La minería de Ecuador, Chile y Perú evalúa los riesgos operativos por el avance de El Niño

El avance del fenómeno de El Niño y la creciente variabilidad climática global están reconfigurando la agenda de la industria minera en América Latina.

Mientras los países del Pacífico sur enfrentan eventos meteorológicos anómalos que van desde lluvias torrenciales e inundaciones en unas zonas hasta alteraciones en las fuentes hídricas en otras, la industria extractiva se ve forzada a revisar sus modelos de contingencia e infraestructura para garantizar la seguridad de su personal y sostener la continuidad operativa.

Especialistas e interlocutores del sector en Chile, Perú y Ecuador lo analizaron durante un encuentro empresarial celebrado el pasado viernes en Guayaquil.

Desde la perspectiva del análisis ambiental y legal, Rodrigo Galleguillos, académico y especialista en derecho ambiental y recursos naturales de la Universidad de Chile, explicó que el fenómeno meteorológico debe asumirse como una variable crítica en la gestión operacional. Galleguillos señaló que en geografías históricamente secas, como el norte chileno, la ocurrencia de lluvias intensas, granizo, nieve y aluviones en cotas altas genera distorsiones severas no solo en las faenas ubicadas en la cordillera de Los Andes, sino también en las cadenas logísticas de suministro y transporte.

Según el experto, eventos como el corte de acueductos por aludes o la interrupción en las rutas de abastecimiento impiden mantener la producción regular, mientras que las marejadas en las costas pueden paralizar las maniobras portuarias e impactar en los compromisos comerciales con mercados asiáticos. Ante dicho escenario, remarcó la necesidad de internalizar mayores inversiones orientadas a dotar de resiliencia a la infraestructura, garantizando rutas alternas, capacidad de almacenamiento y la protección física de los trabajadores.

Por su parte, Rómulo Mucho Mamani, consultor internacional en recursos energéticos y exministro de Energía y Minas del Perú, coincidió en que los eventos climáticos severos introducen riesgos directos a la producción nacional al anegar yacimientos y suspender la actividad. No obstante, instó a las naciones y a la industria a desarrollar modelos integrales que evalúen de manera consciente cómo aprovechar los recursos hídricos adicionales que dejan estos episodios posfenómeno para beneficio del entorno y de otros sectores productivos.

Asimismo, al analizar la situación ecuatoriana, el exministro peruano sostuvo que, si bien el país ha iniciado su camino en la actividad a gran escala, aún requiere mayor dinamismo y previsibilidad para poner en marcha nuevos proyectos. Destacó además que el contexto de altos precios internacionales en los mercados de commodities, donde metales como el cobre bordean cotizaciones elevadas a nivel global, representa una oportunidad coyuntural para elevar la renta minera destinada a la inversión pública y al cierre de brechas sociales.

En esa misma línea, Andrés Ycaza, vicepresidente de la Cámara Minera del Ecuador, enfatizó la importancia de tomar las experiencias de países vecinos con mayor trayectoria minera para estructurar una industria y un Estado verdaderamente resilientes. Ycaza recalcó que la adaptación continua frente al cambio climático y la preparación técnica ante contingencias naturales resultan determinantes para consolidar un entorno operativo estable en el tiempo.

El debate regional sobre el clima y la resiliencia operativa coincide con una fase de marcado crecimiento cuantitativo para el comercio exterior ecuatoriano.

Entre enero y julio de 2026, las exportaciones del sector minero en Ecuador alcanzaron un récord de $ 3.180 millones, lo que representó un incremento interanual del 43,5 % en comparación con el mismo periodo de 2025 y un flujo adicional de $ 964 millones para la economía.

Con este desempeño, la minería se ubicó como el tercer rubro de exportación más importante de la nación, situándose únicamente por detrás del camarón y del petróleo, y registrando la mayor tasa de expansión dentro de la oferta exportable.

En el consolidado de los envíos no petroleros, los productos mineros explicaron el 18 % del valor total comercializado en dicho lapso.

El impulso del sector en Ecuador estuvo encabezado por las ventas al exterior de concentrado de plomo y cobre, rubro que generó $ 1.391,3 millones, registrando un alza del 47,2 % en su valor monetario aun cuando el volumen físico experimentó una leve variación negativa del 0,8 % al situarse en 384.779 toneladas métricas.

La categoría de otros productos mineros aportó $ 1.033,5 millones, lo que significó un aumento del 51,1 % en divisas y una subida del 10,5 % en toneladas exportadas. Por su parte, los embarques de oro y sus aleaciones sumaron $ 751,3 millones, creciendo un 28,7 % en valor a pesar de registrar un retroceso del 9,5 % en el volumen de material enviado.

En cuanto a la distribución geográfica de los envíos ecuatorianos, la demanda continuó concentrada en mercados específicos. China se mantuvo como el principal socio comercial al recibir $ 1.324 millones en concentrado de plomo y cobre, junto con $ 376 millones en otros minerales. La Unión Europea captó $ 440 millones en productos mineros diversos, mientras que Estados Unidos adquirió $ 378 millones principalmente en envíos de oro. El esquema de destinos estratégicos se completó con Corea del Sur, que elevó sus compras a $ 69 millones, y Canadá, que sumó adquisiciones por $ 45 millones durante los primeros siete meses del año. (I)

Fuente: El universo

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