Televisión colombiana: realities y streaming desplazan a la novela clásica

La industria televisiva colombiana experimenta una metamorfosis silenciosa pero profunda. Los realities dominan la programación, la telenovela tradicional de 80 episodios ha perdido su sitial de honor y el melodrama se ha adaptado a formatos que caben en la palma de la mano. Dos reconocidos productores nacionales ofrecen perspectivas divergentes sobre este fenómeno, ninguna de ellas tranquilizadora para quienes extrañan la televisión de antaño.

Dago García, uno de los creadores más prolíficos de la televisión colombiana con producciones como El Paseo, y José Lombana, productor de Quinto Color, coinciden en que la novela no ha muerto, pero difieren en el diagnóstico de lo que ocurre y en las razones por las que los canales abiertos han apostado tan fuertemente por los formatos de competencia y convivencia.

La novela no desapareció, pero ya no es la misma

Para García, el melodrama vive una etapa de expansión, no de retroceso.

“Hoy en día casi que lo que no contiene melodrama está condenado a no funcionar”, afirmó el productor en una entrevista con Infobae Colombia.

Según su visión, la integración entre televisión abierta y plataformas de streaming fortaleció al género: tanto RCN como Caracol exportan a las plataformas todo lo que producen en melodrama, y las propias plataformas les piden que incorporen ese elemento en sus originales.

Dago García revela en ‘Creatividad y Escritura’, editado por Penguin Libros, su proceso creativo tras más de tres décadas en la televisión y cine colombiano - crédito cortesía Dago García

García describe el momento actual como una época de fusiones.

“Tenemos telenovelas musicales, telenovelas políticas, telenovelas thriller, telenovelas narco. La telenovela se convirtió como en un gran contenedor de otros géneros”, sostuvo.

Para él, eso le garantiza larga vida al formato.

Lombana parte de una lectura distinta. Reconoce que el melodrama como género sigue vivo, pero advierte que el problema no es creativo, sino de mercado.

“Es muy difícil hoy mercadear una novela de 80 capítulos si no tienes un comprador asegurado desde el día uno”, señaló.

Las plataformas no quieren 80 capítulos —quieren 8 o 10—, y la televisión abierta sigue necesitando volumen para llenar su parrilla. Ese desajuste deja a la novela larga en tierra de nadie: “Un producto muy grande para plataforma y muy costoso y riesgoso para canal abierto si no está pre-vendido”.

Escribir para todos los formatos a la vez es el error de la industria

- crédito joselombana/Instagram

Lombana va más lejos y señala una falla estructural en la forma en que se está concibiendo el contenido. Para el productor de Quinto Color, escribir una telenovela, una serie de plataforma y una producción vertical son tres disciplinas distintas que la industria colombiana está tratando como si fueran la misma.

“Escribir telenovela de 80 capítulos es escribir para volumen. Necesitas arcos que se estiren, personajes que el público vea crecer durante cuatro meses, cliffhangers chiquitos todos los días y uno grande los viernes”, explicó. En cambio, una serie de 8 o 10 capítulos exige precisión: “Cada capítulo tiene que avanzar sí o sí”. Y una producción para plataforma pura debe ser más universal, pensada para que alguien la maratone en un fin de semana en cualquier parte del mundo.

El problema, según Lombana, es que los canales y las productoras están pidiendo un solo producto que sirva para todos esos usos al mismo tiempo. “Al tratar de hacer un producto que le sirva a todos, terminas sin servirle bien a ninguno. Para TV abierta queda corta, sin el aliento diario. Para plataforma queda larga y lenta, con tramas de relleno”, afirmó.

Los realities no son una apuesta creativa, son una decisión de números

Carla Giraldo estaría de regreso en la actuación antes del inicio de la cuarta temporada de 'La casa de los famosos Colombia' - crédito @carlagiraldo/Instagram

Cuando se les preguntó por qué los canales colombianos le apostaron tan fuerte a los realities, los dos productores coincidieron en lo esencial: no es una elección artística, es una decisión económica.

