La historia de la colonización de las islas del Pacífico tiene un protagonista inesperado: el cerdo doméstico. Un reciente estudio internacional ha desvelado que la presencia de estos animales, desde Filipinas hasta Hawái, es el resultado de épicas travesías humanas iniciadas hace aproximadamente 4.000 años.
Los hallazgos, publicados en la prestigiosa revista Science, confirman que grupos de habla austronesia trasladaron a estos animales desde el sudeste de China y Taiwán en canoas, integrándolos en nuevos ecosistemas conforme se expandían por el océano.

Pureza genética y rutas de navegación
A diferencia de otros procesos migratorios, estos cerdos mantuvieron una pureza genética sorprendente. Según los expertos, los ejemplares no se cruzaron con las especies silvestres que habitaban en las rutas de dispersión, manteniendo su linaje original intacto durante siglos.
“Los cerdos en Oceanía carecen de mezcla genética con especies silvestres nativas presentes a lo largo de la ruta de dispersión austronesia en Filipinas, Sulawesi y otras islas”, señalaron los investigadores en el reporte oficial.
El equipo liderado por David W. G. Stanton y científicos de universidades de renombre como Oxford, Queen Mary de Londres y el Instituto de Ciencia Evolutiva de Montpellier, determinó que solo en la región de Wallacea algunos cerdos se volvieron salvajes y tuvieron contacto genético con especies locales.

Dientes y ADN: las pruebas del misterio
Para resolver este enigma que duró décadas, se empleó tecnología de punta en análisis de ADN antiguo y morfología dental. Se compararon cientos de muestras para trazar el árbol genealógico de estos animales y entender su evolución en entornos aislados.

| Muestras Analizadas | Cantidad Registrada |
|---|---|
| Genomas modernos y antiguos | 117 ejemplares |
| Piezas dentales estudiadas | Más de 700 |
| Periodo de tiempo cubierto | Casi 3.000 años |

El estudio identificó el denominado “Clado del Pacífico”, un marcador genético único que define a los cerdos situados al este de la Línea de Wallace. La forma de sus dientes también evolucionó de manera distinta debido al aislamiento geográfico y la adaptación a sus nuevos hogares insulares, diferenciándolos de cualquier otra población porcina en el mundo.
El impacto de la época colonial
Con la llegada de los colonizadores europeos a zonas como Papúa Nueva Guinea y Nueva Caledonia, se introdujeron nuevas razas que finalmente alteraron el linaje original en esos puntos específicos. Sin embargo, en gran parte del Pacífico, la huella de los primeros navegantes austronesios sigue viva en el código genético de sus animales.

Finalmente, los científicos subrayan que este descubrimiento no solo habla de animales, sino de la capacidad de exploración del ser humano. Los resultados demuestran cómo los movimientos migratorios transforman la fauna y el ambiente de las islas de forma permanente.

Fuente: Infobae