Un cese al fuego de carácter humanitario se mantiene vigente en Oleshky, localidad bajo control ruso desde hace más de cuatro años. La iniciativa, promovida por Estados Unidos a través de la primera dama Melania Trump y con la intervención del papa León XIV, busca aliviar las duras condiciones de vida de los pocos miles de residentes que aún permanecen en la zona.
Estos habitantes carecen de servicios básicos como agua potable, electricidad, gas y calefacción. Sobreviven con raciones mínimas de alimentos y se ven obligados a transitar por caminos minados para conseguir comida. La tregua entró en vigor a las 03:00 hora local (01:00 GMT) con el objetivo de permitir la llegada de ayuda humanitaria y facilitar la evacuación de quienes deseen marcharse.
Tanto Moscú como Kiev confirmaron que respetan el acuerdo. El comisionado ucraniano para los derechos humanos, Dmytro Lubinets, informó que hasta las 17:30 (15:30 GMT) ninguna de las partes había reportado incumplimientos. Precisó que el alto el fuego se extenderá hasta las 22:59 del domingo. Un colaborador suyo añadió que la medida abarca toda la región de Jersón, en el sur del país, donde se ubica Oleshky.
Al anunciar la iniciativa el viernes anterior, Melania Trump explicó que funcionarios civiles de ambos países visitarán los hogares de los residentes para «determinar el nivel de asistencia que requieren». Agregó que quienes opten por evacuar recibirán «apoyo coordinado y transporte hacia el destino que elijan», anticipando que algunos podrían dirigirse a Rusia y otros a Ucrania. A través de la red social X, indicó además que la tregua se amplió más allá de Oleshky para garantizar el tránsito seguro de la ayuda humanitaria.
El legislador David Arakhamia, jefe de la facción parlamentaria del presidente Volodímir Zelensky, calificó el episodio como «la mayor desescalada desde 2022». Por su parte, el canciller ucraniano Andrii Sybiha sostuvo que este acuerdo podría servir como un gesto de confianza para futuras negociaciones de paz.

Oleshky se ubica a orillas del río Dniéper, en el sur de Ucrania. Las fuerzas rusas la capturaron en febrero de 2022, durante los primeros días de la invasión a gran escala. La localidad sufrió graves daños e inundaciones tras la destrucción de la represa de Kajovka en 2023. Antes del conflicto, su población alcanzaba unos 24.000 habitantes, pero ahora se ha reducido a entre varios miles y aproximadamente 2.000 personas, incluyendo hasta 50 menores, según cálculos ucranianos y estadounidenses.
Antiguos residentes relataron que algunos sobreviven con una taza diaria de arroz o trigo sarraceno, a veces acompañada de un tomate, un pepino o hierbas silvestres. Otros cazan palomas para alimentarse. Un exvecino describió que quienes aún quedan son, en su mayoría, personas mayores o enfermas, con enormes dificultades para desplazarse.
Olga, una exresidente cuyo apellido se mantiene en reserva por razones de seguridad, afirmó:
“La posibilidad de evacuar Oleshky es una noticia excelente para mí y para las personas que siguen atrapadas allí”.
El ejército ucraniano divulgó imágenes captadas por drones donde se aprecian edificios de departamentos vacíos, algunos quemados por el fuego o parcialmente destruidos por los combates.
Las autoridades de ambos bandos anunciaron la apertura de corredores de evacuación, pero advirtieron que primero es necesario retirar explosivos de las rutas, tarea que podría llevar varios días. Vladimir Saldo, funcionario designado por Moscú en Jersón, indicó a medios rusos que quienes partan podrán dirigirse a Crimea o a Rostov, en el suroeste de Rusia, aunque antes deberá despejarse el trayecto, sembrado de artefactos. Tanto Kiev como el Kremlin se atribuyen mutuamente la responsabilidad por la crisis humanitaria.
En la ciudad de Jersón, bajo control ucraniano y ubicada frente a Oleshky al otro lado del río, los habitantes describieron una jornada tranquila. Hennadii, de 90 años, comentó:
“Ahora tenemos un alto el fuego, así nos lo han dicho, y nadie está disparando”.
Oleksandra, de 37, se mostró más cautelosa:
“Ya hemos tenido días tranquilos anteriormente; así que no parece haber nada fuera de lo común”.

El cese de hostilidades no se extiende al resto de Ucrania. En la noche del lunes, misiles balísticos rusos impactaron en Kiev, causando al menos una víctima fatal. Los ataques dañaron un campus universitario y el Puente Sur de la capital, alcanzado por cuatro proyectiles Iskander, según una fuente militar ucraniana. El presidente Zelensky calificó el hecho como «una grave escalada» contra la logística nacional y mencionó agresiones contra plantas energéticas e infraestructura en otras diez regiones. En Lugansk, el gobernador prorruso reportó cuatro muertos por ataques ucranianos, mientras que en Zaporiyia un ataque contra un autobús dejó una muerte y 30 heridos.
Nataliia Bondar, contable de 52 años que vive en Kiev, se mostró escéptica sobre una eventual negociación entre Washington y el presidente ruso, Vladímir Putin:
“Me parece que viven en su propio mundo y no comprenden la verdadera naturaleza de este hombre. Con él no se debe negociar”.
Las conversaciones tripartitas entre Kiev, Moscú y Washington se reanudarían en Abu Dabi a comienzos de noviembre, tras meses de estancamiento a partir de los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán. El Kremlin exige que Ucrania ceda el 20% restante de Donetsk como condición para detener los combates, aunque el avance de sus tropas en el frente se ha ralentizado este año.
En paralelo, el presidente de Finlandia y el primer ministro de Noruega mantuvieron el martes una llamada sorpresiva con Putin, a la que calificaron de “franca y sustancial”, en un nuevo intento por avanzar hacia el fin de la guerra.
Fuente: Infobae