Hace aproximadamente 445 millones de años, las condiciones de vida en el planeta experimentaron una transformación radical que redefinió la estructura de los océanos de manera permanente. Un reciente análisis científico, liderado por expertos del Instituto de Ciencia y Tecnología Okinawa en Japón, ha determinado que la extinción masiva ocurrida durante el Ordovícico Tardío, en plena Era Paleozoica, tuvo un impacto que fue mucho más allá de la simple pérdida de biodiversidad.
De acuerdo con la investigación, este evento catastrófico benefició directamente a un grupo evolutivo crucial: los vertebrados con mandíbulas. Estos organismos son los predecesores directos de los tiburones, de los peces contemporáneos y, en última instancia, de los seres humanos.
El ascenso de los peces con mandíbula
La especialista Lauren Sallan, coautora del estudio difundido a través de la publicación científica Science Advances, sostuvo que el dominio de los peces mandibulados fue una consecuencia directa de este colapso biológico.

“Hemos demostrado que los peces con mandíbulas solo se volvieron dominantes porque este evento ocurrió”, afirmó Sallan de manera contundente.
Para llegar a estas conclusiones, Sallan trabajó conjuntamente con Wahei Hagiwara, recopilando y analizando dos siglos de registros paleontológicos a nivel global. El objetivo principal fue mapear las condiciones de vida previas y posteriores a la gran extinción. “Hemos conectado el registro fósil, la ecología y la biogeografía”, precisó la investigadora.
Un mundo transformado por el desastre
Antes de que se desatara la tragedia ambiental, el supercontinente conocido como Gondwana poseía litorales sumamente productivos y aguas templadas. En este entorno habitaban criaturas asombrosas como los trilobites, conodontos dotados de ojos de gran tamaño y nautiloides que podían alcanzar longitudes de hasta cinco metros.
No obstante, la evidencia fósil confirma un reemplazo total de especies tras el evento, a pesar de que los detonantes exactos de esta crisis siguen siendo objeto de debate. Se sabe que el desastre se manifestó en dos fases críticas: inicialmente, una intensa glaciación provocó la desecación de los mares de poca profundidad; posteriormente, un calentamiento climático permitió que los océanos recuperaran sus niveles de oxígeno. Este cambio drástico terminó por aniquilar cerca del 85% de las especies marinas del planeta.

El equipo de investigación desarrolló una robusta base de datos que integra hallazgos de los últimos 200 años para comprender cómo ciertos vertebrados lograron subsistir.
“Así pudimos cuantificar la diversidad a nivel de género y evidenciar que la extinción masiva llevó directamente a un incremento gradual, aunque abrupto, en la biodiversidad de los gnathostomos. La tendencia es clara: las oleadas de extinción generaron un aumento directo de especiación luego de varios millones de años”, detalló Hagiwara.
Este estudio marca un hito al ser la primera vez que se rastrea la evolución de la diversidad de vertebrados con mandíbulas basándose en su distribución geográfica, y no únicamente en el tiempo transcurrido tras la catástrofe.
Zonas de refugio y expansión
Sallan enfatizó la relevancia de la metodología aplicada: “Es la primera vez que logramos examinar cuantitativamente la biogeografía antes y después de un evento de extinción masiva”.

“Pudimos seguir el movimiento de las especies por el planeta y así hemos identificado zonas de refugio que ahora sabemos que influyeron de manera significativa en la diversificación posterior de todos los vertebrados”, añadió la experta.
Por su parte, Hagiwara mencionó que en el territorio que hoy ocupa el sur de China se localizaron los fósiles más antiguos y completos de peces con mandíbula, parientes lejanos de los tiburones actuales. Estos seres permanecieron protegidos en refugios biológicos durante millones de años, hasta que las condiciones les permitieron aventurarse a cruzar los océanos abiertos.
La ocupación de nichos vacíos
La investigación también buscó resolver si las mandíbulas evolucionaron para generar nuevos nichos ecológicos o si los peces modernos simplemente aprovecharon espacios que habían quedado vacíos. Los resultados apuntan a la segunda opción. Al quedar limitados a áreas geográficas reducidas con múltiples nichos disponibles, los peces mandibulados asumieron velozmente diversas funciones dentro del ecosistema.

Este fenómeno biológico muestra similitudes con otros procesos evolutivos conocidos, tales como los pinzones de Darwin en las Islas Galápagos, que adaptaron sus picos y conductas según el entorno. De igual manera, los peces con mandíbula sacaron provecho de los recursos disponibles tras la extinción. En contraste, sus parientes que carecían de mandíbulas siguieron trayectorias evolutivas distintas en otras regiones durante los siguientes cuarenta millones de años.
Un nuevo ciclo para la vida marina
La Extinción Masiva del Ordovícico Tardío no representó un simple borrón y cuenta nueva, sino que marcó el inicio de un ciclo ecológico de gran profundidad. Los primeros vertebrados tomaron los espacios que antes ocupaban otros organismos, reconstruyendo el tejido de los ecosistemas con especies totalmente diferentes.

“Al integrar ubicación, morfología, ecología y biodiversidad, finalmente podemos ver cómo los ecosistemas de vertebrados tempranos se rearmaron tras las grandes perturbaciones ambientales. Este trabajo ayuda a explicar por qué surgieron las mandíbulas, por qué prevalecieron los vertebrados con mandíbulas y por qué la vida marina moderna desciende de esos sobrevivientes y no de formas anteriores como los conodontos y trilobites”, concluyó el equipo científico.
En la actualidad, la configuración de los ecosistemas marinos sigue reflejando las huellas de aquel suceso ancestral y la extraordinaria capacidad de los sobrevivientes para adaptarse y renovarse ante la adversidad ambiental.
Fuente: Infobae