Organizaciones criminales de carácter transnacional han logrado estructurar un sistema global que entrelaza el terrorismo, el tráfico de estupefacientes y el blanqueo de capitales. Esta compleja red vincula geográficamente al Caribe y Sudamérica con el Medio Oriente, estableciendo nodos de operación fundamentales en ciudades como Dubái, Doha, Teherán y Caracas.
De acuerdo con informes recientes de las agencias de inteligencia de Estados Unidos, estas agrupaciones cuentan con el amparo de ciertos niveles del Estado venezolano y el soporte estratégico de Hezbolá. Este respaldo les facilita la obtención de recursos para el sostenimiento de guerras, la evasión de sanciones internacionales y el crecimiento de sus tentáculos delictivos en tres continentes distintos.
Centros operativos y financieros globales
Las investigaciones señalan a Dubái como el corazón financiero y logístico de este entramado. En dicha ciudad se ha detectado la presencia permanente de figuras criminales de alto rango. Esta ubicación, sumada a los flujos monetarios que transitan por Qatar y la coordinación directa con el gobierno de Irán en Teherán, ha permitido la creación de una infraestructura con capacidad para desestabilizar economías en la región, costear enfrentamientos bélicos y burlar los sistemas de vigilancia judicial y de inteligencia convencionales.
Debido a esta situación, las autoridades advierten sobre la urgencia de intensificar la vigilancia sobre los movimientos migratorios y monetarios entre puntos críticos como Dubái, Doha, Teherán, Caracas, Bogotá, Ciudad del Este y Maicao. Asimismo, se subraya la importancia de robustecer la colaboración internacional para evitar que esta organización incremente sus ataques contra objetivos de países aliados.
La expansión en la Triple Frontera y el norte de Colombia

El reporte de inteligencia hace especial énfasis en el crecimiento de facciones de apoyo a Hezbolá situadas en la Triple Frontera que comparten Brasil, Paraguay y Argentina. En esta zona, históricamente, ciertos sectores de la comunidad libanesa chiita han servido como base para la captación de capitales, el lavado de activos y procesos de adoctrinamiento.
Simultáneamente, se han identificado rutas que conectan el norte colombiano, específicamente el departamento de La Guajira, con el occidente de Venezuela y el Líbano. En localidades como Maicao y Paraguaipoa, se han detectado células inactivas con lazos familiares y comerciales con individuos en el exterior, quienes brindan soporte logístico esencial.
La falta de presencia institucional y los altos índices de informalidad en estas zonas fronterizas han permitido la instalación de campos de entrenamiento clandestinos. En estos sitios se instruye a delincuentes internacionales, consolidando una zona de influencia religiosa y económica bajo el control de estas tramas delictivas.
Sofisticación financiera y el papel de los grupos armados
El esquema de lavado de dinero ha alcanzado niveles de alta complejidad mediante el uso de compañías fachada en Catar. Estas empresas se presentan como contratistas de infraestructura y energía para triangular divisas provenientes de Colombia y Venezuela hacia Doha, el Líbano e Irán, logrando así ocultar el rastro de los fondos ilegales.
Se estima que una porción significativa de este dinero se destina a la financiación de conflictos en territorios como Gaza, Siria, Yemen, Irak y el Líbano, lo cual transforma una problemática regional en un desafío geopolítico de escala transcontinental.
En este sistema, los grupos armados que operan en suelo colombiano cumplen un rol determinante. Organizaciones como el ELN, las disidencias de las Farc bajo el mando de Iván Mordisco y la Segunda Marquetalia, actúan como pilares operativos. Estas agrupaciones:
- Dominan rutas estratégicas para la producción y envío de cocaína y la explotación de oro ilegal.
- Gestionan pagos a través de criptomonedas y reciben suministros de armamento.
- Facilitan el tránsito por pasos fronterizos no oficiales.
- Acceden a formación técnica en el uso de drones y sistemas de comunicación encriptados, con conexiones indirectas con Hezbolá desde territorio venezolano.

Corredores para objetivos de alto valor
Una de las tácticas más innovadoras descubiertas es la implementación de corredores transatlánticos para el traslado discreto de personas clave, incluyendo emisarios de origen sirio y libanés. Estos individuos utilizan ciudades como Caracas, Maicao, Foz de Iguazú y Santa Cruz de la Sierra para desplazarse sin ser detectados por los controles de migración, garantizando la movilidad de recursos estratégicos de la red.
Ante este panorama, los organismos de seguridad recomiendan una vigilancia exhaustiva de los capitales financieros y la cooperación técnica con socios en todo el hemisferio para frenar la consolidación de estas estructuras.
Contexto sobre la estrategia de Hezbolá en América Latina
Análisis académicos recientes, como el realizado por Janiel David Melamed Visbal, César Niño y María Eugenia Gómez Arias para la Revista Científica General José María Córdova, ratifican la expansión de Hezbolá como un agente delegado de Irán en la región. El estudio detalla cómo esta organización, nacida como milicia durante la guerra civil libanesa entre 1975 y 1990, ha proyectado su poder hacia Occidente.

Con el soporte de la Fuerza al-Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, Hezbolá emplea tácticas de guerra híbrida. Este modelo combina operaciones militares con actividades criminales y redes insurgentes, dificultando la identificación clara de las amenazas. Latinoamerica es utilizada como una base para el financiamiento, aprovechando las fronteras porosas y la debilidad de las instituciones locales.
Finalmente, se menciona que la organización sigue articulando el tráfico de drogas y el lavado de activos mediante pactos con el ELN y otras disidencias, buscando asegurar su capacidad de acción y su relevancia en los conflictos que se desarrollan en el Medio Oriente.
Fuente: Infobae