Los montículos de tierra, las excavaciones y las cintas de seguridad continúan ocupando parte de la avenida Rodolfo Baquerizo Nazur, en la Alborada, en el norte de Guayaquil. En el tramo intervenido desde marzo persisten las dificultades para caminar, estacionarse e ingresar a los negocios.
A los costados de la vía, algunos establecimientos tienen anuncios de alquiler y otros están próximos a desocupar sus espacios. Quienes continúan atendiendo aseguran que los ingresos no alcanzan para cubrir sus obligaciones, mientras diciembre se acerca sin que terminen los trabajos.
Ricardo Salcedo, propietario de un establecimiento de reparación de electrodomésticos, señala hacia los locales cercanos que han dejado de atender. Después del plantón de septiembre esperaba encontrar más trabajadores y maquinaria, pero asegura que las condiciones han cambiado poco.
“¿Qué ha cambiado? Prácticamente nada. Seguimos aquí, esperando que terminen los trabajos. Nosotros pensábamos que después de las manifestaciones las cosas iban a avanzar, que habría más trabajadores, más maquinaria, pero seguimos con las mismas dificultades”, relata.
Salcedo lleva dieciocho años trabajando en el sector. Explica que ha reducido gastos y conversado con sus proveedores para continuar operando. La falta de estacionamientos y las restricciones de acceso, asegura, han alejado a los compradores.
“Hay negocios que ya no pueden continuar. Usted ve locales que antes estaban funcionando y ahora están desocupados. Y los que todavía estamos aquí no sabemos cuánto más vamos a resistir”, manifiesta.
Retrasos en las obras de la Alborada
El pasado 30 de septiembre, moradores y comerciantes realizaron un plantón para reclamar por los retrasos de la primera fase, ejecutada en sentido sur-norte desde la avenida Agustín Freire Icaza hacia José María Egas. La intervención tenía un plazo inicial de cinco meses.
Durante aquella manifestación, propietarios denunciaron reducciones de ventas de hasta el 70 %, despidos y cierres temporales. Ahora, quienes participaron en los reclamos aseguran que todavía esperan respuestas sobre las actividades pendientes.
Elena Cedeño ha vivido detrás de la cuadra intervenida desde hace veintinueve años. Recuerda las reuniones que organizaron los vecinos para exigir la terminación de los trabajos. Sin embargo, cuenta que algunos han perdido la disposición para participar en nuevas manifestaciones.
“Y ahora da pena porque muchos ya ni quieren participar. Usted les dice que vamos a hacer otra reunión y le responden: ‘¿Para qué, si alzamos la voz y todo sigue igual?’”, expresa.
Cedeño explica que el problema no se limita a las dificultades para movilizarse. La incertidumbre sobre la duración de los trabajos se ha convertido en una preocupación diaria para quienes viven junto a la avenida.
“Ya reclamamos, ya presentamos nuestras preocupaciones y seguimos esperando. Hay vecinos que sienten que hablar es una pérdida de tiempo”, manifiesta.
Preocupación por las lluvias y plazos municipales
Andrés Villacís, quien también vive cerca de la vía, cuestiona que los moradores todavía no conozcan cuánto falta para concluir la intervención. Explica que entregaron documentos al Municipio, pero consideran insuficiente recibir únicamente una confirmación de recepción.
“Necesitamos que nos expliquen qué trabajos faltan, quiénes son los responsables y cuándo los van a terminar”, sostiene.
Las excavaciones abiertas mantienen preocupados a los residentes ante las precipitaciones asociadas al fenómeno de El Niño. En octubre, después de las lluvias, se encontraron lodo, agua acumulada y obstáculos que dificultaban el paso de los peatones.
Gabriela Zambrano, madre de dos estudiantes y residente de la cuarta etapa, explica que debe atravesar los alrededores de la intervención para movilizarse diariamente con sus hijos.
“Mis hijos tienen que ir a clases y yo tengo que trabajar. Cuando llueve, tenemos que buscar por dónde caminar, evitar el lodo y tener cuidado con las excavaciones”, relata.
Zambrano recuerda que los vecinos habían advertido sobre las consecuencias de mantener excavaciones abiertas durante la temporada lluviosa.
“Sabíamos que venía el fenómeno de El Niño y que había trabajos pendientes. Entonces, ¿por qué tenemos que llegar a noviembre en estas condiciones?”, cuestiona.
El Municipio explicó en septiembre que los retrasos se debieron a la obstrucción de un colector de aguas servidas por un poste eléctrico que no constaba en los planos. Tras su retiro por parte de CNEL, se retomaron las labores subterráneas. La institución fijó diciembre de 2026 como fecha estimada para concluir la obra.
A pocas semanas de ese plazo, Villacís solicita información sobre las actividades pendientes y las medidas previstas frente a las lluvias.
“Que nos den un cronograma actualizado y que lo cumplan. Que nos expliquen cuántos trabajadores están asignados, qué actividades faltan y qué van a hacer durante las lluvias”, expresa.
Para Salcedo, diciembre representa otra preocupación por las ventas de fin de año, después de meses de ingresos reducidos.
“Si llega diciembre y la avenida continúa así, ¿de qué vamos a vivir? Nosotros necesitamos que terminen los trabajos. Ya no podemos seguir pagando las consecuencias de cada retraso”, manifiesta. (I)
Fuente: El universo