El autor portugués Gonçalo M. Tavares fue distinguido este domingo con el Premio Formentor de las Letras 2026, en una gala donde su discurso de aceptación giró en torno a la creación literaria, el lenguaje y la coyuntura global.
“En 2026 cuesta respirar. Las noticias circulan a algunos metros del suelo y la cantidad de oxígeno disminuye. Las noticias vienen con monóxido de carbono; están hechas para hacer toser a los humanos, para asfixiarlos, para pedir ayuda ante las noticias malignas: todos nos transformamos en una especie animal que pide socorro. Y no hay nada más peligroso que una inmensa multitud asustada: ¿quién vendrá a terminar con el susto de los niños-adultos, de esos millones de personas? Asustados, los humanos se vuelven niños dóciles, aptos para seguir cualquier tren que los lleve en línea recta al infierno”, declaró el escritor durante la ceremonia efectuada en el Four Seasons Resort Mallorca at Formentor.
Frente a ese panorama, Tavares resaltó la relevancia de la literatura y los libros como generadores de “oxígeno”. “Es necesario salvar el lenguaje del asesinato sin pausas que se ejerce sobre él en los infinitos discursos que propagan ese virus que lo vuelve cojo, ciego de un ojo. Toda la pobreza del lenguaje y de la imaginación acabará en maldad puesta en movimiento. O creemos en eso o no lo creemos. Yo lo creo: la pobreza del lenguaje produce fascismos de pequeña dimensión, pero de gran alcance”, advirtió.
Para el galardonado, “escribir es una modalidad de la caída, una forma de caer sin quedarse callado. Una forma de ver caer a los otros sin callar”. Asimismo, señaló que “es evidente que el fascismo no nace de la prosa mansa ni del bajo voltaje del lenguaje eléctrico, sino que se alimenta del habla que es o demasiado rápida o silenciosa como un tigre al que le han arrancado la rabia”.
El escritor portugués enfatizó que “parte del lenguaje se mueve por la rabia, otra por una cierta hambre -como si fuera un oso o un tigre, cosas orgánicas de cuatro patas y mucha agilidad-. No se escribe sobre una mesa, sino sobre una inquietud”.
Según Tavares, “no hay página que alcance la palabra abracadabra del siglo; cada siglo tiene sus mañas, esconde sus palabras esenciales. Escribir es buscar, no encontrar. Por desgracia, por suerte”, por lo que “la literatura no pertenece a los muchos modos del comercio -del vender y del comprar-”. Añadió: “La creación es una forma de dejar rastros detrás (migas en forma de letras) para no perdernos en el bosque peligroso y poder regresar a casa. Pero cuando regresamos a casa, la casa está en llamas”.
En su intervención, reflexionó: “Y entonces comprendemos que ninguna palabra ha calmado jamás el fuego: necesitamos los elementos principales: el agua, por ejemplo, cuando hay fuego de más; el fuego cuando hay frío de más; la tierra cuando nos volvemos vanidosos dentro de un globo frágil suspendido a siete metros del suelo; el aire cuando quieren enterrarnos bajo noticias al galope de un motor sin cerebro que quiere convertir a los humanos en puros animales receptores de noticias. Pero no somos animales hechos para permanecer sedentarios en el sofá esperando a que el mundo nos diga cómo cambia. Somos otra cosa”.
Acto seguido, puso el foco en el oficio de escritor: “un animal inclinado sobre una mesa diseccionando a otro animal inclinado sobre una mesa diseccionando a otro animal inclinado sobre una mesa. Y así sucesivamente”. También destacó la importancia de la lectura: “Leer es cosa de locos, de hombres salidos del manicomio que a partir del trazo crean imágenes en la cabeza. Pero ninguno está loco porque cuando muchos están locos, ninguno lo está (…) Somos demasiados con esta locura”.
El discurso, titulado “Piedra, planta, animal y escritor”, conectó la coyuntura mundial con el acto de escribir. “Las noticias son claras: el mundo vive en pánico (…) Hay que saltar por encima de las noticias como un saltador de altura que quiere llegar al punto del cielo que no tiene obstáculos. Pero a veces es bueno saltar hacia dentro de la actualidad como un saltador de longitud que intenta ir al fondo de lo que está ocurriendo en el mundo; que intenta atravesar lo que está ocurriendo en el mundo como si las noticias fueran un muro que no deja ver, y la única función de la escritura fuera la de un taladro potente”.
Tavares evocó una historia de Elias Canetti sobre los soldados y las piedras que dejaban antes de ir a la batalla, para referirse al recuerdo de los ausentes. “Siento que escribir es, en parte, escribir para ese montón de muertos que están en el suelo, para ese monumento natural. Cada uno tiene su monumento de muertos privado”, confesó.
Reconocimiento al Premio Formentor
El autor agradeció y valoró a los anteriores ganadores del Premio Formentor, dotado con 50.000 euros. “Entre esos nombres potentes, los de los anteriores galardonados, no hay vendedores, no hay negociantes. Nadie negocia ni ha negociado con el público ni con los lectores, absolutamente nada”, elogió.
“Me siento muy honrado, en efecto, por recibir este Premio Formentor de las Letras. Un premio con una filosofía fuerte, densa, con una línea firme que nos conduce en medio de estos días que aparecen en forma de laberinto, en días cada vez más inciertos, un camino claro”, expresó el portugués ante un público conmovido, y lanzó un mensaje contundente: “No se escribe mientras se asciende, se escribe mientras se cae”.
La velada incluyó un recital de guitarra a cargo de Pedro Mateo, con obras de Frédéric Chopin, Manuel de Falla y Alberto Ginastera, todos vinculados en algún momento a Mallorca. Tanto la entrega del galardón como las XIX Conversaciones Literarias —bajo el lema “Artistas, émulos y copistas: crear y recrear los aires del mundo”— se desarrollan en el Cabo de Formentor, en la isla de Mallorca, del 1 al 3 de noviembre, retornando a su origen tras un período de itinerancia iniciado en 2021.
Fuente: Infobae