual, Gómez de la Torre señaló:
“Estamos en un escenario de competencia portuaria en el Pacífico sur, eso es claro, pero este proyecto también forma parte de una política exterior y de seguridad que hoy el Perú exhibe más alineada a los Estados Unidos”
La Casa Blanca ha enviado señales claras de su preocupación. Entre ellas, destaca el trámite para declarar a Perú como aliado principal no miembro de la OTAN. Además, el nuevo embajador estadounidense en Lima, Bernardo Navarro, manifestó ante el legislativo de su país su inquietud por el peso de las inversiones chinas en sectores estratégicos peruanos, calificando al puerto de Chancay como un punto de especial sensibilidad.
Finalmente, se advierte que el gobierno peruano se encuentra en un delicado equilibrio. Por un lado, busca fortalecer su cooperación en seguridad con Estados Unidos, mientras que por otro, mantiene un vínculo comercial profundo e irreversible con China. Esta dualidad, según advierten los expertos, podría transformarse en un punto de fricción crítico para la política exterior del país y su relación bilateral con Washington.
Fuente: Infobae