Mucho antes de que se concretara la captura de Nicolás Maduro, las autoridades de Estados Unidos ya habían identificado a una figura para sucederlo en el poder: la vicepresidenta Delcy Rodríguez.
Para el dirigente venezolano, el desenlace fue el resultado de una serie de desplantes políticos. A finales de diciembre, Maduro ignoró un ultimátum enviado por el presidente Donald Trump, en el cual se le ofrecía abandonar la presidencia para trasladarse a un exilio en Turquía. Esta información fue confirmada por diversas fuentes estadounidenses y venezolanas que participaron en las deliberaciones sobre la transición política.
Esta semana, el escenario cambió drásticamente. Tras desestimar las acciones de Estados Unidos —incluyendo un operativo contra un muelle vinculado al narcotráfico—, Maduro se mostró en la televisión pública bailando música electrónica mientras se escuchaba su propia voz proclamando en inglés:
«No a la guerra loca»
.
La respuesta de la Casa Blanca
Esta actitud de aparente despreocupación y los constantes bailes del mandatario fueron interpretados por el equipo de Trump como una burla directa y un intento de exponer lo que él consideraba una amenaza vacía. Ante esto, la Casa Blanca decidió ejecutar sus advertencias militares. El pasado sábado, un comando de élite estadounidense realizó una operación en Caracas antes del amanecer, logrando la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, para ser trasladados a Nueva York bajo cargos de tráfico de drogas.
Desde semanas antes, la administración estadounidense ya veía en Delcy Rodríguez a una candidata viable para el relevo temporal. Su gestión al frente de la estratégica industria petrolera venezolana había causado una buena impresión en los colaboradores de Trump. Según personas cercanas a las negociaciones, diversos intermediarios convencieron al gobierno norteamericano de que Rodríguez protegería los intereses energéticos y las inversiones de Estados Unidos en la región.
Un alto funcionario estadounidense comentó respecto a la vicepresidenta:
«Llevo mucho tiempo observando su carrera, así que tengo cierta idea de quién es y de qué va»
. El mismo funcionario añadió que, si bien no la consideran una solución definitiva para el país, es
«alguien con quien pensamos que podemos trabajar a un nivel mucho más profesional de lo que pudimos hacer con él»
, en alusión a Maduro.
El desplazamiento de la oposición tradicional
La decisión de respaldar a Rodríguez fue inmediata. Aparentemente, Trump nunca desarrolló afinidad por la líder opositora María Corina Machado, quien obtuvo el Premio Nobel de la Paz tras liderar una campaña presidencial exitosa en 2024. A pesar de que Machado intentó ganarse el favor del mandatario llamándolo «campeón de la libertad» y respaldando sus posturas políticas, sus esfuerzos no dieron frutos. El sábado, Trump manifestó que Machado carecía del «respeto» necesario para conducir los hilos de Venezuela.
La relación con el gobierno interino de Rodríguez dependerá de su disposición para alinearse con las directrices de Washington. Aunque ella condenó públicamente la incursión militar, los funcionarios estadounidenses mantienen un optimismo cauteloso. No obstante, advirtieron que se reservan el derecho de realizar nuevas acciones militares si los intereses de su país no son respetados.
El nuevo orden económico y político
Donald Trump afirmó que su intención es «manejar» el país sudamericano por un tiempo no determinado para asegurar los recursos petroleros, una postura que refleja un ejercicio de poder unilateral. Con este movimiento, la administración trabaja con una figura de un gobierno que antes consideraba ilegítimo, dejando de lado el movimiento de Machado, cuya victoria electoral de hace un año fue denunciada como un robo por parte del chavismo.
Por su parte, Delcy Rodríguez, de 56 años, asume este rol con una reputación de eficiencia técnica. Se le atribuye haber transformado el sistema económico del país hacia un capitalismo de libre mercado. Hija de un guerrillero marxista y educada en Francia, escaló posiciones en el chavismo con el apoyo de su hermano, Jorge Rodríguez, principal estratega del palacio presidencial.
- Estabilización económica: Logró detener el colapso financiero y aumentar la producción de crudo pese a las sanciones.
- Perfil tecnócrata: Se proyecta como una figura de voz suave frente a los sectores de seguridad del madurismo.
- Vínculos con élites: Ha construido puentes con empresarios e inversores extranjeros en los últimos meses.
A pesar de su perfil técnico, Rodríguez nunca ha cuestionado las denuncias de corrupción o represión del gobierno anterior. En el pasado, describió su ingreso a la política como una «venganza personal» por la muerte de su padre en 1976. Sin embargo, su capacidad de negociación es vista por algunos, como el exlegislador Juan Francisco García, como una oportunidad para estabilizar la nación.
Incertidumbre en el mando
Las contradicciones son evidentes. Mientras Trump asegura que ella ha tomado el mando, la televisión estatal venezolana la sigue identificando como vicepresidenta y ella mantiene un discurso de lealtad a Maduro. Analistas sugieren que esto es una táctica para calmar a las fuerzas armadas y a los grupos leales tras la humillación de la intervención militar estadounidense, la cual destruyó tres bases militares sin sufrir bajas.
Mientras tanto, María Corina Machado publicó en redes sociales que estaba lista para
«hacer valer nuestro mandato y tomar el poder»
. No obstante, Trump descartó esta posibilidad poco después, señalando que, aunque es una
«mujer muy agradable»
, simplemente
«no tiene el apoyo»
necesario en Venezuela para gobernar. Michael Shifter, del Diálogo Interamericano, analizó que para la administración actual, la prioridad no es la democracia, sino el poder, el dinero y la seguridad nacional frente al crimen organizado.
Finalmente, figuras como Edmundo González, el diplomático exiliado en España y considerado ganador de las elecciones de 2024, han quedado fuera de la narrativa principal de este cambio de mando orquestado desde el exterior.
Fuente: Infobae