La economía ecuatoriana no vivió un buen momento en 2024; el Producto Interno Bruto (PIB) de Ecuador cayó 2%. Sin embargo, los vientos parecen estar a favor para 2025. El Banco Central y organismos multilterales prevén que la economía se recuperará, a niveles del 3%.
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A pesar de los últimos acontecimientos, con las protestas sociales, todo apunta a que 2025 será un año positivo. Por esa razón, los esfuerzos de los agentes económicos se enfocan en cerrar un año de la mejor manera, sabiendo que están a las puertas de la temporada de actividad más alta.
A la vez, llega el momento que es una auténtica prueba de fuego para las finanzas personales. La emotividad de las fechas finales del año son muchas veces pie para dar rienda suelta a la celebración. Pero, ojo, que ese florecimiento de emociones no se convierta en un cheque en blanco.
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Para evitar que las emociones se impongan a la razón al momento de comprar (en realidad, aplica para cualquier momento), es necesario identificar algunas ‘red flags’ (banderas rojas) que le ayudarán a que su presupuesto no se le vaya de las manos en el último tramo del año.
Uno de los aspectos más generales que abordan los especialistas en «psicología financiera» es reconocer en qué parte del sistema se encuentra como consumidor. Según el consultor Manrique Hernández, en su análisis de finanzas conductuales, hay que saber:
Género: las mujeres son más conservadoras que los hombres, es decir, tienden a tomar menos riesgos.
Estado civil: los solteros son más propensos a tomar decisiones riesgosas que las personas casadas.
Edad: las personas jóvenes se inclinan más a la búsqueda de riesgos que las personas mayores.
Nivel de educación: las personas con altos niveles de educación demuestran una mayor propensión o tendencia a tomar riesgos.
Para la financiera Pictet Asset Management, es necesario conocer «los sesgos que intervienen en las decisiones, lo cual ayuda a evitar errores que pueden tener un impacto en salud financiera». Estos son:
Predisposición al optimismo
Pesa más el optimismo que el realismo. Y se toman decisiones impulsivas en detrimento de los planes a largo plazo.
Exceso de confianza
Tendencia a sobreestimar o exagerar la capacidad de una persona para realizar con éxito una tarea determinada.
Anclaje
Dar mayor peso a la información que tenemos en un primer momento que a la que contradice a la primera.
Aversión a la pérdida
Creencia de que las pérdidas pesan más que las ganancias.
Influencia externa o efecto rebaño
Influencia por lo que hacen los demás.
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Identifique los gatilladores
¿Por dónde empezar a conocerse como comprador y cómo identificar en dónde se está ubicado? Lo primero es aprender a identificar la manera en que el marketing influye en las decisiones de compra.
Sensación de perderse de algo
Cuando las campañas anuncian que un producto está por terminarse o quedan muy pocos, el impulso lleva a querer adquirirlo, le sirva o no.
El cronómetro camina a cero
La invitación a comprar porque el tiempo de la oferta se termina. El ‘tic tac’ puede despertar esa necesidad de adquirir, nuevamente, sea útil o no.
La tentación de la exclusividad
Nada más tentador que tener algo de edición limitada o única. Sin embargo, estos productos suelen costar mucho dinero y hacerlo incurrir en gastos abultados.
Confianza a ciegas
Comprar solo porque el hecho de ser tal o cual marca. Sin tomarse el tiempo de comparar que pudieran existir otras con mejores prestaciones y menores precios.
El influjo de las redes sociales
La necesidad de comprar algo porque es tendencia o simplemente porque pareció algo divertido, original, ‘cool’ o, simplemente, porque muchos influencers ya lo tienen.
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Haga un autoanálisis
La mayoría de personas cree que tiene bajo control sus finanzas personales y que los pocos errores que cometen son parte de ciertos impulsos que son capaces de manejar. Sin embargo, a la hora de la hora, muchas veces la emotividad del momento tira por la borda esa seguridad.
A continuación una breve guía para conocerse y mantener la vertical en su presupuesto. Recuerde que no se gana a los impulsos con “fuerza de voluntad” sino con una estrategia clara: preacuerdos definidos, entorno sin tentaciones, pausas breves y presupuesto con límites visibles.
Identifique cuándo y por qué gasta impulsivamente: ¿por aburrimiento, estrés, noches sin dormir o, incluso, dicha desbordante (lleva a la generosidad sin límites)?
Lleve un registro de impulsos, los siete días de la semana. Escriba sobre el momento, la emoción (una palabra), el lugar, el gasto. Así, identificará patrones.
Impóngase una regla contra el impulso. Si el monto a gastar es de menos de USD 50, espere 24 horas. Si está entre USD 50 y 200, aguarde 72 horas. Y si es de más de USD 200, espere siete días. Si pasado ese tiempo, aún quiere comprar, hágalo.
Limite los gastos extras. Póngase un techo para los llamados «gustos personales»; un monto para ello, del que no puede pasarse.
Lista de compras obligatorias. Generalmente vinculadas a las de consumo acostumbrado. Productos fuera de esa lista deben evitarse al 100%.
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Trucos para manejar el dinero
Construya un entorno que le ayude
Elimine las suscripciones de emails/ofertas y silencie notificaciones de tiendas.
Retire los datos de la o las tarjetas guardadas en aplicaciones y plataformas de compras.
Cuando salga, lleve solo tarjeta o sistema de débito y un monto tope en efectivo.
Instale bloqueadores de sitios/tiendas en horas de riesgo (noche).
Mantenga control sobre el efectivo
Separe el dinero en tres sobres: necesidades, metas, gustos.
Los gustos tienen un monto fijo. Si se acaba, no se repone hasta el próximo periodo.
Mueva los “sobrantes” de gustos a fondo de emergencia o meta. Refuerce el hábito, no el impulso.
Apague el impulso
Sustituya las compras cuando sienta emociones fuertes que le hagan gastar sin pensar.
Si se siento ansioso y quiere comprar online, haga otra actividad automáticamente, como caminar, leer, escuchar música, meditar, etc.
Si todavía siente el impulso, dúchese en agua fría unos minutos o nombra un “buddy financiero” (pareja/amigo) que le ayude a disuadir del impulso.
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