Tradicionalmente, la biología ha trazado una línea divisoria estricta entre las especies que habitan el agua y aquellas que viven en la tierra. Durante mucho tiempo, se consideró que los peces, al poseer branquias dependientes del medio acuoso, no podrían subsistir más que unos instantes fuera de su hábitat natural.
No obstante, en las regiones costeras tropicales, esta frontera biológica se desvanece. En las denominadas zonas intermareales, donde el mar retrocede cíclicamente, habitan especies de peces capaces de tolerar la exposición al aire, adaptando su ciclo vital a las condiciones terrestres de forma sorprendente.
Es en estos entornos de barro y mareas variables donde los llamados saltarines del fango (Periophthalmus) rompen con los paradigmas de la fisiología de los vertebrados conocidos hasta ahora.
Estos seres logran realizar actividades vitales como alimentarse, defender sus territorios e incluso reproducirse fuera del líquido elemento, y lo hacen sin pulmones ni extremidades convencionales, manteniendo siempre su identidad como peces. Para la biología evolutiva, estos animales prueban que la transición entre el agua y la tierra no requiere necesariamente de las estructuras anatómicas que se creyeron obligatorias por siglos.

De acuerdo con un reporte del biólogo evolutivo Scott Travers, los saltarines del fango pertenecen a la subfamilia Oxudercinae, integrada en el grupo de los gobios. Entre sus representantes más destacados se encuentran el saltarín del fango del Atlántico, el saltarín del fango gigante y el saltarín del fango barrado.
El hábitat natural de estos ejemplares son las planicies fangosas sujetas a las mareas, ecosistemas caracterizados por una inestabilidad permanente. En estos lugares, el entorno cambia drásticamente entre la sumersión total y la exposición directa a la atmósfera varias veces al día.
A diferencia de la mayoría de los peces, que buscan refugio en pozas de agua cuando la marea baja, los saltarines del fango aprovechan la tierra firme como su escenario de mayor actividad diaria. Permanecer fuera del agua les brinda beneficios estratégicos, tales como una reducción notable de depredadores acuáticos y un acceso privilegiado a nuevas fuentes de alimento.
Estrategias respiratorias: Piel, boca y branquias modificadas
Para cualquier pez común, la vida en tierra es imposible debido al colapso de sus branquias, las cuales necesitan agua para sostenerse y realizar el intercambio de gases. Sin embargo, los saltarines del fango han desarrollado un sistema respiratorio multifuncional de gran eficiencia.

Un pilar fundamental de su supervivencia es la respiración cutánea, que permite absorber oxígeno directamente a través de la piel. Diversas investigaciones científicas han demostrado que este método puede proporcionar hasta el 50% del oxígeno necesario para algunos individuos, siempre que el ejemplar logre mantener su dermis húmeda.
Esta facultad es posible gracias a una piel sumamente delgada, rica en vasos sanguíneos y protegida por una capa de mucosidad. No obstante, esta misma adaptación los vuelve vulnerables a la deshidratación, obligándolos a mantener un contacto frecuente con el barro húmedo o zonas de agua poco profunda.
Complementando lo anterior, emplean la respiración bucofaríngea. Estos peces capturan aire en su boca y garganta, donde el oxígeno se transfiere a los tejidos vascularizados. Al sellar su boca, forman una cámara de aire húmedo que opera de manera similar a unos pulmones básicos. Además, sus branquias poseen una rigidez superior a la de otros peces, permitiéndoles conservar cierta capacidad respiratoria en el aire.
Locomoción en tierra firme sin extremidades
Además de respirar, desplazarse sobre el lodo representa un desafío físico mayúsculo. Los saltarines del fango han superado este reto mediante el uso de sus aletas pectorales desarrolladas, que actúan como soportes para elevar y dar estabilidad a su cuerpo mientras avanzan.

Estos animales pueden realizar desde patrullajes lentos para vigilar su zona hasta saltos explosivos para huir de posibles amenazas. Un estudio difundido en la Revista de Biología Experimental analizó su forma de caminar, revelando que el movimiento de sus aletas imita los patrones de marcha diagonal presentes en los primeros vertebrados de cuatro patas que poblaron la Tierra.
Alimentación en ambientes terrestres
La capacidad de nutrirse fuera del agua es otra de sus grandes proezas. Artículos publicados en Biology Open destacan que estas especies han modificado su técnica de caza para funcionar en la atmósfera. A diferencia de los peces tradicionales que dependen de la succión, estos animales ajustan la mecánica de su mandíbula y conservan aire en su cavidad bucal para capturar pequeños artrópodos en tierra sin necesidad de sumergirse de inmediato.
Un pilar para comprender la evolución de los vertebrados
Para investigadores como Scott Travers, estos seres son la prueba viviente de que la respiración y el movimiento terrestre pueden evolucionar a partir de estructuras acuáticas preexistentes, sin necesidad de pulmones o extremidades complejas.
Ante los retos actuales del cambio climático, que conlleva un aumento de las temperaturas y ecosistemas costeros inestables, los saltarines del fango se presentan como un modelo de adaptación biológica, demostrando cómo los vertebrados pueden enfrentar condiciones fluctuantes sin perder su esencia biológica como peces.
Fuente: Infobae