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Tiranía de las selfies: ¿Espejo o trampa digital?

En nuestro día a día, es cada vez más común observar a personas absortas, capturando momentos de forma aislada, enfocadas en inmortalizar su propia imagen o hipnotizadas por la pantalla de sus dispositivos. ¿Ha notado la proliferación de fotografías de personas, a menudo poco conocidas, posando sonrientes y abrazadas? ¿Ha sentido usted mismo el impulso de documentar cada instante, compartiendo instantáneas sin saber bien con quién, buscando quizás proyectar una versión idealizada de su experiencia? Hemos sido testigos de situaciones extremas, donde individuos han puesto en riesgo su vida por obtener la foto perfecta, ya sea al borde de un precipicio o en proximidad a fauna salvaje.

Muchos dedican su tiempo a registrar sus vivencias cotidianas, construyendo una identidad visual y un entorno cuidadosamente diseñado para ser percibidos como atractivos e interesantes. El anhelo de «gustar» y recibir validación social a través de la visibilidad se ha convertido en un motor poderoso.

La llamada «tiranía de las selfies» surge como un impulso interno, alimentado por el deseo de complacer y ser reconocido, pero a través de una mirada que parte de uno mismo y se proyecta hacia la percepción ajena. Lo que a primera vista parece un acto espontáneo, como la generación de imágenes «sonrientes y cautivadoras», esconde una «exigencia invisible», una búsqueda constante de la perfección estética. Se otorga un valor desmedido a lo visual, magnificando cualidades efímeras, resaltando atributos positivos y proyectando una supuesta solidez en las relaciones, todo ello para amplificar una imagen de bienestar.

Este imperativo de mostrar atributos embellecidos, gestos y poses estilizadas, y de compartirlos, genera una expectativa psicológica de aprobación. Al ser vistos y escuchados de manera fugaz, muchos asumen quiénes son los demás y qué les sucede basándose únicamente en recortes parciales y positivos de sus vidas virtuales.

Compartir imágenes autobiográficas se ha convertido en un ritual que realza la importancia de ser notado y apreciado por otros. Esto puede dar lugar a la formación de ideas poco realistas y perfeccionistas sobre la apariencia física y la consecución de metas. Lamentablemente, esta promoción estética ha impactado negativamente, especialmente en la adolescencia, contribuyendo a un aumento de los desórdenes alimentarios y la insatisfacción corporal. En el ámbito de las relaciones de pareja, se promueven ideales de belleza inalcanzables, con cuerpos jóvenes y perfectos que no reflejan la diversidad de la población, pero que operan como referentes implícitos de «normalidad».

La exhibición digital de logros, deseos cumplidos y éxitos difunde imágenes magnificadas, validadas por su carácter excepcional y positivo. Por consiguiente, se priorizan las demostraciones de excelencia, la realización de anhelos y los triunfos. Fenómenos tan reales como las frustraciones, separaciones, carencias, el hastío, las dificultades cotidianas y las inseguridades —experiencias universales— quedan relegados, fuera del foco de lo «normado» y ostentoso.

La «tiranía de las selfies» es un factor que intensifica la ansiedad, la sensación de soledad profunda y la depresión. En lugar de un intercambio genuino, se produce una sustitución de las voces y el «contacto real» por retratos optimizados y diseñados para «agradar e impresionar». Una sociedad volcada a demostraciones efímeras de felicidad no fomenta el valor del otro ni el encuentro humano, que requiere tiempo y pausa. Observamos las poses ajenas, lo que comparten, lo que han adquirido o disfrutado, la aparente felicidad que proyectan, y los consejos de gurús del bienestar.

En la sociedad individualizada actual, la tiranía no emana de un poder externo, sino de nuestro propio deseo, singular, acelerado y en un frenesí constante, orientado hacia el hedonismo. Esta tiranía se manifiesta a través de «deseos insaciables retratados en risas y movimientos eufóricos». El sistema promueve la difusión de imágenes atractivas y festivas, premiando la validación a través de retratos autobiográficos, videos y mensajes breves que evidencian felicidad.

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Fuente: Infobae

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