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Fin de la era González: Revolución Ciudadana busca un nuevo rumbo con Gabriela Rivadeneira al frente

Tras un periodo marcado por derrotas electorales presidenciales, tensiones internas y la salida de varios de sus cuadros más visibles, la Revolución Ciudadana (RC) llega a su convención nacional el 17 y 18 de enero de 2026 con el objetivo de renovar su dirigencia. Estos reveses se configuraron durante la presidencia de Luisa González, una etapa en la que el movimiento evidenció una crisis y un proceso de reacomodo interno.

González fue designada presidenta de la Revolución Ciudadana el 18 de noviembre de 2023 en la convención nacional realizada en el recinto ferial de Santo Domingo. La renovación de la cúpula se dio tras la salida de Aguiñaga, prefecta del Guayas, y contó con la participación virtual del expresidente Rafael Correa, quien mantiene el cargo honorífico de presidente vitalicio del movimiento. En ese mismo encuentro se designó a Alexandro Tonello como vicepresidente y a Andrés Arauz como secretario ejecutivo, junto con otros dirigentes cercanos al liderazgo histórico del correísmo.

Desde entonces, la presidencia de González coincidió con una etapa compleja para el movimiento, marcada por derrotas consecutivas en elecciones presidenciales, cuestionamientos a su liderazgo, tensiones con autoridades locales y la salida de varios dirigentes, en medio de un proceso de desgaste político interno.

González presidió un periodo de deterioro progresivo

Para el analista político y docente universitario Cristian Carpio, la presidencia de Luisa González coincidió con un deterioro progresivo de la cohesión interna del movimiento. A su criterio, uno de los principales problemas fue la falta de legitimidad política con la que asumió el cargo, en un contexto marcado por la derrota electoral y por cuestionamientos desde dentro del propio correísmo.

“Luisa González asume la presidencia del movimiento después de una derrota presidencial, pero sin haber construido previamente consensos internos. Eso generó una crisis de legitimidad, porque una parte importante de la militancia y de las autoridades electas no se sintió representada ni incluida en la toma de decisiones”, explicó Carpio.

El analista señaló que esta situación derivó en tensiones permanentes con autoridades locales y cuadros medios del movimiento. “Hubo conflictos con prefectos, alcaldes y asambleístas, que sentían que el partido se manejaba de manera centralizada, sin diálogo ni articulación territorial. Eso explica, en parte, las desafiliaciones y las rupturas que se hicieron públicas en este periodo”, indicó.

Carpio agregó que otro elemento clave fue el estilo de liderazgo de González. “Se cuestionó su forma de conducir políticamente al movimiento, su carácter y su capacidad de generar unidad. No logró consolidarse como una figura que cohesione, sino que su presidencia estuvo marcada por conflictos y una falta de claridad estratégica”, afirmó.

A esto se sumó, según Carpio, el rol de Rafael Correa. “Luisa González nunca logró construir una autonomía política real dentro del movimiento. Para muchos militantes, ella fue percibida más como una ejecutora de las decisiones del liderazgo histórico que como una presidenta con agenda propia. Eso debilitó su autoridad interna”, sostuvo.

La RC atraviesa su momento más complejo

En la misma línea, el analista político y exlegislador Héctor Muñoz consideró que la Revolución Ciudadana atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente, comparable con la ruptura ocurrida durante el gobierno de Lenín Moreno. A su juicio, la presidencia de González profundizó una crisis que ya venía gestándose.

“Este es uno de los peores momentos del correísmo. Hay una desconexión evidente entre la dirigencia nacional y los liderazgos territoriales que hoy sostienen al movimiento. Las mejores figuras de la RC están en las prefecturas y alcaldías, pero no se sienten representadas por una conducción que se maneja desde fuera del país”, afirmó Muñoz.

El analista y exlegislador apuntó a una ausencia de renovación política durante la gestión de González. “No hubo una lectura correcta del momento político del país. Se insistió en un discurso y en una forma de hacer política que funcionó hace más de una década, pero que hoy ya no conecta con amplios sectores del electorado”, manifestó.

Muñoz también se refirió a la salida de Marcela Aguiñaga como un punto de quiebre. “La ruptura con Aguiñaga es muy significativa. Era una de las dirigentes con mayor votación, con fuerte presencia territorial y una imagen más moderada. Su salida no solo evidencia una crisis interna, sino que debilita seriamente al correísmo en Guayas”, sostuvo.

Desde el interior del movimiento, el asambleísta de la Revolución Ciudadana Lenin Barreto defendió el proceso de renovación convocado para la convención nacional al señalar que la RC apunta a una reorganización integral de su estructura.

“Las expectativas son renovar la directiva nacional y también las directivas a nivel territorial, a nivel provincial, cantonal e incluso parroquial para fortalecer el movimiento político y hacer frente de manera democrática a este Gobierno”, afirmó.

Según Barreto, la apuesta es profundizar la organización interna y reforzar la presencia territorial del correísmo, en un contexto político que calificó como adverso para amplios sectores de la población.

El legislador reconoció que el movimiento atraviesa tensiones internas, pero restó dramatismo a esas diferencias y sostuvo que forman parte de la dinámica natural de una organización política amplia.

“Las tensiones internas siempre existen; nosotros somos compañeros y no necesariamente somos amigos”, señaló. En ese sentido, defendió que los desacuerdos se deben procesar a través de mecanismos formales y democráticos, como la convención nacional.

“Frente a estas tensiones existen los procesos democráticos, como los que vamos a tener este sábado y domingo”, dijo y remarcó que la renovación de la dirigencia busca canalizar las diferencias internas y proyectar una etapa de fortalecimiento del movimiento.

