Ecuador llega a 2026 con señales claras de tensión en sus finanzas públicas y con un escenario que, según el economista Leonardo Vera, asociado a la Universidad de Oxford, se asemeja cada vez más a una nueva crisis de deuda. El problema no es un solo factor, sino la confluencia de altos vencimientos, una estructura de deuda frágil y un crecimiento económico insuficiente para sostener los compromisos adquiridos.
A partir de 2026, los pagos a los multilaterales se incrementan de forma sostenida. Solo al FMI, Ecuador deberá pagar $1.091 millones en 2026; $1.286 millones en 2027; más de $1.400 millones en 2028; y alrededor de $1.600 millones en 2029. “Se trata de deuda de corto plazo, lo que hace imprescindible que la economía crezca con fuerza, algo que hasta ahora no ha ocurrido”, explicó Vera.
Además, entre 2026 y 2029, Ecuador enfrenta una concentración de vencimientos de bonos de deuda externa (renegociados de 2020) que supera los $8.000 millones en capital, un desafío significativo para la sostenibilidad fiscal del país.
Según el Ministerio de Economía, en 2026 el calendario contempla aproximadamente $1.060 millones en amortizaciones de bonos globales, una cifra que se incrementa fuertemente en los años siguientes: cerca de $2.000 millones en 2027 y alrededor de $2.300 millones en 2028, para llegar a 2029 con unos $3.100 millones en pagos de capital. Este patrón refleja la estructura escalonada de los bonos reestructurados en 2020 (como los de vencimiento 2030, 2035 y 2040), cuyos pagos de capital se concentran en esos cuatro años.
La Hora