En Ecuador, al igual que en otras partes del mundo, nuestros hábitos alimenticios, especialmente a la hora de la cena, pueden no estar en sintonía con las recomendaciones de salud. La experta en crononutrición, **Catherine Norton**, señala que retrasar la ingesta nocturna, una costumbre muy arraigada, va en contra de la forma en que nuestro cuerpo procesa los alimentos.
Según Norton, aligerar la cena y adelantarla puede traer beneficios significativos. Favorece una **mejor digestión**, potencia la **eficiencia en la utilización de los nutrientes** y contribuye a mantener nuestros niveles de energía estables durante toda la jornada. Un estudio publicado en la reconocida plataforma The Conversation, detalla cómo esta simple modificación puede impactar positivamente nuestro bienestar.
El Desfase Invernal y Tu Bienestar
Durante los meses de invierno, la menor exposición a la luz solar y las noches más largas pueden desincronizar nuestros **ritmos circadianos**, esa brújula interna que regula funciones vitales. Este desajuste, explica Norton, puede dificultar el conciliar el sueño y alterar nuestro **equilibrio biológico** general. La recomendación para esta temporada es clara: cenar idealmente **entre las 17:30 y las 19:00 horas**. Este lapso permite que nuestro organismo esté más receptivo y preparado para asimilar los alimentos antes de que el cuerpo se prepare para el descanso nocturno.
La ciencia detrás de esto es fascinante. El invierno, especialmente en latitudes donde los días se acortan drásticamente, puede influir en nuestros estados de ánimo. La menor **exposición a la luz** puede disminuir los niveles de serotonina, la hormona de la felicidad, propiciando así **estados de ánimo bajos**. Sumado a esto, la tendencia a pasar más tiempo en casa y, consecuentemente, a cenar más tarde o a picar entre horas, se acentúa en esta época fría.
Norton enfatiza que procesos biológicos cruciales como la **digestión** y la **liberación de hormonas** (incluidas las relacionadas con el sueño y la digestión) están intrínsecamente ligados a nuestros ritmos circadianos. Si la cena se aproxima demasiado a la hora de dormir, estos procesos pueden interferir entre sí, afectando negativamente tanto al **metabolismo** como a la calidad de nuestro descanso. Aunque la luz y la oscuridad son los maestros de reloj de nuestro cuerpo, factores como la alimentación, el estrés, la actividad física y la temperatura también juegan un papel importante.
Beneficios de una Cena Temprana
La decisión de adelantar la cena en invierno puede variar de persona a persona, pero Norton identifica **tres pilares fundamentales** que respaldan esta práctica:
- Metabolismo Activo: Cenar cuando nuestro metabolismo está en pleno apogeo facilita un mejor control de la glucosa en sangre, optimiza el gasto energético y promueve la quema de grasa.
- Digestión Completa: Dejar un margen saludable de tiempo entre la cena y el momento de acostarse asegura que la digestión culmine antes de dormir, lo que repercute en un **sueño más reparador** y una mejor recuperación física.
- Rutinas Estables: Mantener una ventana de alimentación consistente y adelantar la cena ayuda a **estabilizar nuestras rutinas diarias**, un soporte invaluable, especialmente cuando las señales ambientales, como la luz solar, son menos intensas.
Para aquellos que habitualmente cenan después de las 21:00 y perciben fatiga o un sueño poco revitalizante, **experimentar con cenas más tempranas** podría ser la solución. Sin embargo, si tu rutina incluye entrenamientos nocturnos o cenas sociales, la prioridad debe ser la **calidad de los alimentos**, optando por opciones ligeras y equilibradas, y asegurando siempre un lapso de **dos a tres horas** antes de ir a la cama.
En conclusión, la nutricionista nos deja una reflexión valiosa: en los meses de invierno, **el cuándo cenamos puede ser tan importante como el qué comemos**. Alinear nuestra alimentación con los ciclos naturales de nuestro cuerpo es una estrategia poderosa para mantener la **energía**, el **ánimo** y la **calidad del sueño** durante las jornadas más oscuras. La clave reside en la **intencionalidad**: tomar decisiones conscientes que promuevan la salud, evitando la rigidez que genera estrés, y siempre buscando un **equilibrio armonioso** entre la biología y el estilo de vida individual.
Nota: Este contenido es informativo y no reemplaza el consejo médico profesional.
Fuente: Infobae