En tanto, con este panorama, la Revolución Ciudadana convocó a su convención nacional para el 17 y 18 de enero en Manta con el objetivo de renovar su directiva. Para este proceso se inscribió una sola lista, encabezada por Gabriela Rivadeneira, expresidenta de la Asamblea Nacional, quien se perfila como la próxima presidenta del movimiento. En la nómina constan también Luisa González, como candidata a la Secretaría Nacional de Asuntos Internacionales, Andrés Arauz, Gustavo Jalkh y otros dirigentes del correísmo.

Muñoz puntualizó que la posible llegada de Rivadeneira a la presidencia representa una señal de continuidad del liderazgo histórico del correísmo, más que un giro en la conducción del movimiento. A su criterio, es una figura identificada con la etapa más dura del proyecto político y con una relación cercana con Rafael Correa, lo que marca el perfil de la renovación planteada para la convención de enero de 2026.

Sobre esta eventual nueva directiva, Muñoz indicó que, si bien Rivadeneira cuenta con experiencia política y conocimiento de la estructura interna del movimiento, su perfil no necesariamente responde a las demandas de renovación que han expresado sectores del correísmo.

Muñoz considera que su eventual presidencia podría fortalecer la cohesión del ala más orgánica del movimiento, pero también profundizar las distancias con liderazgos territoriales que han planteado la necesidad de mayor apertura y autonomía en la toma de decisiones.

El balance de la presidencia de Luisa González

González no buscará la reelección como presidenta del movimiento, cerrando así una etapa en la que, bajo su conducción, la Revolución Ciudadana acumuló derrotas presidenciales y profundizó sus tensiones internas.

En los comicios generales de 2025, el binomio integrado por Luisa González y Diego Borja, en alianza con Renovación Total (RC-RETO), obtuvo el 44,14 % de los votos, frente al 55,86 % alcanzado por Daniel Noboa y María José Pinto, de Acción Democrática Nacional (ADN), según datos oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE), con más del 95 % de las actas escrutadas.

Este resultado se sumó a las derrotas previas del correísmo en 2023, cuando González perdió el balotaje frente a Noboa con el 48,17 %, y en 2021, cuando Andrés Arauz fue superado por Guillermo Lasso en la segunda vuelta con el 47,64 %. En el caso de 2025, aunque la RC logró aumentar su caudal electoral y superar el porcentaje que tradicionalmente se identificaba como su voto duro —en torno al 33 %—, no consiguió revertir el resultado final.

En contraste, el mejor desempeño electoral reciente de la Revolución Ciudadana se produjo en las elecciones seccionales de 2023, proceso que se desarrolló bajo la presidencia de Marcela Aguiñaga y antes de que Luisa González asumiera la conducción del movimiento. En esos comicios, la RC se consolidó como una de las fuerzas con mayor presencia territorial del país al alcanzar 48 alcaldías a escala nacional.

En la provincia del Guayas, el movimiento ganó alcaldías como Guayaquil, con Aquiles Alvarez, Milagro, Balao, Nobol, Palestina, Pedro Carbo, Simón Bolívar y Yaguachi. En Pichincha obtuvo la Alcaldía de Quito, con Pabel Muñoz. En Manabí logró triunfos en cantones como Jaramijó, Junín, Paján, Pedernales, Puerto López, San Vicente y Tosagua. También alcanzó alcaldías en capitales provinciales como Esmeraldas y Babahoyo, así como en cantones de Los Ríos, Santo Domingo de los Tsáchilas, Santa Elena y Sucumbíos.

Sin embargo, durante la presidencia de González ese poder territorial no se tradujo en una articulación política interna sólida. Por el contrario, el movimiento atravesó un periodo de tensiones, renuncias y salidas de dirigentes que se hicieron públicas entre finales de 2023 y 2025.

Al menos doce figuras del correísmo dejaron la organización tras discrepancias internas, entre ellas exasambleístas y dirigentes como Ferdinan Álvarez, Mónica Salazar, Milton Aguas, Xavier Jurado, Henry Bósquez, Marcela Holguín, Jhajaira Urresta, Sergio Peña, Carlos Vargas, Santiago Díaz, David Arias y Marcela Aguiñaga.

Uno de los episodios más relevantes fue precisamente la salida de Aguiñaga, prefecta del Guayas y una de las figuras con mayor votación en las seccionales de 2023. El 3 de diciembre de 2025 anunció su desafiliación del movimiento luego de 18 años de militancia. En declaraciones públicas señaló que fue despojada de su espacio dentro de la organización y atribuyó su salida a discrepancias con la dirigencia nacional. Su ausencia en la convención de Santo Domingo y su distanciamiento posterior evidenciaron la profundidad de la fractura interna.

En estos últimos meses tanto González como Correa sostuvieron públicamente una postura de no tolerar ambigüedades dentro del movimiento, línea que se reflejó en pronunciamientos y mensajes difundidos en redes sociales y declaraciones públicas frente a dirigentes que manifestaron desacuerdos o buscaron acercamientos con otros actores políticos.

En julio de 2025 se conoció además una carta firmada por cinco autoridades locales de la RC —las prefectas Marcela Aguiñaga y Paola Pabón, los prefectos Leonardo Orlando y Juan Lloret y el alcalde de Quito, Pabel Muñoz— en la que se advertía sobre una crisis interna del proyecto político y se planteaba la necesidad de una renovación. La dirigencia nacional negó una ruptura, mientras que Correa calificó la filtración del documento como una traición.

Fuente: El Universo

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