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Deforestación aumenta ataques de mosquitos a humanos en Sudamérica

La vasta región de la Mata Atlántica, un ecosistema que se despliega por el litoral oriental de Brasil —desde Río Grande del Norte hasta Río Grande del Sur— y que alcanza territorios de Paraguay y Argentina, enfrenta una crisis ecológica con consecuencias sanitarias directas.

En este territorio, la deforestación impulsada por actividades humanas ha provocado la fragmentación de los bosques y una drástica disminución de la fauna silvestre. Ante la escasez de sus presas naturales, los mosquitos han comenzado a modificar sus patrones alimenticios, incrementando su preferencia por la sangre de las personas.

Este fenómeno fue documentado en una investigación reciente publicada en la revista científica Frontiers in Ecology and Evolution. El estudio contó con la participación de destacados expertos como Jeronimo Alencar y Sergio Machado, junto a un equipo multidisciplinario de la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro, el Instituto Oswaldo Cruz (FIOCRUZ) y la Universidad Federal de Río de Janeiro.

La tala y urbanización en la Mata Atlántica redujeron a un tercio el ecosistema original y expulsado a gran parte de la fauna silvestre (Imagen ilustrativa Infobae)

Para las poblaciones asentadas en las cercanías de estas zonas boscosas, el cambio en la dieta de los insectos representa una amenaza crítica para la salud pública. Los científicos advierten que esta situación eleva las probabilidades de transmisión de virus como el dengue, el Zika, la chikungunya y la fiebre amarilla.

De acuerdo con el equipo de investigación, la pérdida de biodiversidad provocada por la tala de árboles sitúa a los seres humanos como el principal objetivo de alimentación de estos vectores. El doctor Machado, uno de los líderes del proyecto, explicó que el

“fenómeno observado en el Bosque Atlántico brasileño también podría estar ocurriendo en otras zonas de Latinoamérica donde la deforestación está avanzando”

.

Asimismo, el especialista subrayó que esta problemática no se limita únicamente a la región, señalando que

“más allá de Latinoamérica, podemos incluir otras partes del mundo donde el ecosistema está siendo perturbado por la acción humana, ya sea directamente con la deforestación y la caza de animales, o indirectamente, como por los contaminantes provenientes de otros países y el cambio climático que estamos experimentando”

.

La crisis de la fauna en la selva

Investigadores estudiaron cómo la deforestación en la Reserva Ecológica do Guapiaçu aumenta las picaduras de mosquitos a personas en Cachoeiras de Macacu, Río de Janeiro (Cecilia Ferreira de Mello)

Históricamente, la Mata Atlántica fue el hogar de una inmensa variedad de especies, incluyendo cientos de reptiles, aves y mamíferos. No obstante, las cifras actuales son alarmantes: solo se conserva un tercio de la superficie original de este ecosistema.

La expansión urbana y la tala indiscriminada han acorralado a la fauna local. Con el desplazamiento o desaparición de los animales, los mosquitos pierden su fuente habitual de sustento, lo que rompe el equilibrio biológico y obliga a los insectos a buscar alternativas en los asentamientos humanos más próximos.

El equipo científico se planteó interrogantes clave sobre cómo este vacío de animales afecta la conducta de los vectores. Investigaron si la reducción de presas naturales altera sus preferencias y si, efectivamente, las personas se han convertido en el suministro de sangre predominante para estos insectos en áreas fragmentadas.

La pérdida de biodiversidad en la selva brasileña rompe el equilibrio natural y convierte a las personas en el principal blanco de los mosquitos (AFP)

A través de la identificación precisa de las fuentes sanguíneas en mosquitos recolectados directamente en fragmentos selváticos, los expertos buscaron trazar el vínculo entre la deforestación, la pérdida de biodiversidad y el riesgo epidemiológico.

Además de los hallazgos biológicos, el objetivo de la investigación es proveer datos fundamentales que permitan optimizar las estrategias de salud pública. Entender los hábitos de picadura de los mosquitos es esencial para diseñar campañas preventivas más robustas, particularmente en áreas donde la urbanización presiona los límites de la selva degradada.

