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Europa evalúa respuestas drásticas ante amenazas de Trump por Groenlandia

Los estados europeos se encuentran en una encrucijada geopolítica sin precedentes. Por un lado, su dependencia de la seguridad de la OTAN proporcionada por Estados Unidos limita su rango de acción; por otro, la respuesta más firme ante las recientes presiones de Washington podría ser el despliegue de su propia «bazuca» comercial como medida de represalia.

A través de un mensaje difundido el sábado por la noche, el mandatario Donald Trump desarticuló meses de avances en diálogos comerciales. Este ultimátum sitúa a Europa en una ruta de colisión directa con quien fuera su aliado más cercano, transformándolo repentinamente en una de sus principales amenazas externas.

Mediante una publicación en Truth Social, Trump demandó formalmente un convenio para la adquisición de Groenlandia. De no concretarse, advirtió la imposición de aranceles a diversas naciones europeas, iniciando con un 10 por ciento en febrero y escalando a un 25 por ciento para el mes de junio.

Un callejón sin salida diplomático

Este anuncio parece haber dejado a los líderes europeos con un margen de maniobra extremadamente estrecho en un entorno global cada vez más hostil. Las alternativas para contrarrestar la postura de Trump son escasas y conllevan riesgos de repercusiones graves. La dirigencia del continente mantiene su rechazo rotundo a la entrega forzada de un territorio autónomo bajo soberanía de Dinamarca, país que integra tanto la Unión Europea (UE) como la OTAN.

Diversos analistas y funcionarios sugieren que el bloque europeo no tiene más opción que responder con firmeza, lo que implicaría un contraataque en el ámbito del intercambio comercial. Sin embargo, esta estrategia supone un costo elevado tanto para la economía regional como para la seguridad colectiva, considerando que la protección contra la invasión rusa en Ucrania aún depende del respaldo estadounidense.

«O luchamos una guerra comercial, o estamos en una guerra real», afirmó Jacob Funk Kirkegaard, investigador destacado del instituto Bruegel con sede en Bruselas.

Durante más de un año, las autoridades europeas han sostenido con firmeza que Groenlandia no está a la venta, enfatizando que el futuro de la isla debe ser determinado exclusivamente por su propia población y por el gobierno danés. Recientemente, un grupo de naciones europeas desplegó personal en la isla para realizar ejercicios militares, un gesto de unidad que podría haber desencadenado la reacción de Trump, dado que esos mismos países son los objetivos de los nuevos aranceles.

La seguridad del Ártico en disputa

Dichas maniobras militares tenían como fin ratificar el compromiso de Europa con la vigilancia en la región del Ártico. No obstante, Trump insiste en que el control estadounidense sobre Groenlandia es fundamental para garantizar la seguridad en dicha zona estratégica. Hasta hace poco, diplomáticos europeos consideraban que las amenazas de toma forzosa eran simples tácticas de negociación y esperaban calmar las tensiones mediante un aumento en el gasto de defensa.

Sin embargo, la obsesión del presidente estadounidense por la isla y su narrativa beligerante están dinamitando cualquier esperanza de que el diálogo sea efectivo. Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE. UU., reforzó esta postura en una reciente entrevista con la cadena NBC.

Bessent argumentó que la propiedad estadounidense del territorio sería «lo mejor para Groenlandia, lo mejor para Europa y lo mejor para Estados Unidos», sugiriendo incluso que el traspaso podría ocurrir mediante el uso de la fuerza militar. Además, sentenció que «los dirigentes europeos van a entrar en razón».

Preparativos para una contraofensiva comercial

Pese a las declaraciones de Washington, no hay señales de que Europa vaya a ceder. Tras el mensaje presidencial, parlamentarios europeos informaron la congelación de la ratificación del acuerdo comercial pactado el verano pasado entre Trump y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Simultáneamente, embajadores de las 27 naciones del bloque se dieron cita en Bruselas para una sesión de urgencia.

La respuesta técnica europea se centra en el «instrumento contra la coerción», conocido coloquialmente como la «bazuca» comercial. Esta herramienta fue diseñada para responder a presiones políticas mediante la imposición de restricciones a grandes corporaciones tecnológicas de Estados Unidos o proveedores de servicios con amplia presencia en el continente. No obstante, activar este mecanismo elevaría las tensiones transatlánticas a niveles críticos.

«La cuestión es: ¿hasta dónde quieres llegar?», cuestionó Penny Naas, especialista en políticas públicas del German Marshall Fund.

A pesar del conflicto, Von der Leyen intentó mantener una postura diplomática, señalando en redes sociales que el diálogo sigue siendo la vía esencial, aunque advirtió que la imposición de aranceles «arriesgaría una peligrosa espiral descendente».

Punto muerto en las negociaciones

Las gestiones diplomáticas previas han resultado infructuosas. Encuentros realizados en Washington entre representantes de Dinamarca y Groenlandia con el secretario de Estado Marco Rubio y el vicepresidente JD Vance terminaron sin acuerdos. Aunque inicialmente se habló de un grupo de trabajo, la Casa Blanca aclaró que su único fin es gestionar la «adquisición» de la isla.

Para Penny Naas, esto representa «pura fuerza bruta», asegurando que el mandatario no desistirá en su empeño. Mientras tanto, en Groenlandia, la población valora su sistema de salud universal y educación gratuita, beneficios que temen perder bajo una administración estadounidense.

La resistencia se ha extendido a otros líderes. Ulf Kristersson, primer ministro de Suecia, declaró tajantemente: «no nos vamos a dejar chantajear». Por su parte, el presidente francés Emmanuel Macron aseguró que «ninguna intimidación ni amenaza nos influirá», y se ha informado que solicitará formalmente activar la herramienta de represalias comerciales.

Incluso el Reino Unido, a través del primer ministro Keir Starmer, ha calificado las medidas de Trump como «completamente equivocada», a pesar de sus esfuerzos previos por mantener un vínculo estable con la administración estadounidense. Se espera que Lisa Nandy, ministra británica, busque un acercamiento con Trump durante el Foro Económico Mundial en Davos para tratar de mitigar esta crisis que amenaza la estabilidad global.

Fuente: Infobae

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