La República Islámica de Irán atraviesa una de sus crisis sociales más agudas de los últimos tiempos. Durante las recientes dos semanas de movilizaciones nacionales, se ha confirmado el fallecimiento de al menos 36 personas y la detención de miles de ciudadanos en un levantamiento que desafía frontalmente al sistema liderado por el ayatollah Ali Khamenei.
Un estallido social por la asfixia económica
El origen de este descontento generalizado radica en una profunda crisis financiera, marcada por el desplome del valor de la moneda nacional y un deterioro crítico en la calidad de vida de la población. Hasta el momento, el foco de las protestas se ha extendido a 92 ciudades distribuidas en 27 de las 31 provincias del territorio iraní. Lo que distingue a esta ola de indignación es su carácter transversal, logrando unificar a diversos estratos sociales, desde comerciantes y trabajadores hasta el sector estudiantil.
Respecto al saldo de víctimas, el reporte oficial indica que entre los fallecidos se encuentran dos integrantes de las fuerzas de seguridad, mientras que el resto de las bajas corresponden a civiles manifestantes. Por su parte, organizaciones defensoras de los derechos humanos han alertado que cerca de 1.000 individuos han resultado heridos y se han contabilizado más de 2.000 detenciones en un periodo de apenas once días.
Paralización comercial en puntos estratégicos
En el corazón de la capital, el emblemático Gran Bazar de Teherán ha mantenido sus actividades suspendidas casi en su totalidad por segunda jornada consecutiva. Los dueños de los negocios han decidido bajar sus persianas como una forma de protesta ante la galopante inflación y la pérdida de valor del rial.

Este escenario de huelga y cese de actividades comerciales se ha replicado con fuerza en otras localidades importantes como Shiraz, Fasa, Bandar Abás, Tabriz, Qazvín, Gonabad y Neyshabur. Incluso en mercados especializados, tales como el de Shoush —dedicado a la venta de artículos de cocina y electrodomésticos—, la actividad se ha visto interrumpida por la agitación social.
La tensión en Teherán no cede, pues a pesar de que existe un despliegue masivo de agentes de seguridad en las avenidas principales, los grupos de ciudadanos persisten en sus demandas de una transformación política profunda. En el ámbito académico, la represión ha alcanzado puntos críticos como la Universidad Islámica Azad de Kermanshah, donde las fuerzas policiales incursionaron violentamente para desalojar a los universitarios que se manifestaban contra la administración de los ayatollahs.
Uso de la fuerza y testimonios desde el terreno
Diversas organizaciones no gubernamentales han logrado verificar piezas audiovisuales que confirman el empleo de gas lacrimógeno por parte de las autoridades para disolver las marchas. Asimismo, se han denunciado arrestos arbitrarios durante lo que inicialmente eran concentraciones pacíficas. Uno de los estudiantes que participa en las movilizaciones declaró enfáticamente:
«No recuerdo haber visto a tanta gente unida y tan decidida a desafiar al régimen»
Como medida para mitigar el malestar, la administración de Masud Pezeshkian oficializó la entrega de un subsidio mensual de 10 millones de riales (equivalente a unos siete dólares en el mercado informal) para la adquisición de alimentos. Sin embargo, este monto apenas alcanza para cubrir productos básicos como un kilo de pollo, un litro de aceite y doce huevos, lo que ha llevado a expertos económicos a calificar la medida como insuficiente frente al pesimismo reinante.

Inflación desbordada y consignas políticas
A pesar de que el Parlamento iraní ratificó un incremento del 43% en los salarios para el próximo año nuevo persa, la medida no ha logrado calmar las calles. La razón técnica detrás de este fracaso es que la inflación interanual registrada en diciembre superó el 52%, anulando cualquier beneficio del ajuste salarial. En este contexto, las calles han resonado con la consigna “Muerte a Khamenei”, dirigida directamente contra la máxima autoridad del país.
Desde el Gobierno, el presidente Pezeshkian ha intentado trazar una línea divisoria entre los ciudadanos que protestan por la economía y aquellos que etiqueta como «alborotadores». El mandatario ha dado instrucciones de evitar el uso de la fuerza contra quienes se manifiesten de forma pacífica. Al respecto, el vicepresidente Mohammad Jafar Ghaempanah señaló:
«No tomaremos medidas de seguridad contra manifestantes, solo actuaremos ante amenazas reales»
No obstante, los enfrentamientos violentos continúan. En la zona de Lordegan, al suroeste de Irán, un choque entre comerciantes y fuerzas del orden derivó en un conflicto armado que dejó un saldo de dos fallecidos y treinta heridos. Según versiones de medios estatales, algunos manifestantes portaban armamento, aunque no se ha aclarado la identidad o el bando de las víctimas mortales.

Reacciones en la comunidad internacional
El panorama en Irán ha generado respuestas inmediatas en el exterior. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una advertencia clara sobre la situación:
«Intervendremos en Irán si empiezan a matar gente como lo han hecho en el pasado»
Del mismo modo, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha manifestado su respaldo público a los ciudadanos iraníes que se encuentran en las calles. La actual ola de protestas ha logrado aglutinar a sectores de la sociedad que históricamente se mantenían al margen de la política, consolidando un movimiento que mantiene en vilo al régimen de Teherán.
Fuente: Infobae