Investigación genética en Río de Janeiro

La investigación identificó mosquitos alimentados mayoritariamente de humanos. Aumenta el riesgo de exposición a virus como dengue, Zika y chikungunya (Archivo/ Malith Gayan Hettiarachchi)

El trabajo de campo se desarrolló en dos puntos estratégicos del estado de Río de Janeiro: la Reserva Ecológica de Guapiaçu y el Sítio Recanto Preservar. Durante el estudio, se emplearon trampas de luz para capturar un total de 1.714 mosquitos pertenecientes a 52 especies distintas. Del total capturado, solo 145 hembras presentaban restos de sangre en su abdomen.

En la fase de laboratorio, se extrajo el ADN de dichas muestras y se utilizó la técnica de secuenciación Sanger para determinar el origen de la sangre. Sin embargo, debido a la degradación de las muestras, solo 55 de ellas contaban con ADN suficiente para ser analizadas, logrando identificar la especie en 24 casos específicos.

El rastreo genético en la Reserva Ecológica de Guapiaçu y el Sítio Recanto Preservar permitió analizar 1.714 mosquitos de 52 especies (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados de estas 24 muestras fueron reveladores: 18 correspondían a sangre humana, 6 a aves, una a un cánido, una a un ratón y una a un anfibio. En el informe, los científicos destacaron:

“Los resultados revelaron una clara tendencia de las especies de mosquitos capturadas a alimentarse predominantemente de humanos”

.

Se observó también una notable capacidad de adaptación en ciertas especies. Por ejemplo, el mosquito Coquillettidia venezuelensis mostró una dieta combinada entre humanos y anfibios.

El Sítio Recanto Preservar en Silva Jardim, Río de Janeiro, fue uno de los lugares donde los investigadores capturaron y analizaron mosquitos para el estudio sobre cambios en su alimentación por la deforestación (Cecilia Ferreira de Mello)

Esto sugiere que, aunque los insectos pueden adaptarse a las fuentes disponibles, la proximidad de las poblaciones humanas ejerce una influencia determinante en su elección. Los investigadores también puntualizaron que solo el 37,93% de las muestras fue viable para el análisis de ADN, advirtiendo que los métodos actuales podrían no detectar todas las fuentes alimenticias si las cantidades ingeridas son mínimas.

Vigilancia y restauración del ecosistema

Los expertos recomiendan mejorar las técnicas de laboratorio y ampliar los datos para diseñar estrategias eficaces contra enfermedades transmitidas por mosquitos (Archivo/ Freepik)

La alteración en la dieta de estos vectores tiene un impacto directo en la propagación de enfermedades víricas. Al aumentar la frecuencia de picaduras en humanos en zonas deforestadas, el riesgo de brotes epidémicos se multiplica.

Ante este escenario, los expertos hicieron un llamado a fortalecer los protocolos de laboratorio y ampliar el volumen de datos para comprender mejor la ecología de los mosquitos.

“Esta información es crucial para desarrollar políticas y estrategias eficaces para controlar los patógenos transmitidos por vectores”

, sostuvieron en sus conclusiones.

Conocer el vínculo entre deforestación, desaparición de animales y preferencias de mosquitos resulta clave para las políticas de prevención en salud pública (Archivo EFE/ Andre Borges)

El doctor Machado insistió en que la prevención efectiva depende de un enfoque dual.

“La mejor manera de prevenir las enfermedades transmitidas por mosquitos sería mantener la vigilancia entomológica combinada con la vigilancia epidemiológica

, afirmó.

Para el investigador, la solución a largo plazo no solo es médica, sino ambiental:

“es fundamental la reforestación para permitir la restauración de la fauna”

. Agregó además que, dado que

“la recuperación de la biodiversidad es un proceso lento, por lo que también resulta importante implementar iniciativas educativas que concienticen a la población sobre los problemas que genera, por ejemplo, talar un árbol o cazar un ave

.

La combinación de vigilancia y reforestación, junto con la educación ambiental, ayuda a reducir el riesgo de que los mosquitos busquen a los humanos como fuente de alimento (Archivo EFE/FERNANDO BIZERRA)

La destrucción de los bosques despoja a los animales de sus espacios de alimentación y reproducción. Machado advirtió que

“ese desplazamiento crea un problema, ya que los mosquitos tienden a buscar nuevas fuentes de alimento más accesibles y que les exijan menos esfuerzo, y en este sentido, los humanos y algunos animales domésticos resultan los más disponibles”

. En última instancia, la salud de las comunidades cercanas a la selva depende de la preservación de cada árbol y de la fauna que habita en ellos.

Fuente: Infobae

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