Una de las historias de amor más mediáticas de la política y el entorno empresarial argentino ha llegado a su conclusión. Tras compartir 15 años, 1 mes y 25 días, el expresidente Mauricio Macri, de 66 años, y la empresaria Juliana Awada, de 51 años, han decidido poner fin a su vínculo matrimonial.
La pareja, que durante años personificó el glamour en las esferas del poder, cerró un ciclo que inició con un romance fulminante y que los llevó hasta la Quinta de Olivos. Para comprender el desenlace de esta unión, es imperativo recordar cómo se forjó este vínculo entre el heredero del Grupo Macri y la reconocida empresaria textil.
Un encuentro fortuito en el gimnasio
Aunque ambos ya se conocían superficialmente por eventos sociales y la relación de Mauricio con Daniel Awada —hermano de Juliana— a través del golf, el verdadero acercamiento ocurrió en septiembre de 2009. El escenario fue el Ocampo Wellness Club, un exclusivo centro deportivo en Barrio Parque.
En aquel entonces, Macri tenía 50 años y ejercía como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Mientras él leía el periódico en una bicicleta estática, Juliana, de 35 años, realizaba su rutina en otra área. Se dice que el entrenador personal Aldo Giménez pudo haber facilitado el encuentro, aunque él mismo lo negó posteriormente. Lo cierto es que la química fue inmediata.

Sobre aquel inicio, el entorno cercano señala que “Cómo sucedió el primer diálogo es probable que ni ellos mismos lo recuerden”. Tras esas primeras charlas, vinieron las invitaciones a cenar y, finalmente, un viaje determinante a Tandil, la ciudad natal del político.
En entrevistas posteriores, Awada describió que su relación con el exmandatario era algo que “tenía que pasar” por designio del destino. Por su parte, Macri destacó siempre la energía de su pareja: “Encontrar una persona tan positiva como Juliana me hizo muy bien”.

Pasados compartidos y tragedias similares
Ambos contaban con historias familiares y sentimentales previas. Mauricio Macri se había casado anteriormente con Ivonne Bordeu, madre de sus hijos Agustina, Gimena y Francisco, y con Isabel Menditeguy. Por su parte, Juliana Awada tuvo un matrimonio corto con Gustavo Capello y una relación estable con Bruno Laurent Barbier, padre de su hija Valentina.
Un punto de conexión profundo entre ambos fue haber atravesado el trauma del secuestro. El padre de la empresaria, Abraham Awada, fue capturado en 2001 al salir del club de golf San Andrés. Mauricio había vivido una experiencia similar diez años antes, en agosto de 1991, permaneciendo en cautiverio durante varios días.
La relación avanzó con una rapidez asombrosa: “Lo cierto es que solamente tres meses después de esa primera conversación en el gimnasio, y luego del fin de semana tandilense, comenzó la convivencia.”
El camino hacia el altar y el «hechizo»
Aunque Juliana rechazó inicialmente dos propuestas de matrimonio por temor a la premura, un gesto de protección de Mauricio hacia la hija de ella, Valentina, terminó por convencerla. Tras un incidente donde la niña le propinó un golpe accidental en el ojo, Macri mintió a la prensa diciendo que fue un golpe jugando al fútbol para proteger la privacidad familiar.

El enlace civil se celebró el 16 de noviembre de 2010 en Costa Salguero. Ella lució un diseño en tono nude con encajes de 1900. Los testigos fueron Iván Achával, Nicolás Caputo, Arturo Grimaldi, Zoraida Awada y Pamela Marcuzzi. En un emotivo brindis, Macri declaró: “Gracias por haberme elegido, gracias negrita, mágica, única, hechicera. Ahora, mi estado civil es feliz”.

La novia respondió con igual fervor ante los invitados:
“Es difícil hablar delante de tanta gente, pero estoy muy feliz, viviendo uno de los mejores momentos de mi vida. ¡Lo amo!”
La celebración continuó el 20 de noviembre en la estancia La Carlota, en Tandil, con 300 invitados y un show donde el novio interpretó temas de Queen y The Beatles. El 10 de octubre de 2011, la familia se consolidó con el nacimiento de Antonia Macri en el Sanatorio Otamendi, quien se convertiría en una figura constante durante la campaña presidencial de 2015.

Crisis y el desgaste del poder
Tras años de exposición pública extrema, a mediados de 2024 comenzaron a surgir los primeros indicios de distanciamiento. Los analistas notaron la falta de publicaciones conjuntas en redes sociales y viajes realizados por separado. En agosto de ese año, Juliana fue vista en La Puglia, Italia, únicamente con amigas.
A pesar de que en noviembre de 2024 ambos negaron los rumores ante periodistas como Mariana Brey, calificando las versiones como producto de «gente aburrida», la situación interna seguía erosionándose. Durante el 2025, los rumores de una separación de hecho se intensificaron, sin recibir desmentidos oficiales en esa ocasión.

Una ruptura de común acuerdo
Fuentes cercanas han confirmado que la pareja atravesó una crisis profunda durante un año antes de tomar la decisión final. La determinación de separarse se concretó apenas una semana antes de las festividades de diciembre, bajo términos de mutuo respeto.
Por el bienestar de su hija Antonia, decidieron compartir las cenas de Navidad y Año Nuevo antes de emprender caminos distintos. Según allegados:
“Entre aquel primer distanciamiento de fines del 2024 y la decisión de separarse pasaron charlas con mucho amor y, haciendo hincapié en la maravillosa historia que vivieron juntos, decidieron de común acuerdo separarse y ver cada uno desde su espacio qué es lo que les pasa”

En la actualidad, Mauricio Macri tiene programado un viaje a Europa, mientras que Juliana Awada permanece en Punta del Este disfrutando de sus vacaciones. Aunque en su boda el exmandatario afirmó que “esta vez es para toda la vida”, la realidad ha dictado un final diferente para una de las parejas más influyentes de la última década en la región.
Fuente: Infobae