Un equipo de investigadores de alcance internacional ha logrado redefinir la historia cronológica del ser humano tras el hallazgo de restos fósiles en Casablanca, Marruecos. Este descubrimiento, encabezado por el experto Jean-Jacques Hublin junto a especialistas del Collège de France, el Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology y el Institut National des Sciences de l’Archéologie et du Patrimoine de Rabat, confirma que las muestras recolectadas poseen una antigüedad exacta de 773.000 años.
El análisis de estos vestigios homínidos, localizados en el sitio conocido como la “Grotte à Hominidés” dentro de la cantera Thomas Quarry I (ThI-GH), ha sido detallado en un reciente informe de la prestigiosa revista Nature. Los datos obtenidos posicionan a estos especímenes en la base misma del linaje de Homo sapiens, aportando información fundamental sobre las sociedades africanas que precedieron la formación definitiva de nuestra especie.
Gracias a este material arqueológico, la comunidad científica ha podido abordar uno de los mayores enigmas de la paleoantropología: la ubicación y el tiempo en que habitó el último ancestro compartido por los seres humanos modernos, los neandertales y los denisovanos. Aunque la antigüedad de los fósiles marroquíes es comparable a la del Homo antecessor hallado en Atapuerca (España), sus rasgos físicos diferenciados sugieren que fue África, y no Eurasia, el escenario primordial de este hito evolutivo.

Análisis de las características físicas de los especímenes
Las excavaciones se llevaron a cabo en la zona suroeste de Casablanca, en una caverna cuya estratigrafía permite ubicar los restos justo en la transición entre el Pleistoceno Inferior y el Medio. Los elementos óseos recuperados —que incluyen mandíbulas, vértebras y piezas dentales de al menos tres sujetos (un infante, un adulto y un adulto de complexión robusta)— exhiben una combinación única de rasgos primitivos y componentes que anticipan al Homo sapiens temprano. Geológicamente, el hallazgo coincide con el evento de inversión magnética conocido como la transición Matuyama–Brunhes.
Según el equipo de investigación,
“la morfología de los homínidos de ThI-GH los coloca cerca de la separación entre los linajes africanos y euroasiáticos”
, lo que resalta la relevancia de este grupo como una población basal. Las mandíbulas analizadas conservan rasgos arcaicos vinculados al Homo erectus, pero ya muestran innovaciones anatómicas que serían características de los humanos modernos y neandertales en épocas posteriores. Por otro lado, la dentadura presenta un patrón morfológico que se diferencia claramente de otros homínidos del norte de África y de sus contemporáneos europeos.
En detalle, la mandíbula catalogada como ThI-GH-10717 se describe como una pieza grácil y casi íntegra, carente de la robustez masiva que sí presenta el espécimen ThI-GH-1. Estas variaciones demuestran una diversidad intrínseca en la población y una separación evolutiva respecto a fósiles más antiguos como los de Tighennif en Argelia. Asimismo, el estudio de los dientes infantiles de un individuo de menos de dos años confirma que estos homínidos ocupaban un peldaño intermedio entre el Homo erectus y el ser humano actual.

Trayectorias evolutivas entre el Magreb y Atapuerca
Los científicos sostienen que, si bien los restos de Atapuerca han sido considerados posibles ancestros comunes, los nuevos datos provenientes de Marruecos apuntan con mayor solidez hacia un origen africano. En el informe se especifica:
“Nuestros hallazgos no solo concuerdan con la estructura filogenética deducida de los datos paleogenéticos, sino que también subrayan el Magreb como una región clave para comprender la aparición de nuestra especie”
. Esto refuerza la tesis de que el linaje moderno se diversificó en el continente africano antes de colonizar otros territorios.
Para establecer la cronología con exactitud, se emplearon herramientas avanzadas como registro tridimensional, tomografías computarizadas y un estudio exhaustivo de los sedimentos. Además, se aplicaron técnicas de datación por luminiscencia y resonancia de espín electrónico. A pesar de los márgenes de error comunes en estas mediciones, la sincronía entre la geología y los fósiles otorga una gran fiabilidad a la fecha propuesta de 773.000 años.
No obstante, el estudio enfrenta limitaciones debido a la falta de cráneos completos y la degradación del material genético causada por el clima de la región, lo que impide profundizar en las rutas migratorias entre África y Europa. Los expertos consideran que, aunque el Sahara funcionó como un corredor verde en etapas húmedas, los grupos de ThI-GH y los de Atapuerca representan trayectorias evolutivas paralelas, no idénticas.
Las futuras fases de esta investigación se centrarán en realizar reconstrucciones virtuales de la anatomía de estos individuos y en localizar nuevos yacimientos. Los trabajos en Thomas Quarry I continuarán siendo vitales para descifrar cómo surgió el Homo sapiens y cómo se produjo su separación biológica de los neandertales.
Fuente: Infobae