La escritora Mariana Enríquez ha lanzado su más reciente obra, Conversación con la oscuridad, un ensayo de 272 páginas que forma parte de la colección Voces/Ensayo de la editorial Páginas de Espuma. En este volumen, la autora argentina traslada a la teoría literaria las obsesiones que ya había trabajado en sus novelas y cuentos: el terror como herramienta para narrar la violencia latinoamericana.
El libro está organizado en cinco “vértebras”, una estructura anatómica que hace referencia al ‘body horror’, un subgénero que se centra en la transformación y degradación del cuerpo. Esta elección reemplaza los capítulos tradicionales y permite examinar espacios, tiempos y subjetividades desde lo siniestro.
Conversación con la oscuridad propone una teoría del miedo latinoamericano que no surge de una irrupción sobrenatural importada, sino de traumas históricos, políticos y sociales propios de la región.
“Hay muchos tipos de terror, y el que me interesa hacer a mí está directamente relacionado con lo cotidiano”, declaró Enríquez durante la presentación en San Sebastián de la adaptación de Mis muertos tristes. Esta afirmación resume el método que recorre toda su obra narrativa: partir de un entorno reconocible para luego introducir la grieta inquietante.

En el ensayo, la autora explica el mecanismo con precisión: “El terror nace del realismo porque parte de algo reconocible, verosímil, que empieza a distorsionarse hasta volverse inquietante, amenazador”, escribe. Esa fórmula describe también el procedimiento de cuentos como los reunidos en Los peligros de fumar en la cama, donde escenarios domésticos derivan en episodios de horror sin previo aviso.
Distancia del ‘boom’ y del realismo mágico
El ensayo marca una diferencia generacional con los autores del ‘boom’ latinoamericano, que escribían para una región que se percibía próxima a una transformación histórica. Enríquez sostiene que la pérdida de esa expectativa alimentó una literatura marcada por la paranoia, la oscuridad y los espectros de un pasado que no termina de desaparecer, un diagnóstico que coincide con el tono de novelas como Nuestra parte de noche.

La distancia también alcanza al realismo mágico, con el que su narrativa suele compararse por error. “El realismo mágico posee una naturaleza optimista que no tiene el gótico”, afirma en el libro. Para la autora, el gótico resulta más apto para abordar las persistencias de la memoria latinoamericana, las violencias y las narrativas de pueblos originarios que fueron silenciadas, una línea que atraviesa buena parte de su producción de ficción.
Mitos de infancia y raíces personales
Enríquez vinculó su interés por el género con la infancia, los mitos guaraníes y la mitología griega, en particular sus figuras monstruosas. En la presentación de Barcelona, explicó que en su entorno familiar la relación con los muertos y las historias de fantasmas forma parte de la vida cotidiana.
La autora admitió además que desconoce el origen exacto de su fascinación por el terror. “No tengo la suerte de ver fantasmas como mi tía. Quizá de ahí sale toda la obsesión porque es algo que me fascina mucho y puedo explorar, tanto en la teoría como desde la ficción, pero en lo personal”, dijo.
El ensayo reúne referencias que van de La historia interminable y El exorcista a la Biblia, sus figuras demoníacas y los relatos de matanzas de inocentes, además de manuales de espiritismo que la autora declara haber leído para construir el libro.
Una trayectoria que respalda el ensayo
El prestigio de Enríquez como teórica del género se apoya en una carrera consolidada. Nuestra parte de noche le valió el Premio Herralde de Novela y el Premio de la Crítica en 2019, y en 2024 recibió el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso. Su colección Un lugar soleado para gente sombría obtuvo el World Fantasy Award a la mejor colección en 2025, mientras que Los peligros de fumar en la cama había llegado a la lista corta del Premio Booker Internacional en 2021.
Esa obra narrativa también se trasladó al audiovisual. La virgen de la tosquera, película dirigida por Laura Casabé basada en dos cuentos de la autora, fue elegida para representar a Argentina en los Premios Goya como Mejor Película Iberoamericana. El cineasta chileno Pablo Larraín estrenó recientemente una miniserie de cuatro capítulos inspirada en Mis muertos tristes, protagonizada por Mercedes Morán y Dolores Fonzi.
Fuente: Infobae