García atribuye el surgimiento del formato a un agotamiento narrativo que vivió la telenovela en cierto momento, cuando los personajes empezaron a alejarse de criterios de verosimilitud.

“El reality garantizaba que los personajes eran verdaderos”, explicó. La gente quería identificarse con seres de carne y hueso, sin necesidad de que un guionista los construyera. “Resultó muy atractivo y poco a poco se fue estableciendo”, añadió.

Lombana es más directo. “Es un tema solo de números. De parrilla y de horas de contenido”, afirmó. Un reality llena dos, tres horas diarias de aire, siete días a la semana, durante tres o cuatro meses. Ninguna ficción ofrece eso. Y además es barato: no hay que armar 30 locaciones, no se necesita un elenco de 40 actores, no hay vestuario de época ni posproducción de tres meses. “Montas una infraestructura una vez y produces contenido non-stop”, resumió el productor de Quinto Color.

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A eso se suma la eficiencia multiplataforma.

“Con una sola casa tienes el programa de la noche, el live 24/7 para la app, los clips para TikTok, los debates para YouTube”, describió Lombana.

Ese rendimiento por hora de contenido producido es, según él, imposible de igualar con cualquier otro formato.

El remake: ¿pereza o lógica del entretenimiento?

En ese contexto, la discusión se enfoca en los remakes y las repeticiones de novelas clásicas que pueblan la parrilla de los canales colombianos. García defiende esa práctica sin rodeos.

“Lo que pasa es que nosotros tenemos una televisión bastante particular. Para nosotros siempre la innovación es como parte del ADN”, reconoció, pero aclaró que eso no invalida las segundas y terceras vidas de los productos.

“¿Cuántas veces se repitió Chespirito? Se sigue repitiendo y la gente lo sigue disfrutando. ¿Cuántas veces hemos visto Betty la fea y lo seguimos disfrutando?”, preguntó el productor, para quien esa recurrencia no es facilismo ni agotamiento creativo, “es parte de la naturaleza del entretenimiento”.

El vertical y la inteligencia artificial, el siguiente capítulo

El último frente del debate es el contenido vertical: episodios de 90 segundos que se consumen en el celular, concebidos para enganchar desde los primeros segundos.

Lombana, que ya opera en ese territorio con Quinto Color, describe sus ventajas con precisión:

“Tienen un hook en los primeros tres segundos, tienen melodrama puro, son simples, son fáciles de entender. No tienes que haber visto 20 capítulos para engancharte. Entras y ya sabes quién es la buena, quién es la mala y qué está en juego”.

Un equipo de producción audiovisual rueda una escena dramática con dos actores en el plató de una telenovela que se están grabando en formatos verticales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para García, en cambio, ese fenómeno todavía no permite pronósticos firmes. “Creo que es el momento de mirarlo, de ver cómo evoluciona”, sostuvo. El productor lo ubica dentro de lo que llama “el caos” digital: un período donde “todos los días se cae una certeza” y conviene esperar a que las cosas se decanten antes de hacer apuestas.

Lombana va más adelante. Quinto Color ya lanzó su primera línea de contenido producido con inteligencia artificial y prepara la segunda temporada de Turbiño, una serie vertical hecha completamente con IA. “Los números que mueve el vertical con IA son otra liga. Los costos bajan aún más y la entrega es mucho más rápida”, afirmó.

Lo que los dos productores dejan en claro, desde ángulos distintos, es que la televisión colombiana ya no funciona bajo las reglas que la definieron durante décadas. El formato que llenó la parrilla cambió, el lugar donde se ve el melodrama cambió y las herramientas para producirlo también. Lo que todavía no está claro es si la industria está escribiendo para ese nuevo escenario o todavía intenta que un solo producto sirva para todos.

Fuente: Infobae

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