La interrogante sobre si el antiguo Marte albergó condiciones aptas para la vida recibe una nueva respuesta científica. Un análisis reciente sugiere que pequeños lagos de agua líquida pudieron haber perdurado durante décadas bajo una fina costra de hielo, incluso frente a las gélidas temperaturas de la atmósfera marciana primitiva, transformando nuestra comprensión sobre la evolución del clima en el planeta rojo.
Este hallazgo, desarrollado por especialistas de la Universidad Rice y publicado en la revista AGU Advances, propone que estas masas de agua no requerían un entorno globalmente cálido para existir. Esta teoría logra resolver una contradicción histórica entre los modelos climáticos, que suelen predecir un Marte frío, y las evidencias geológicas que muestran una clara actividad hídrica prolongada.
De acuerdo con la investigación, la estabilidad de estos cuerpos de agua bajo un hielo delgado y estacional permitió que los antiguos lechos de los lagos se conservaran en un estado excepcional hasta nuestros días. Eleanor Moreland, autora principal del estudio y estudiante de posgrado en Rice, explicó que su motivación nació al notar la carencia de rastros de glaciares masivos en las cuencas analizadas:
“Observar antiguas cuencas lacustres en Marte sin evidencia clara de hielo grueso y duradero me hizo cuestionar si esos lagos podrían haber retenido agua durante más de una temporada en un clima frío».

Los resultados obtenidos mediante el nuevo modelado físico fueron sorprendentes. Moreland destacó que ahora es posible visualizar lagos que se mantuvieron estables por décadas, resguardados por una capa de hielo que se fundía en cada ciclo de las estaciones.
“Fue emocionante pensar que finalmente podríamos contar con un mecanismo físico que se ajuste a lo que observamos hoy en Marte”
, añadió la investigadora.
La ciencia detrás de la simulación
Para alcanzar estas conclusiones, el equipo de expertos adaptó una herramienta climática diseñada originalmente para nuestro planeta. La profesora Sylvia Dee, especialista en clima terrestre, había creado este sistema para reconstruir climas antiguos mediante indicadores como núcleos de hielo o anillos de árboles. Debido a que Marte carece de estos registros biológicos, los científicos sustituyeron esos datos con la información química y física de rocas y minerales recolectada por misiones robóticas.
El proceso de reconfiguración tomó varios años, ajustando el modelo para que representara la realidad de hace 3.600 millones de años. En ese entonces, el Sol emitía una radiación más débil, existía una densidad distinta de dióxido de carbono y los patrones estacionales diferían totalmente de los terrestres. Así nació el modelo LakeM2ARS, el cual ejecutó 64 simulaciones variando parámetros y utilizando datos precisos del rover Curiosity de la NASA en el cráter Gale.

Durante las pruebas, se simuló un lago hipotético dentro del cráter Gale, analizando su comportamiento térmico durante 30 años marcianos (lo que equivale a unos 56 años terrestres). El objetivo era verificar si el agua se mantenía líquida. Sylvia Dee, quien es profesora asociada en Rice, comentó sobre la complejidad técnica:
“Fue divertido trabajar en el experimento mental de cómo un modelo de lago diseñado para la Tierra podría adaptarse a otro planeta, aunque este proceso implicó una gran cantidad de depuración cuando tuvimos que cambiar, por ejemplo, la gravedad”.
El equipo se mostró asombrado por la alta sensibilidad del modelo ante la presión atmosférica y los cambios térmicos estacionales. Este nivel de precisión demostró que las herramientas terrestres, con los ajustes adecuados, son capaces de recrear con fidelidad los entornos de otros mundos.
El hielo como escudo protector
Uno de los puntos determinantes de la investigación fue el papel del hielo estacional. Las simulaciones mostraron que, mientras en ocasiones el lago se congelaba totalmente, en muchas otras la capa superior actuaba como un aislante térmico, permitiendo que debajo el agua permaneciera en estado líquido.

Esta cobertura funcionó como una especie de manta térmica, limitando drásticamente la evaporación del recurso hídrico. Kirsten Siebach, coautora del estudio y profesora en la Universidad Rice, comparó este fenómeno con un elemento cotidiano:
“esta capa de hielo estacional se comporta como una manta natural para el lago”
.
Según Siebach, este recubrimiento aislaba el agua en invierno y permitía una fusión parcial durante el verano. Al ser una capa delgada y de carácter temporal, no dejaba rastros permanentes en la geología marciana. “Dejaría poca evidencia, lo que podría explicar por qué los exploradores no han encontrado indicios claros de hielo perenne o glaciares en Marte”, precisó la experta.
Implicaciones geológicas y espaciales
Este descubrimiento ofrece una explicación coherente a por qué estructuras como sedimentos estratificados, depósitos de minerales y antiguas líneas de costa están tan bien preservadas. Anteriormente, se creía que se requerían climas cálidos y constantes, pero ahora se sabe que condiciones frías con capas de hielo transitorias pudieron ser suficientes.

La publicación en AGU Advances marca un hito en la metodología para simular ambientes lacustres fuera de la Tierra. La elección del cráter Gale fue estratégica, no solo por la abundancia de datos proporcionados por el Curiosity, sino por su ubicación en el ecuador marciano, que otorga una exposición solar mayor que otras zonas del planeta.
Finalmente, el estudio concluye que el hielo no fue solo un subproducto del frío, sino un agente activo en la conservación del agua líquida. Al reducir la evaporación y facilitar la absorción de calor solar en los periodos de máxima insolación, esta capa permitió que el agua persistiera, aumentando las probabilidades de que Marte hubiera sido un entorno habitable en su pasado remoto.
Fuente: Infobae