Nariz electrónica refuerza el olfato canino en rescates

Localizar personas desaparecidas en fosas clandestinas o tras desastres naturales sigue siendo uno de los mayores retos para la investigación forense a nivel mundial. Durante años, los perros adiestrados han sido la herramienta principal para rastrear olores de descomposición bajo tierra, pero sus señales corporales no revelan qué sustancias químicas específicas activan su reacción. Para resolver esta limitación, un equipo de investigadores evaluó una nariz electrónica junto a brigadas caninas, con el objetivo de comprobar de forma científica la detección de restos sepultados.

Hasta ahora, peritos e instructores carecían de métodos en terreno para registrar los gases exactos que percibe el olfato de los perros a través de las capas del suelo. El proceso de descomposición libera compuestos orgánicos volátiles, partículas aromáticas que se dispersan rápidamente en el aire.

Sin embargo, la humedad del terreno y los cambios climáticos pueden retener o dispersar estas emanaciones, generando incertidumbre en casos penales: no se sabe si la falta de respuesta del animal se debe a la ausencia de un cuerpo o a un error durante el rastreo.

Un prototipo australiano marca el camino

Para aclarar esta duda pericial, un grupo de científicos analizó el rendimiento de los sabuesos en paralelo con las mediciones del prototipo portátil NOS.E, desarrollado en Australia por la Universidad Tecnológica de Sídney.

Según un estudio publicado en la revista PLOS ONE, el instrumento demostró que las marcaciones correctas de los animales coinciden con picos elevados de moléculas específicas en una fosa de tres meses. El hallazgo busca proporcionar un parámetro físico cuantificable que respalde los informes de búsqueda, sin depender únicamente de interpretaciones subjetivas.

El sondeo del terreno liberó los gases y guio a los canes hacia el torso

Los perros de la Policía de Nueva Gales del Sur detectaron restos humanos solo después de que los peritos realizaron perforaciones de sondeo con varillas metálicas en el terreno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ensayo se realizó en el Centro Australiano para la Investigación Tafonómica Experimental, un predio forestal cerca de Sídney. Allí, los investigadores enterraron el cuerpo de un donante a 60 centímetros de profundidad en una fosa que permaneció intacta durante 98 días, simulando una desaparición prolongada.

Luego, se llevaron a cabo seis jornadas de trabajo con la participación de tres perros detectores de restos humanos de la Policía de Nueva Gales del Sur y el equipo móvil de sensores químicos.

Durante las pruebas de campo, los especialistas aplicaron un método de sondeo con varillas para permitir la salida del aire acumulado en la fosa. En las sesiones sin este sondeo previo, los perros policiales no alertaron o dieron falsas alarmas. En cambio, tras las perforaciones, los tres canes marcaron los orificios del torso superior del donante, zona donde los órganos concentran la mayor emanación gaseosa.

En paralelo, los investigadores tomaron muestras de aire manteniendo el sensor a 15 centímetros del suelo, detectando las señales más altas sobre el torso superior, justo donde los perros marcaron.

Las pruebas demostraron que la tecnología puede confirmar las alertas caninas, afirmó Amber O. Brown, autora principal del estudio y quien completó su doctorado en la Universidad Tecnológica de Sídney, según el comunicado de prensa institucional.

El azufre y el nitrógeno determinan las alertas certeras frente al entorno

El sensor NOS.E y los sabuesos coincidieron en ubicar las concentraciones más altas de gases sobre el torso superior del cuerpo sepultado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo comparó las lecturas del aparato en el laboratorio mediante análisis molecular de alta resolución, un proceso que separa y reconoce mezclas gaseosas complejas. Para la confirmación analítica, el estudio en PLOS ONE verificó mediante cromatografía de gases que el entierro clandestino emitía alcoholes, alcanos, aldehídos y derivados de azufre y nitrógeno. Al evaluar los registros, las marcaciones caninas correctas se asociaron con respuestas más altas a compuestos con azufre y nitrógeno, alcoholes y alcanos, según detalla la publicación.

En otras palabras, la mera presencia de una molécula no basta para que el animal reaccione; se necesita una concentración que supere el fondo aromático natural del bosque.

El suelo vegetal libera constantemente emanaciones azufradas, pero para obtener una alerta válida, los sensores de la nariz electrónica requieren que los gases superen los valores basales del ambiente. El trabajo concluye que tanto la presencia como la abundancia de estas familias químicas influyen en las alertas positivas de los canes ante entierros clandestinos.

La medición química respalda el adiestramiento sin sustituir al animal

Los datos físicos cuantificables del sensor aportan respaldo científico a los peritajes judiciales y facilitan la inspección en zonas de catástrofe. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores de la universidad señalaron que el sistema móvil funciona como un valioso auxiliar pedagógico para los cuerpos de seguridad. La degradación cadavérica pasa por cinco etapas sucesivas con mezclas aromáticas cambiantes, lo que dificulta la instrucción de los sabuesos jóvenes. El dispositivo aporta certeza durante el entrenamiento al mostrar si el olor está presente en un área incluso cuando el animal no alerta, afirmó Amber O. Brown, según el comunicado de prensa.

Contar con parámetros numéricos también permitirá dotar de validez científica a testimonios periciales en investigaciones forenses por desaparición forzada u homicidio.

“Los perros poseen un olfato superior y pueden registrar un terreno rápidamente, mientras que la tecnología puede aportar precisiones sobre las sustancias detectadas”, afirmó Maiken Ueland, profesora asociada de la Universidad Tecnológica de Sídney, según el comunicado de prensa.

Ueland destacó que el sensor facilitará la comprensión humana de los rastreos biológicos y abrirá una alternativa para inspeccionar zonas de catástrofe donde el terreno sea inseguro.

Fuente: Infobae

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