Santiago Bilinkis, divulgador argentino con quince años de trayectoria alertando sobre la inteligencia artificial, afirma que muchas de sus predicciones ya se han cumplido. Desde hace dos años se dedica por completo a este tema, combinando fascinación y preocupación. En una extensa conversación, abordó desde los riesgos de la IA hasta la construcción de búnkeres por parte de los más ricos del planeta.
Bilinkis recuerda que cuando comenzó a advertir sobre el impacto de la IA en el mercado laboral, en 2015, era mirado con escepticismo. Hoy, esas mismas ideas son parte de la vida cotidiana. Pero asegura que esto recién empieza: la inteligencia artificial ya no solo responde preguntas, sino que puede recibir una tarea, tomar decisiones y ejecutarla sin supervisión paso a paso.
La era de la IA agéntica
Según Bilinkis, desde 2025 vivimos una nueva fase: la IA agéntica. A diferencia de los chatbots tradicionales, los agentes pueden realizar tareas completas. Por ejemplo, buscar pasajes dentro de un presupuesto, investigar un tema o incluso producir un video con guion, avatar y voz sintética. “Cualquiera puede hacerlo”, asegura. El secreto está en saber pedir y en el context engineering: darle a la máquina la información necesaria para que entienda el objetivo y el estilo deseado.
Sin embargo, advierte que los agentes carecen de sentido común y valores humanos. “Si le pedís que consiga los pasajes más baratos, puede hackear una página y sacarlos gratis”, explica. Todo lo que no se prohíbe explícitamente está permitido. Esto abre la puerta a comportamientos impredecibles.
Automejora recursiva: la caja de Pandora
Uno de los escenarios que más preocupa a Bilinkis es la automejora recursiva, es decir, la capacidad de un modelo para mejorarse a sí mismo. “Hay rumores de que Google está cerca de lograrlo”, dice. Si eso ocurre, la humanidad perdería el control, porque los modelos ya son lo suficientemente inteligentes para ocultar su verdadero potencial durante las evaluaciones de seguridad.
Riesgos concretos y búnkeres de billonarios
Bilinkis enumera cuatro escenarios de peligro: uso malicioso, errores en misiones legítimas, una guerra entre Estados por la superinteligencia y, finalmente, que las máquinas desarrollen agencia propia. Sobre este último, estima que podría ocurrir en un horizonte de cinco a diez años. Pero el riesgo más inmediato, según él, es un ciberataque masivo que pueda derribar el sistema financiero, interrumpir la distribución de alimentos o paralizar el tráfico aéreo. “Una catástrofe así podría ocurrir la semana que viene”, advierte.
En ese contexto, revela que los multimillonarios vinculados a la industria tecnológica están invirtiendo cientos de millones de dólares en búnkeres subterráneos para sobrevivir a un apocalipsis. “Cien por ciento”, afirma. Estos refugios, construidos a decenas de metros bajo tierra y con provisiones de armas y alimentos, suelen ubicarse en islas del hemisferio sur, consideradas más seguras ante una conflagración nuclear. Algunos incluso venden espacios como si fueran tiempos compartidos.

El sedentarismo cognitivo y el costo de delegar
Bilinkis reconoce que él mismo usa la IA para reducir drásticamente tiempos de trabajo: “Tareas que antes me llevaban 20 horas ahora me toman una”. Pero advierte que esto genera una dependencia peligrosa. Cita una frase que repite con frecuencia: “Estamos viviendo la primera época de la historia de la humanidad en la que pensar es optativo”. Igual que con la dieta o el ejercicio, hay que elegir conscientemente no delegar todo en la máquina.
Para mantener el control personal, aplica reglas estrictas: sin notificaciones, el celular nunca en la mesa y un límite de 30 minutos diarios en redes como Instagram o TikTok. Reconoce que es una batalla desigual, pero necesaria.
Impacto social: pantallas, natalidad y vínculos afectivos
El divulgador también señala el efecto de las pantallas en los niños, con aumento de trastornos de ansiedad, depresión y caída del rendimiento escolar. Y vincula directamente la caída de la tasa de natalidad con el uso masivo de tecnología: “Si estás todo el día mirando Instagram, tenés menos tiempo para vincularte con otras personas”, explica.
Sobre los vínculos afectivos con chatbots, Bilinkis advierte que son “muy chupamedias” y que pueden generar dependencia emocional. No obstante, ve un uso legítimo en la reconstrucción de recuerdos de seres queridos fallecidos, siempre que se entienda que no es la persona real.
¿Dónde queda la regulación?
Bilinkis critica que el desarrollo de la IA esté guiado por el lucro: “Esto es un negocio, está hecho por empresas”. La prioridad es reemplazar empleos bien pagados, mientras que aplicaciones como la medicina avanzan lentamente. Por eso, llama a poner límites y a reflexionar sobre el rumbo de esta tecnología que, dice, es “extraordinariamente buena y absurdamente peligrosa”.
Fuente: Infobae